viernes, 3 de abril de 2026

    Gigante, pero en el mundo

    Anunciada con bombos y platillos, la fusión entre las corporaciones
    multinacionales Exxon y Mobil, las dos principales petroleras de Estados Unidos,
    dará origen a un gigante planetario que extenderá sus brazos hacia
    los cinco continentes.

    Nacidas del desmembramiento de la Standard Oil Company ­la empresa que,
    fundada en enero de 1870 por John D. Rockefeller, logró captar a principios
    de este siglo 85% del negocio petrolero estadounidense­, Exxon y Mobil
    llevarán a cabo la operación de fusión más grande
    de la historia, que se traducirá en un intercambio de acciones por valor
    de US$ 76.000 millones.

    La resultante del negocio será una superpetrolera que, bautizada como
    Exxon Mobil Corporation, sumará ventas anuales por US$ 180.000 millones
    y se instalará al tope del ranking mundial de facturación,
    desplazando a la automotriz General Motors, cómoda ocupante de ese sitial
    durante años.

    Sin embargo, ambas empresas deberán antes sortear los escollos que
    supone la aprobación del negocio por parte de una enorme cantidad de
    organismos gubernamentales y comisiones regulatorias de Estados Unidos y otros
    países.

     

    Negocios argentinos

    Exxon y Mobil participan del mercado petrolero argentino a través de
    sus subsidiarias Esso y Mobil Oil Argentina, respectivamente. Esso tiene presencia
    comercial en el país desde 1911. Hoy muestra sus fortalezas en las instancias
    del downstream (refinación y venta de combustibles), en las que
    se reparte la torta junto a YPF, Shell y Eg3. Actualmente la empresa reúne
    una participación de 16% a 17% en la comercialización de naftas
    y gasoil.

    Mobil Oil Argentina, en cambio, tiene una presencia módica. En materia
    de productos sólo comercializa lubricantes con su marca a través
    de la red de estaciones de servicios Eg3, controlada por la española
    Repsol. En el upstream, si bien logró sumar ­luego de comprar
    a la australiana Ampolex­ algunos activos petroleros (51% de Sierra Chata,
    en la cuenca neuquina; 23% de Aguaragüe, y una participación en
    San Antonio Sur, estas últimas en el noroeste argentino), no opera ninguna
    de esas áreas.

    Al ser consultados respecto de cuáles podrían ser las consecuencias
    locales de la fusión, las autoridades de ambas empresas se mostraron
    renuentes a dar precisiones. En Mobil Oil Argentina aseguraron que su gerente
    general, Camilo Durán, había recibido la orden de no brindar declaraciones
    que fueran más allá del comunicado oficial distribuido por la
    corporación.

    Durante el discurso que pronunció en el encuentro de fin de año
    con la prensa, sólo dos días después del anuncio mundial
    de la alianza, el presidente de la filial local de Esso, Jens Dreyer, obvió
    toda referencia a la operación. Fuera del estrado se limitó a
    decir que “hasta el momento, no es más que un proyecto gigantesco” y
    que “lo cierto es que hay muy poco overlap entre los negocios que desarrollan
    Mobil y Esso en la Argentina”.

    En opinión de Dreyer, “el hecho de que ambas compañías
    tengan operaciones en todos los continentes lleva a que los proyectos que puedan
    definirse en el futuro para sus negocios regionales requieran, antes que nada,
    la aprobación del acuerdo por parte de las autoridades regulatorias estadounidenses
    y observar en qué condiciones quedará la compañía
    una vez que culmine la integración de los activos que controlará
    luego de completarse la fusión”.

     

    Débil impacto local

    “Dentro del sector petrolero nacional ­asegura Eduardo Finkel, gerente
    de la consultora A. T. Kearney­, el impacto va a ser casi nulo, porque
    Mobil no tiene peso en la industria local. Este tipo de operaciones se decide
    sin siquiera pensar que existe un mercado como el argentino. Entiendo las consecuencias
    de esta fusión a nivel global: las empresas están buscando cómo
    defender la rentabilidad reduciendo costos indirectos. Se señaló
    que van a eliminar US$ 2.800 millones de costos de estructura y, en mi opinión,
    van a lograrlo fácilmente. Pero no parece que ésta sea una fusión
    pensada para atacar más agresivamente al mercado: es una operación
    más bien defensiva que ofensiva.”

    Daniel Montamat, ex presidente de la YPF estatal y actualmente al frente de
    una consultora especializada en el sector, coincide con Finkel: “No va a haber
    consecuencias locales de importancia ­dice­; el verdadero dilema será
    que la fusión obtenga la aprobación en Estados Unidos, donde el
    mercado downstream está mucho más diversificado que en
    la Argentina. La alianza instalaría a Exxon y Mobil con una participación
    superior a 20%. Y esa situación ya dio lugar a presentaciones ante la
    Comisión Federal de Comercio, el organismo gubernamental que tiene a
    su cargo el tratamiento del régimen antimonopólico”.

    En la Argentina, la única piedra de conflicto que podría generar
    la fusión estaría dada por la continuidad de la venta de los lubricantes
    Mobil por parte de Eg3. Actualmente esos productos se importan, pero la alianza
    podría determinar que comenzaran a ser elaborados por Esso. Sin embargo,
    como Exxon y Mobil decidieron que después de concretada la fusión
    sus productos conserven ambas marcas, es probable que el acuerdo entre Mobil
    y Repsol pueda seguir en pie.

    M. B.

     

    Un mercado movido

    El anuncio de la fusión mundial entre Exxon y Mobil tuvo lugar en medio
    de un contexto especial para el sector petrolero argentino. En pocos días
    más se conocerán las ofertas realizadas por las petroleras que
    respondieron a la convocatoria del Ministerio de Economía ­la española
    Repsol, el ENI italiano y la estadounidense Amoco serían las que siguen
    en carrera­ para quedarse con 14,99% de las acciones de YPF, parte sustancial
    del paquete que aún se encuentra en manos del Estado.

    Además, a mediados del mes pasado corrieron diferentes versiones que
    señalaron la existencia de una oferta por parte de la estadounidense
    Texaco para comprar Perez Companc. En la petrolera local negaron que fueran
    a desprenderse de los activos que representan el core business histórico
    del grupo.

    En octubre también se señaló que la Compañía
    General de Combustibles (CGC), capitaneada por Santiago Soldati, habría
    decidido escindir sus operaciones en dos unidades de negocios, con la idea de
    sumar nuevos socios a sus activos en gas. La anglo-holandesa Shell y la francesa
    Total fueron mencionadas como potenciales compradoras.

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