Jacques Giraud plantea que la mentoría busca autonomía y consciencia, no dependencia
En un texto sobre mentoría en organizaciones, el ingeniero y master coach sostiene que el acompañamiento efectivo desarrolla criterio y responsabilidad en el mentee, propone tres claves para orientar conversaciones y ejercicios y plantea que el foco no debe limitarse a resultados inmediatos sino a la formación de personas

Jacques Giraud, ingeniero, especialista en desarrollo organizacional, master coach y mentor, plantea que la mentoría en el ámbito laboral suele reducirse a la transmisión de conocimientos, cuando su objetivo central debería ser otro: desarrollar autonomía y criterio en la persona acompañada. En su enfoque, el rol del mentor no es convertirse en una referencia permanente, sino contribuir a que el mentee encuentre su propia voz y tome decisiones desde un nivel más elevado de consciencia.
El punto de partida es una distinción entre el uso extendido del término y lo que implica mentorear. Giraud describe que, en muchas organizaciones, se llama mentor a quien enseña una tarea, comparte experiencia o aconseja desde una posición de mayor trayectoria. Frente a esa práctica, propone un marco que evita la dependencia: “La mentoría auténtica no crea dependencia, desarrolla autonomía”, señaló Giraud.
Esa mirada ubica la mentoría como un proceso de transformación humana y no solo como una herramienta de desarrollo profesional. El directivo sostiene que cada persona llega con una historia, paradigmas, creencias y una manera particular de interpretar el mundo. Por eso, el acompañamiento no se limita a comportamientos visibles, sino que también observa lo que hay detrás: pensamientos, emociones, miedos y fortalezas aún no descubiertas.
En ese contexto, Giraud marca una diferencia entre dirigir y mentorear. Señala que el liderazgo tradicional suele enfocarse en alcanzar resultados, mientras que el mentor “consciente” también observa esos resultados, pero los interpreta como consecuencia del nivel de consciencia, responsabilidad y capacidad de acción de la persona. Desde esa lógica, el desempeño aparece ligado a cómo se toman decisiones y a la capacidad de sostener compromisos, más que a la mera ejecución de tareas.
Además, advierte sobre un error frecuente en quienes comienzan a mentorear: la necesidad de demostrar cuánto saben. En esa situación, la tendencia a aconsejar demasiado pronto o explicar en exceso puede derivar en que el mentor termine resolviendo lo que el mentee necesita aprender a resolver por sí mismo. En contraposición, el enfoque se apoya en la curiosidad y en preguntas que obliguen a detenerse, observar y asumir responsabilidad.
Giraud resume su propuesta en tres claves. La primera es desarrollar consciencia antes que competencias: una persona puede aprender comunicación, liderazgo o productividad y seguir actuando desde el miedo, el ego o la necesidad de aprobación. La segunda es acompañar sin rescatar: no convertirse en salvador ni cargar con responsabilidades ajenas, sino ofrecer perspectiva y sostener el proceso sin apropiárselo. La tercera es elegir el contenido correcto y desafiar al mentee más allá de lo que espera, identificando conocimientos, experiencias y desafíos que aceleren su crecimiento.
Hacia el final, el autor plantea una invitación para líderes y futuros mentores: dejar de preguntarse únicamente cómo lograr que el equipo produzca más y enfocarse en qué tipo de personas se está ayudando a formar. “Porque un verdadero mentor no crea seguidores”, afirmó Giraud.
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