El sueño imposible de los gemelos digitales de sociedades enteras
Del Living Earth Simulator europeo al Virtual Singapore, pasando por las simulaciones epidemiológicas que guiaron la respuesta al Covid-19, los intentos por construir una réplica computacional de la sociedad humana acumulan ambición, fracasos y un parentesco no disimulado con la psicohistoria que Isaac Asimov imaginó en 1942.

La pregunta llegó tarde pero llegó. Si la ingeniería puede construir un gemelo digital de un motor de avión, de una catedral gótica o de una ciudad-estado, ¿por qué no de una sociedad entera? La aspiración es vieja —Hari Seldon, el matemático ficticio de la Fundación de Isaac Asimov, ya la formulaba en términos que hoy suenan extrañamente contemporáneos— y los intentos por concretarla, todos parciales y casi todos cargados de polémica, configuran uno de los capítulos más fascinantes de la economía digital.
El proyecto que quería simular el mundo
En 2010, el sociólogo y físico Dirk Helbing, titular de la cátedra de Modelado y Simulación en el ETH Zürich, presentó ante la Comisión Europea una idea de proporciones bíblicas: el Living Earth Simulator (LES), núcleo de un consorcio denominado FuturICT. El proyecto se concebía como una “bola de cristal del mundo” trabajando sobre grandes datasets: un sistema computacional que aspiraba a modelar sistemas a escala global —economías, gobiernos, tendencias culturales, epidemias, agricultura, desarrollos tecnológicos y más— mediante flujos torrenciales de datos, algoritmos sofisticados y todo el hardware que fuera necesario. 
Liderado por Helbing, el simulador pretendía facilitar el modelado de sistemas tecno-comerciales-sociológicos-ecológicos, con capacidad para considerar interacciones entre hasta 10.000 millones de individuos.  El razonamiento de su impulsor era directo: “Muchos problemas que tenemos hoy —incluidas las inestabilidades sociales y económicas, las guerras, la propagación de enfermedades— están relacionados con el comportamiento humano, pero hay aparentemente una seria falta de comprensión sobre cómo funcionan la sociedad y la economía”. “Gracias a proyectos como el Gran Colisionador de Hadrones, los científicos saben más sobre el universo temprano que sobre nuestro propio planeta”, sostenía Helbing, y proponía un “acelerador de conocimiento” para colisionar diferentes ramas del saber. 
El desenlace fue prosaico. El concurso europeo Future and Emerging Technologies Flagship ofrecía a los equipos ganadores diez años de financiamiento por aproximadamente mil millones de euros, y atrajo a más de 300 propuestas internacionales. FuturICT no fue seleccionado, por lo que el Living Earth Simulator nunca fue desarrollado. Los dos ganadores, anunciados en marzo de 2013, fueron Graphene y Human Brain Project. 
El LES quedó como uno de esos artefactos intelectuales más interesantes por lo que prometieron que por lo que entregaron. Su arquitectura conceptual, sin embargo, sobrevive en proyectos sucesores menos ambiciosos pero efectivamente operativos.
Virtual Singapore: el primer gemelo nacional
Mientras Helbing buscaba financiamiento, un Estado de cinco millones de habitantes ejecutaba en silencio lo que la academia europea sólo postulaba. Virtual Singapore es un modelo digital 3D de Singapur que utiliza datos topográficos y en tiempo real, considerado el primer gemelo digital de un país.  Fue lanzado oficialmente en diciembre de 2014 como parte de la iniciativa Smart Nation, en cooperación entre la National Research Foundation —dependiente de la Oficina del Primer Ministro— y Dassault Systèmes, la compañía francesa especializada en software 3D y soluciones de gestión del ciclo de vida del producto. 
La Singapore Land Authority utilizó aviones y vehículos equipados con láseres para capturar información de terreno y superficie, generando un modelo digital integral que comprende rasgos sobre la superficie —edificios, calles, espacios verdes— e infraestructura subterránea.  El uso operativo ya está documentado: la plataforma permite optimizar el uso del suelo, evaluar riesgos de inundación, gestionar servicios subterráneos, facilitar la colaboración entre agencias gubernamentales y empresas, y, con integración de datos en tiempo real, mejorar la planificación de respuesta ante emergencias. 
La distinción clave —y la que separa a Virtual Singapore de la ambición de Helbing— es que su gemelo modela el sustrato físico y de infraestructura de una sociedad, no los procesos cognitivos, políticos o emocionales de sus habitantes. Es, en sentido estricto, un gemelo de la ciudad, no de su población.
Destination Earth: el planeta como gemelo
La Unión Europea, que rechazó financiar el LES en 2013, terminó adoptando una variante más acotada y técnicamente viable. Destination Earth (DestinE) es una iniciativa de la Unión Europea destinada a crear un gemelo digital —una simulación computacional interactiva— del planeta.  Lanzada en 2022, apunta a construir réplicas digitales del sistema Tierra hacia 2030, implementada conjuntamente bajo el liderazgo de la Dirección General CNECT de la Comisión Europea por tres entidades: el Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos a Mediano Plazo (ECMWF), la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Organización Europea para la Explotación de Satélites Meteorológicos (EUMETSAT), junto a más de 100 organizaciones socias. 
