sábado, 4 de abril de 2026

    Una revisión de 25 años de marketing en la Argentina

    Rubén Ordóñez y Ernesto Bianco, cuya consultora (Ordóñez,
    Bianco) acaba de cumplir un cuarto de siglo, analizan la evolución del
    marketing y las operaciones comerciales en las últimas décadas
    del país y dejan claro que, en este terreno, lo único permanente
    es el cambio.
    Ernesto Bianco –especialista en operaciones comerciales– recuerda
    que su campo no atañe sólo a las ventas, sino que “es mucho
    más completo; hay que tener en cuenta la incidencia de la logística,
    la distribución y, sobre todo, la importancia que cobraron en los últimos
    años los puntos de venta, los canales a través de los cuales se
    llega al consumidor”.
    En las décadas de los ’60 y los ’70 la decisión sobre
    la estrategia comercial corría exclusivamente por parte del empresario.
    Pero a partir de los años ’80, con la agudización del proceso
    globalizador, varios canales de alcance mundial se instalaron en la Argentina.
    Eso trajo aparejada la concentración, que primero alcanzó al mercado
    minorista –pensar en las cadenas de supermercados– y después
    al mayorista o intermediario.
    Una nueva figura cobró vida: “Las empresas son dueñas de
    las marcas pero los canales son dueños de los consumidores”. Ellos
    pueden decidir la suerte de uno u otro producto y tienen el poder que les da
    saber que 65% del proceso de decisión de compra se realiza en el punto
    de venta.
    Rubén Ordóñez, especialista en marketing, interviene para
    graficar el concepto. “El semáforo contra el que chocó Julio
    Sosa, lo miró al cantante y le dijo: ‘Vos serás el varón
    del tango pero yo soy el macho de esta esquina’. Algo similar es lo que
    ocurre entre los canales y las empresas”.
    La Argentina previa a los años ’90 vivió desde la escasez
    de insumos, donde no había mercadería para vender, hasta el manejo
    casi espureo de las empresas en la época de la hiperinflación.
    “Se formó una cultura poco profesional; el empresario le decía
    al canal: ‘Te doy este producto pero sólo si me comprás este
    otro’. Hace 10 años, en cambio, la oferta superó a la demanda
    y el poder de negociación cambió de manos”, dice Bianco.
    Actualmente, no sólo el marketing, con sus acciones de publicidad y promoción,
    es el encargado de generar demanda, sino también el canal. Pero hay que
    abandonar la idea de que la demanda genera rentabilidad. El costo de la operación
    comercial no ha dejado de aumentar en los últimos 15 años. El
    ingreso de las empresas después de deducir los costos comerciales es
    menor que un tiempo atrás, no tanto por el incremento de los costos puros,
    combustible, viáticos, etc., sino por el aumento del costo de captación,
    mantenimiento y desarrollo de clientes. En este contexto, “la capacidad
    de manejar la contribución marginal se ha vuelto esencial. Hay que dejar
    de mirar a los clientes como volumen y mirarlos como rentabilidad”.

    Los cambios impuestos

    El caso de los supermercados sirve como patrón para ver la manera en
    que el canal se ha impuesto en la toma de decisiones. Inicialmente, los grandes
    mayoristas eran acopiadores de productos y tenían un sistema de autoservicio
    para pequeños comercios. La aparición de las grandes cadenas –y
    de sus ofertas– hizo que muchos de estos comercios pasaran a abastecerse
    en el supermercado. Ellos avanzaron hacia los mayoristas y los mayoristas hacia
    los consumidores, incluyéndolos como un público al que antes no
    apuntaban.
    En paralelo, se dio el resurgimiento de las compras en los mercados de cercanía.
    Las cadenas de supermercados vieron la importancia de estos comercios y empezaron
    a abrir los propios, con pocos servicios extra, para el consumidor racional
    que compra lo que necesita y se va. Todos estos cambios fueron impuestos por
    el canal.
    Finalmente, el impacto de la tecnología –además de acelerar
    los procesos de distribución– le permitió al canal obtener
    mucha información sobre los clientes. Bianco cuenta que “en Inglaterra,
    por ejemplo, la cadena Sainsbury’s tiene información sobre qué
    familia está comprando qué cosa, qué producto dejó
    de comprar, cómo está compuesta, con qué frecuencia compra
    y cómo dispone de su dinero. Tienen tanta información que hasta
    la venden a las empresas para que éstas sigan la evolución de
    sus productos o sepan quién está quitándoles terreno”.
    Otro efecto del desarrollo tecnológico es el traslado del concepto de
    canal al de “multicanal”. Los bancos, por ejemplo, llegan a sus clientes
    a través de las sucursales, los cajeros automáticos, la banca
    telefónica, Internet, correo directo. Ordóñez explica:
    “Este complejo universo, además, debe estar integrado porque el
    consumidor no siente que es cliente de una sucursal, sino de todo el banco.
    Y pretende que sus acciones sean conocidas por todo el banco más allá
    del canal a través del cual las haya realizado”.
    Pero además de ser múltiples, “los canales se han vuelto
    promiscuos, cómo podríamos habernos imaginado hace 30 años
    que las estaciones de servicio venderían alimentos o las farmacias se
    parecerían cada vez más a los drugstores americanos”, concluye
    Ordóñez.
    Más allá de la capacidad de absorción de los adelantos
    tecnológicos, el poder que han ganado los canales es innegable y, por
    esa razón, Bianco cree que no es extraño el surgimiento de las
    marcas propias. “El crecimiento de las marcas de los canales es muy importante
    en Europa. Sainsbury’s por ejemplo tiene marcas premium y en España
    existen algunas que poseen más de 30% del mercado. Lo raro, en realidad,
    es que en la Argentina no hayan crecido más de lo que lo hicieron”.
    En síntesis, el canal se volvió tan importante como el producto
    o la marca. Hace 25 años el dinero destinado al marketing orientado al
    consumidor representaba 90% del total, y el otro 10% designaba al trade, a la
    operación comercial, a las acciones efectuadas sobre la distribución
    y los puntos de venta. Hoy ese porcentaje se divide en partes iguales y, según
    los analistas, la tendencia muestra que el trade marketing se incrementará
    en el futuro.

