Los funcionarios brasileños han tenido que admitir, otra
vez, que sus cálculos sobre el impacto de la
liberalización del comercio no eran correctos. A casi todos
les sorprendió la noticia de que la balanza comercial marcaba
un déficit de US$ 655 millones en septiembre, fundamentalmente
debido al continuo aumento en el gasto de importaciones.
Ese mes, mientras las ganancias por exportaciones sólo fueron
1,25% superiores a las del año anterior, el aumento de las
importaciones fue de 29,4%. Aunque el gobierno anunció medidas
para reducirlas en el último trimestre, los funcionarios ya
anuncian que el déficit comercial seguirá creciendo en
el corto plazo.
Para el año completo se habla de un déficit de
alrededor de US$ 4.000 millones, aunque algunos analistas privados
calculan una cifra todavía mayor.
En los últimos cuatro años, el crecimiento de las
exportaciones, si bien errático, promedió 10,4% anual.
Las importaciones, después de una leve contracción en
1992, crecieron a una velocidad tres veces mayor, y la
aceleración se mantiene.
Según funcionarios del gobierno, la última
aceleración se debió al aumento en la
importación de petróleo: aparte del aumento en los
precios internacionales, la cuenta creció por la
decisión de Petrobrás de subir el nivel de sus reservas
estratégicas. Entre agosto y septiembre el monto gastado en
importaciones de petróleo subió nada menos que 50%, a
US$ 665 millones.
Pero los economistas advierten que el gobierno pronto tendrá
que ampliar las medidas de apoyo a los sectores más afectados,
algo como las líneas especiales de crédito BNDES que ya
ofreció a las industrias de autopartes, frutícola y de
amoblamiento.
Los analistas, que en agosto anunciaban un déficit de cuenta
corriente de alrededor de US$ 15.500 millones para todo el año
(13,4% inferior al de 1995), han modificado sus cálculos hacia
arriba.
Aunque el desempeño reciente del comercio exterior no
resultó como se esperaba, todavía no se ve un serio
peligro. Lo compensa el creciente ingreso de capitales. En los
primeros nueve meses la inversión extranjera fue de US$ 5.400
millones, y se calcula que va a totalizar 8.000 millones para todo el
año. La tendencia parece destinada a continuar: se estima un
ingreso de capitales de US$ 12.000 millones en 1997.
En los papeles, el gobierno ya logró reducir el tamaño
relativo del déficit de la cuenta corriente. Lo
consiguió cambiando el método de calcular el PBI. En
octubre, el Banco Central abandonó el viejo método, que
usaba la paridad del poder adquisitivo (que ajusta la
variación de la tasa de intercambio según la diferencia
entre la inflación de Brasil y la de Estados Unidos), y
adoptó una en la que los reales son convertidos a
dólares a la tasa de cambio promedio del año.
Como resultado, el PBI de Brasil “aumentó” de US$
576.000 millones a US$ 701.000 millones. En consecuencia, el
déficit de cuenta corriente de septiembre, que según el
viejo método habría llegado a 3% del PBI (la meta para
diciembre), se “encogió” a 2,53%. Así, el de
diciembre podría llegar solamente a 2,7%, un resultado mejor
que el calculado.
En el frente agrícola, las medidas de apoyo que se
están tomando tienen un precedente directo en la iniciativa de
1995 del gobierno para reimpulsar la alicaída
producción agrícola. En aquel momento, el gobierno
prometió que este año aumentará 20% la ayuda a
la agricultura, y que, durante los cuatro años siguientes,
mantendrá la inversión en el sector a un nivel tres
veces más alto que para la industria o el comercio.
Ya se abrió una línea de crédito de 300 millones
de reales para inversión en equipamiento agrícola, y se
habilitó otra de US$ 350 millones para compras de maquinaria
agrícola bajo el programa Pronaf (agricultura familiar).
Además, las autoridades decidieron perder ingresos eliminando
el impuesto al valor agregado sobre las exportaciones y el impuesto a
las operaciones financieras sobre la producción
agrícola. En lo que el ministro de Agricultura Arlindo Porto
describe como una campaña para bajar el “costo
Brasil”, ahora están considerando levantar el impuesto a
los servicios.
Todo esto —sumado a los buenos precios mundiales— parece
haber logrado el objetivo: se calcula que la próxima cosecha
de granos llegará a la cifra récord de 90 millones de
toneladas, 25% más que la del año pasado y 12%
más que el récord anterior.
La buena nueva tiene su lado malo. Como admite Porto, la capacidad de
transporte y almacenamiento del país es actualmente
insuficiente para manejar una cosecha de este tamaño.
