Junto a reclamos clásicos como la seguridad jurídica
y la lucha contra la corrupción y la evasión fiscal,
las preocupaciones empresarias incluyen enfoques novedosos de
antiguos problemas, como la reforma de la legislación laboral,
y temas hasta ahora insospechados, como los posibles efectos
negativos de la incorporación de tecnología.
Suele suceder cuando se reúnen varios de los empresarios
más poderosos del país, los principales referentes del
gobierno y la oposición, y un puñado de figuras
internacionales relevantes: fatalmente, la realidad se encarga de
superar todas las previsiones.
Como es usual, el 33er Coloquio Anual del Instituto para el
Desarrollo Empresarial de la Argentina (Idea) tenía el
propósito de analizar los principales temas &emdash;fijados
con antelación por consenso de los propios empresarios&emdash;
de la agenda del mundo de los negocios para los próximos
años.
No es que eso haya sido dejado de lado. Pero hubo en San Carlos de
Bariloche al menos tres coloquios: el formal, el mediático y
el paralelo. El primero fue el que cumplió el programa
oficial, con sus exposiciones, debates y conclusiones. El segundo, el
que reflejó la cobertura de la mayoría de los medios,
cargado de declaraciones sobre cuestiones de coyuntura y de
exageradas interpretaciones políticas.
Acaso el más rico haya sido el último: por cierto
menos visible &emdash;transcurrió entre la discreta
informalidad de almuerzos, sobremesas y coffee-breaks&emdash;,
reflejó con una transparencia inusualmente cruda cuáles
son las preocupaciones, las prioridades y las limitaciones de los
hombres de negocios.
La agenda real
Seguramente, la agenda real para los próximos años
incluye muy poco de lo mucho expuesto en el coloquio mediático
&emdash;por lo rápidamente perecedero de sus
contenidos&emdash;, algo más de lo tratado en el coloquio
formal &emdash;se enunciaron en él casi todos los temas
importantes, pero no todos los que se trataron tuvieron espacio entre
las conclusiones, y éstas no reflejan los diversos grados de
preocupación que despiertan los puntos que sí
figuran&emdash; y bastante de lo conversado en el paralelo.
Por ejemplo, la breve mención a que “la dinámica
actual del mundo requiere una actitud abierta para el cambio” no
sugiere la sorprendente avidez que muchos participantes demostraron
por saber qué sucede, y cómo, fuera de las puertas de
sus empresas. Ni, mucho menos, permite detectar que ya no son pocos
los empresarios que lamentan sinceramente la escasez de dirigentes
sindicales en serio, capaces de representar los genuinos intereses de
los trabajadores más que apetencias materiales propias cuya
satisfacción no siempre garantiza a las
compañías la solución de conflictos
explícitos o latentes.
Esa “actitud abierta para el cambio” es la que permitió a
los empresarios convertir al socialista español Felipe
González en la estrella indiscutida del encuentro, así
como asumir con total naturalidad las posibilidades de la Alianza
UCR-Frepaso de llegar dentro de dos años al gobierno nacional.
Aunque para muchos fuera impensable hasta hace muy poco tiempo, los
dirigentes opositores que asistieron al Coloquio tuvieron mucho
más rating entre los participantes que las figuras del
oficialismo.
Es cierto que hay razones más o menos objetivas para ello:
la estabilidad económica ya no depende exclusivamente del
gobierno, como quedó demostrado cuando nada cambió tras
el despido de Domingo Cavallo del Ministerio de Economía
&emdash;en un fenómeno político comparable a lo que
ocurrió con la estabilidad institucional luego de los
episodios de Semana Santa, en 1987&emdash;, y la Alianza ha hecho
explícitos votos de compromiso con la convertibilidad, la
apertura de la economía, la disciplina fiscal y las
consecuencias jurídicas de las privatizaciones.
Reclamos clásicos
Que todas esas cuestiones estén fuera de discusión
permite orientar el foco hacia dos demandas que a esta altura ya son
un clásico de los coloquios de Idea: la seguridad
jurídica y la lucha contra la corrupción. A nadie
sorprendió que esos reclamos &emdash;a los que en esta
ocasión se sumó, sin eufemismos, el “combate contra el
delito organizado”&emdash; volvieran a figurar en las conclusiones
del encuentro: porque todavía están lejos de ser
razonablemente satisfechos y porque, en todo caso, los empresarios no
quieren abandonar una bandera que levantaron acaso antes que
ningún otro sector.