    ¿Y el marketing del consumidor?

    En este terreno, el principal cambio que se dio en el último cuarto de
    siglo fue la expansión del marketing a todos los campos de la economía.
    Ordóñez cuenta que en los inicios sólo hacían campañas
    orientadas al consumidor las empresas de productos masivos. “Cuando comenzamos
    con el de servicios financieros los bancos nos decían: ‘¿Eso
    no es para el jabón?’. Hasta que un banco hizo una campaña
    masiva, se quedó con una porción importante del mercado y las
    cosas cambiaron”.
    “Luego del sector financiero, se incorporaron los seguros”, continúa
    Ordóñez, “hasta llegar al marketing retail, el de las cadenas,
    los shopping, los grandes concentradores. En los ’90 ya no quedaba ningún
    campo de la economía que no estuviera tocado por el marketing”.
    Desde lo conceptual, el primer esfuerzo estuvo dirigido a marcar la diferencia
    entre el marketing de productos y el de servicios. El servicio no solamente
    es intangible, sino que se produce en simultáneo con el consumo y el
    cliente participa de su fabricación. “Claro está que estas
    características los hacen muy distintos. Pero, además, hoy en
    día no quedan productos que no incluyan servicios para agregar valor.
    Esta combinación de producto y servicio es un híbrido que se rige
    por leyes propias y exige un tratamiento específico”.
    En cuanto a las herramientas, el comienzo estuvo signado por el “marketing
    general”, que se aplica a públicos masivos y mercados más
    o menos segmentados –todo el ABC1, todo el ABC, etc–. En los ’80
    renace el “marketing directo” –que existía en la década
    de los ’30 con los catálogos–, donde la comunicación
    apunta al individuo, del que se espera una respuesta concreta.
    Posteriormente, el desarrollo tecnológico dio lugar al “marketing
    de base de datos”, que se centra en la acumulación de información
    sobre el cliente. A esto se agregó la interacción con el consumidor
    y se lo llamó precisamente “marketing interactivo”.
    El último movimiento teórico fue el Customer Relationship Management
    (CRM), en el que el valor reside en las relaciones que se generan con el cliente.
    Cuando el CRM se aplica a secciones geográficas muy acotadas, como estaciones
    de servicio o sucursales bancarias, se habla de “micro-marketing”.

    Sin embargo, Ordóñez aclara que “éstos no son tipos
    de marketing diferentes sino herramientas que deben utilizarse integradas. El
    marketing es uno solo. La misma empresa puede utilizar marketing directo para
    algunos segmentos de su clientela, interactivo para otros, etcétera”.
    Las dos migraciones principales del marketing fueron: pasar de producto-céntrico
    a cliente-céntrico, y de general a integrado. En este proceso de cambio,
    el desarrollo de la tecnología tuvo mucho que ver. “Ahora el consumidor
    está más cerca, pero para aprovechar los nuevos adelantos hay
    que quebrar la barrera cultural que impide ver a la información como
    un valor. Las organizaciones piensan en datos y no se toman el trabajo de transformarlos
    en información, y esa información en inteligencia”. M