El alcance, sin embargo, es más modesto en lo social que en lo físico. El sistema entrega datos con granularidad local en resoluciones espaciales de 5 a 10 kilómetros y salidas horarias, y habilita pruebas de escenarios what-if como historias de alta resolución sobre eventos extremos bajo diferentes condiciones climáticas.  La tercera fase, según el acuerdo firmado entre la Comisión y el ECMWF, comenzará en junio de 2026 y se extenderá hasta junio de 2028. 
DestinE simula el comportamiento físico del planeta —clima, océanos, atmósfera, eventos meteorológicos extremos— con un nivel de detalle inédito, pero el componente humano permanece como variable exógena, no como sistema modelado per se.
El laboratorio inesperado: la pandemia
La crisis sanitaria global de 2020 obligó a la humanidad a construir, casi de urgencia, gemelos digitales parciales de poblaciones enteras. El sistema Loimos logró simular 200 días de un brote de Covid-19 sobre un gemelo digital de California en aproximadamente 42 segundos, procesando un promedio de 4.600 millones de aristas por segundo, utilizando 4.096 núcleos en el supercomputador Perlmutter del NERSC. 
El modelado basado en agentes —técnica donde cada individuo es representado como una entidad computacional con atributos y reglas de comportamiento— se transformó durante la pandemia en una herramienta de política pública. Marcos como Covasim y OpenABM-Covid19 ofrecieron a gobiernos y agencias sanitarias la posibilidad de testear políticas de confinamiento, vacunación o aislamiento sin pagar el costo del experimento real. La frontera entre modelo epidemiológico y gemelo digital social se volvió porosa: lo que comenzó como simulación de transmisión de un virus terminó modelando movilidad, decisiones laborales, capacidad hospitalaria y respuestas individuales a restricciones.
La frontera sigue avanzando. Frameworks recientes basados en grandes modelos de lenguaje (LLMs) aplicados a gemelos sociales digitales han mostrado, sobre la respuesta a la pandemia como caso de estudio, una mejora del 20,7% en el error de predicción macro-promediado respecto a líneas base de gradient boosting en seis categorías conductuales, con experimentos contrafactuales que demuestran respuestas monótonas y acotadas a variaciones de política. 
La hipoteca asimoviana
Toda esta arquitectura técnica camina sobre un suelo que la ciencia ficción ya había explorado. La idea de simulación es central a la noción de psicohistoria de Isaac Asimov, todavía citada como motivación y modelo para muchos intentos contemporáneos de aprovechar poder computacional masivo y enormes datasets con fines predictivos. 
La psicohistoria de Asimov, formulada en Fundación a partir de 1942, postulaba una ciencia matemática capaz de predecir el comportamiento estadístico de grandes poblaciones humanas. Investigadores contemporáneos sostienen que pudieron pronosticar la Primavera Árabe y ubicar a Bin Laden a unos 200 kilómetros de donde fue efectivamente encontrado.  Aun así, los propios autores reconocen la limitación: “En esa pieza en particular tuve que limitarme a colapsos de países enteros porque sencillamente no había datasets que se enfocaran por debajo de eso. Si dijera ‘denme una planilla de todas las protestas laborales que ocurrieron en las últimas 24 horas en cualquier lugar de la Tierra’, ese dataset simplemente no existía”. 
La pregunta filosófica subyacente no es trivial. Un gemelo digital humano puede desarrollar una historia en su propio entorno virtual que el original nunca tuvo, rompiendo la continuidad uno-a-uno: con el tiempo puede formar memorias o tomar decisiones que diverjan completamente, del mismo modo que un clon, una vez separado, se convierte en una entidad propia. 
El reverso ético
A medida que los gemelos sociales avanzan desde el modelado físico hacia el cognitivo y conductual, la cuestión de quién queda dentro y quién fuera del modelo gana centralidad. En un mundo gobernado por modelos, no estar modelado es no ser visto: estos gemelos pueden replicar ciudades, cadenas de suministro, ecosistemas e incluso economías nacionales enteras, y simular cómo responderían a estrés, inversiones o cambios de política. 
El problema no es sólo tecnológico. Es político. Un gemelo digital de una sociedad es, simultáneamente, una herramienta de planificación pública y un instrumento potencial de vigilancia. La discusión sobre tasas de inclusión, sesgos de representación y rendición de cuentas algorítmica acompaña inevitablemente cada nuevo proyecto.
La asíntota inalcanzable
El balance, hasta aquí, sugiere una asíntota. Las réplicas digitales de objetos físicos —desde Notre Dame hasta un satélite geoestacionario— alcanzan precisión milimétrica. Las réplicas de ciudades modelan con fidelidad creciente los flujos de tránsito, energía y agua. Los modelos epidemiológicos predicen con razonable exactitud la propagación de un virus. Pero el salto cualitativo de modelar una sociedad humana en su integridad —con sus deliberaciones, sus humores colectivos, sus desviaciones individuales— sigue siendo un horizonte que retrocede a medida que se avanza hacia él.
Asimov, que escribía en plena Segunda Guerra Mundial, intuyó la paradoja: en su universo ficticio, la propia existencia del Plan Seldon debía mantenerse en secreto, porque su conocimiento por parte de los actores sociales alteraría las predicciones. La psicohistoria sólo funcionaba si la sociedad ignoraba que estaba siendo modelada. Una restricción que, aplicada a los gemelos digitales contemporáneos, plantea un dilema que ninguna arquitectura computacional ha resuelto todavía.
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