Superávit récord: las exportaciones argentinas crecieron 33,6% y reabren el debate externo
Las exportaciones alcanzaron en abril un máximo histórico de US$ 8.914 millones y llevaron el superávit comercial a US$ 2.711 millones, el más alto registrado para ese mes. Detrás de ese resultado convivieron dos fenómenos: el impulso de Vaca Muerta y del agroexportador, y una caída persistente de las importaciones asociadas a la inversión y la actividad industrial.

La balanza comercial argentina volvió a mostrar en abril una fotografía que el Gobierno considera estratégica: abundancia de dólares comerciales, mejora en los términos del intercambio y una fuerte expansión de las exportaciones. Pero, detrás de esa imagen, el detalle de los datos revela una dinámica menos homogénea. La economía exporta más, aunque parte de ese superávit sigue explicado por una demanda interna todavía debilitada y por una industria que importa menos bienes de capital y piezas para producir.
Según informó el Indec en el informe de Intercambio Comercial Argentino (ICA), las exportaciones alcanzaron US$ 8.914 millones en abril, con un incremento interanual de 33,6%, mientras que las importaciones cayeron 4% y sumaron US$ 6.204 millones. El saldo comercial fue positivo en US$ 2.711 millones, contra apenas US$ 214 millones en abril de 2025.
El dato consolidó 29 meses consecutivos de superávit comercial y elevó el saldo acumulado del primer cuatrimestre a US$ 8.277 millones.
A pesar del superávit comercial récord, el frente externo sigue mostrando una tensión estructural. Distintas consultoras privadas y estimaciones de mercado proyectan que la cuenta corriente cambiaria cerrará 2026 con déficit, impulsada por el aumento del turismo emisivo, el pago de intereses y la creciente salida de divisas asociada a servicios. El fenómeno refleja una dinámica que ya apareció durante 2025: la balanza de bienes genera dólares gracias al agro y la energía, pero una parte relevante de esos recursos vuelve a salir por la cuenta de servicios y rentas. En otras palabras, el superávit comercial ya no garantiza por sí solo equilibrio externo sostenible, especialmente en un contexto de apreciación cambiaria.
Energía y agro
La principal diferencia respecto de otros episodios de superávit comercial de la historia reciente es la composición del excedente. Esta vez no se trató solamente de una retracción importadora producto de la recesión. Hubo también una expansión exportadora significativa, impulsada por energía, manufacturas industriales y productos agroindustriales.
Las exportaciones de combustibles y energía crecieron 85,9% interanual y alcanzaron un récord de US$ 1.554 millones. El petróleo crudo explicó buena parte de esa expansión. Solo las ventas externas de aceites crudos de petróleo sumaron US$ 1.039 millones en abril, más del doble que un año antes.
El complejo energético volvió a consolidarse como uno de los pilares del frente externo. En el primer cuatrimestre, el capítulo de combustibles minerales registró un superávit de US$ 3.281 millones, 45% superior al del mismo período de 2025.
También hubo una recuperación importante de las manufacturas industriales, que crecieron 43,3% interanual, impulsadas por metales preciosos, transporte terrestre y productos químicos. Las manufacturas agropecuarias avanzaron 14,1%, mientras que los productos primarios aumentaron 25%.
El agro volvió a ocupar un rol central. Maíz, petróleo y harina de soja fueron los tres principales productos exportados del primer cuatrimestre. Sin embargo, el informe del Indec mostró que el complejo soja ya no tiene el peso dominante que tuvo durante las décadas anteriores. La balanza comercial del sector cayó 16,2% en el acumulado del año.
La otra cara del superávit
El problema aparece al observar la composición de las importaciones. Las compras externas vinculadas a la producción continúan mostrando debilidad.
Las importaciones de bienes de capital cayeron 5,9% en abril y las piezas y accesorios para bienes de capital retrocedieron 17,4%. En el acumulado del año, las piezas y accesorios acumulan una caída de 23,1%, mientras que los bienes de capital retroceden 7,1%.
Esa dinámica suele interpretarse como una señal de desaceleración industrial o de menor inversión futura. En otras palabras: la economía genera dólares, pero todavía no reconstruye plenamente la demanda de insumos y equipamiento asociada a un ciclo expansivo más amplio.
El comportamiento de Brasil ayuda a ilustrar esa tensión. El intercambio con el Mercosur siguió siendo deficitario para la Argentina y mostró una caída de las importaciones desde el principal socio comercial, especialmente en bienes intermedios y autopartes.
El sector automotriz continuó operando con déficit. Aunque el rojo se redujo respecto del año pasado, el saldo negativo alcanzó US$ 2.403 millones en el primer cuatrimestre.
China, Estados Unidos y el nuevo mapa comercial
El comercio exterior argentino también empezó a mostrar un cambio gradual en su geografía.
China sigue siendo el principal origen de las importaciones y el mayor déficit bilateral de la Argentina. El rojo comercial con Beijing alcanzó US$ 2.899 millones en el primer cuatrimestre. Pero las exportaciones hacia ese mercado crecieron 78,2%, impulsadas por litio, carne bovina y productos pesqueros.
Estados Unidos, en cambio, se consolidó como uno de los principales destinos exportadores, impulsado por petróleo, aluminio y carne vacuna. Las ventas al mercado estadounidense crecieron 42% en el acumulado del año.
También comenzó a ganar peso el sudeste asiático. ASEAN representó casi 10% de las exportaciones argentinas y generó el segundo mayor superávit comercial después del resto de ALADI. Viet Nam ya aparece como uno de los principales destinos para el maíz y la harina de soja argentina.
El efecto precio
Otro elemento relevante del informe fue la mejora en los términos del intercambio. Los precios de exportación crecieron más rápido que los de importación y generaron una ganancia adicional estimada en US$ 480 millones durante el primer cuatrimestre.
El índice de términos del intercambio alcanzó 148,5 puntos, uno de los niveles más altos de los últimos años. Eso permitió ampliar el superávit incluso en un contexto donde algunas cantidades exportadas —como en el complejo soja— todavía no recuperan plenamente los niveles previos.
El dato introduce otra dimensión de la discusión económica. Parte de la mejora externa argentina depende hoy de un ciclo internacional favorable para energía, minerales y determinados alimentos. La sostenibilidad de ese esquema quedará atada a la evolución de los precios internacionales, la demanda china y la capacidad de la economía local para sostener el volumen exportador sin deteriorar la actividad interna.
Porque el superávit récord de abril muestra dos Argentinas coexistiendo en la misma estadística: una economía exportadora que encontró en la energía y en el agro una fuente de dólares inédita, y otra economía doméstica donde todavía persisten señales de debilidad industrial, inversión moderada y una demanda interna que no termina de recomponerse.
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