Fue precisamente en el Coloquio de 1990 cuando el abogado Emilio
Cárdenas, entonces presidente de Abra, dijo que reinaba en el
país la “cleptocracia”. Aunque Cárdenas abandonó
ese discurso al poco tiempo, cuando aceptó el ofrecimiento del
gobierno para ser el embajador argentino ante las Naciones Unidas,
Idea lo mantuvo con firmeza.
No se trata sólo de una abstracta cuestión de
principios, sino, fundamentalmente, de un concreto problema de
intereses: en estabilidad y con apertura, la corrupción y la
evasión impositiva provocan fuertes desequilibrios
competitivos que se agudizan cuando en situaciones de crisis
&emdash;como la presente&emdash; el gobierno y los organismos
financieros internacionales piensan en aumentar la presión
tributaria.
Reclamos no tan clásicos
Los empresarios siguen reclamando que se profundice la reforma de
la legislación laboral, pero muchos de ellos admiten
&emdash;por ahora, sólo en privado&emdash; que la continua
flexibilización de las condiciones de trabajo no es, como se
esperaba, una efectiva solución al problema del desempleo. En
ese aspecto, lo mismo que en relación con “la función
social de la empresa” y con la necesidad de alentar la
educación y la capacitación laboral, los hombres de
negocios parecen estar mucho más seguros del
diagnóstico que de la receta para atacar el problema. Sin duda
se convertirán en materias de amplio debate.
Lo que sí comienza a verse con claridad es que una de las
consecuencias del desempleo es la caída de la demanda. Por
eso, todavía en forma muy incipiente, algunos hombres de
empresa empiezan a mirar con cierta inquietud el proceso cada vez
más acelerado de incorporación de
tecnología.
“Todavía estamos en el costado de la curva en el que la
incorporación de tecnología significa principalmente
ahorro de costos y ganancia de eficiencia; pero en tanto el proceso
es cada vez más acelerado y por consiguiente se acelera su
efecto expulsor de empleo, ¿no está cada vez más
cerca el punto de inflexión y la posibilidad de quedar del
otro lado de la curva, en el que la incorporación de
tecnología signifique sobre todo pérdida de mercados?”,
le preguntó MERCADO a Jorge Romero Vagni, director general de
Sociedad Comercial del Plata y vicepresidente primero de Idea. “Ese
tema da para un coloquio entero”, respondió.
Con un enfoque ligeramente diferente, en el extenso
análisis que hizo del Coloquio en La Nación del domingo
16 de noviembre, José Claudio Escribano &emdash;acaso la firma
más influyente del diario más influyente&emdash;
habló del “resultado paradójico de enormes progresos
tecnológicos” que “no resuelven, y por momentos agravan, el
problema del empleo”. El tema, pues, parece comenzar a
instalarse.
Otro asunto que pide permiso en la agenda del mundo de los
negocios es la postura de un grupo de pesos pesados locales que
postula la necesidad de que la Argentina tenga un empresariado
nacional fuerte. Mientras avanzaba en la arquitectura del Grupo
Argentina (ver página 114), Enrique Pescarmona pasó el
aviso en el Coloquio. Aldo Roggio, que no será fundador de ese
selecto club pero será invitado a integrarlo, había
hecho lo propio a comienzos de noviembre, en una entrevista a
página entera en el suplemento económico de La
Nación.
Los temas están. Muchos de ellos, es cierto, apenas
enunciados, como la escueta apelación a que “resulta
indispensable impulsar el desarrollo de las Pymes”. Sería
saludable que, además de los temas, estuvieran en el debate
todos los que deben estar. Entre los más de 400 asistentes al
33er Coloquio de Idea se contaron muchos ejecutivos y muy pocos
empresarios, y hubo sectores que tuvieron una presencia escasa o
directamente inexistente, como el retail y las industrias alimentaria
y textil. Vale un ejemplo: de las 20 primeras compañías
del último ranking de MERCADO de las 1.000 que más
facturan sólo estuvieron presentes ocho.
(En San Carlos de Bariloche)
