viernes, 3 de abril de 2026

    ¿Brote nacionalista o antibrasileñismo?

    Hoy
    es un tema académico. Los especialistas debaten la profundidad y
    consecuencias de la desnacionalización de vastos sectores de la economía
    nacional durante la década pasada. Durante esos años, excepto
    por algunas voces aisladas, no hubo críticas de fondo contra ese
    proceso. La sensación de que veníamos de decenios de fracasos,
    la percepción de la ominosa omnipotencia de un Estado ineficiente,
    la seducción de las principales corrientes de pensamiento en boga
    -como el consenso de Washington-, el nuevo dogma de apertura de las fronteras
    y los mercados en aras de la modernización, todo conspiró
    para que el proceso fluyera sin resistencias.
    Elevados porcentajes de industrias y casi la totalidad de los servicios
    públicos concesionados quedaron en manos de inversionistas extranjeros,
    europeos principalmente, aunque también estadounidenses. No negociamos
    para que los nuevos actores se vieran obligados a conquistar mercados externos
    y aumentar sus exportaciones. En verdad, entregamos nuestro mercado interno.
    La Argentina perdió su aerolínea de bandera -que fue y sigue
    siendo española-; su empresa petrolera, la número uno ventas
    en el país y la más importante que teníamos para exhibir
    ante el mundo. La mayor parte de su sector bancario y financiero. Todo lo
    referente a informática y telecomunicaciones. Incluso una buena parte
    de la industria alimentaria. Apenas resistieron sectores tradicionales como
    siderurgia y aluminio.
    Los capitales extranjeros trajeron ventajas e inconvenientes. De un lado,
    modernización, incorporación tecnológica, mejor gestión
    y mayor eficiencia. Del otro, precios realistas para clientes y usuarios,
    y el drenaje que significaron durante esos años el envío de
    remesas de utilidades al exterior.
    Es probable que en otras latitudes el proceso hubiera sido más pausado
    y con algunas exigencias para los recién llegados. Entre nosotros,
    pasamos de un día para el otro, de un nacionalismo cerril a la apertura
    más indiscriminada, sin crítica, sin objeciones.
    Tras el default, y la llegada del gobierno de Kirchner, hubo un cambio evidente.
    Se volvió a hablar de la "burguesía nacional" y
    de un "empresariado nacional", conceptos que por momentos más
    parecen una entelequia que una presencia real.
    Algunos de los inversionistas extranjeros decidieron irse; otros se quejan
    -a veces con razón- de las condiciones en que deben operar; pero
    la mayoría se queda y aguanta. Más aún, discretamente
    en los dos últimos años hubo modestas inversiones recién
    llegadas.
    Mientras tanto, producto de la retirada de algunos actores, nuevos protagonistas
    de capital nacional se han hecho cargo de firmas "renacionalizadas",
    especialmente en el sector bancario.

    Brasil,
    la España de esta década

    El gran protagonista de las inversiones extranjeras en nuestro país
    -y en buena parte de América latina- durante la década anterior,
    fue España. No hay, en medida apreciable, y por fortuna, un sentimiento
    antiespañol en la sociedad argentina por esta circunstancia.
    Sin embargo en las últimas semanas, en algunos medios de comunicación,
    en sectores industriales y hasta en algunos despachos oficiales, pareció
    resurgir un sentimiento nacionalista hostil a nuevas inversiones consideradas
    estratégicas.
    El punto de partida fue la venta de la cementera Loma Negra a la brasileña
    Camargo Correa. Antes, Petrobras se había quedado con los intereses
    petroleros y energéticos de Perez Companc; y Quilmes había
    vendido una participación minoritaria -por ahora- al gigante AmBev.
    La cuestión entonces es: ¿hay un resurgimiento nacionalista,
    una oposición al ingreso de capitales extranjeros? ¿O esa
    hostilidad se da solamente si se trata de inversiones brasileñas?
    Todo indica que, el mismo papel que cumplió España durante
    la década pasada al convertirse en el principal inversor en nuestro
    medio, puede ser cumplido durante este decenio por Brasil.
    ¿Por qué aceptar a unos y rechazar a otros? ¿Consolida
    o dificulta el Mercosur? Hace falta un análisis serio y ponderado
    que ocupe el lugar de planfletos incendiarios.
    Hace falta un debate racional sobre la oportunidad y calidad de la inversión
    brasileña.