viernes, 3 de abril de 2026

    Una herramienta que debe tener un uso estratégico

    Si
    bien nadie discute la necesidad de controlar costos, transferir indiscrimidamente
    el tráfico a la web o tercerizar al azar los centros de llamadas
    puede restarles efectividad. Por ende, la clave reside en desarrollar
    una estrategia apta para que la atención a clientes genere ventas
    vía un servicio de calidad, capaz de crear ventajas competitivas
    y promover crecimiento.
    En esta materia, las compañías más exitosas cubren
    ciertas condiciones básicas. Para empezar, definen una estrategia
    de servicio que vaya más allá de proveer buen servicio a
    bajo costo. A efectos de llevarla a cabo, ponen en juego una infraestructura
    que aproveche sabiamente tercerización y tecnologías. También
    aseguran el mejor desempeño posible de los agentes en todo contacto
    con el cliente, dedicando tiempo e invirtiendo en la preparación
    del personal y sistemas de management orientados a resultados concretos.
    Estas políticas pueden elevar de 20 a 35% los ingresos producidos
    vía centros de llamadas y reducir sus costos de 15 a 25%.

    33 años después…
    Los call centers surgieron para atender consultas telefónicas de
    clientes. En 1972, Continental Airlines pidió a Rockwell Collins
    –división del grupo homónimo, hoy conocida como Rockwell
    Automation– desarrollar el primer distribuidor automático
    de llamados. Al principio, ni se pensaba en aprovechar el sistema para
    captar y retener negocios. Eso ocurrió recién en los años
    ’90, al aparecer softwares para rutear llamadas y manejar relaciones
    con clientes (CRM, “customer relationship management”). O
    sea, aplicaciones típicas en marketing.
    En la actualidad, todas las empresas de la lista Fortune 500 tienen centros
    de llamadas que, en conjunto, insumen unos US$ 300.000 millones anuales
    alrededor del mundo (una media de US$ 600 millones por firma). Esa tendencia
    probablemente persista, pese a la tercerización extraterritorial
    que avanza desde hace un tiempo.
    Si bien se estima que la cantidad de centros en EE.UU.-Canadá –55.000
    con 2.900.000 empleados, un promedio de casi 53 por posición–
    se mantendrá estable, en el resto de mundo podría aumentar
    a razón de 10% anual. Su nivel actual es tres millones de operadores
    en unos 70.000 centros. Hacia 2007, tercerizadores locales y externos
    (el término off shore es equívoco) estarán empleando
    sólo 12% de la fuerza laboral en el sector norteamericano y 7%
    del total de posiciones.
    Mientras tanto, según McKinsey, muchas compañías
    no obtienen todas las ventajas posibles de sus call centers. En buena
    medida, porque no han desarrollado estrategias adecuadas para atender
    clientes.
    Por cierto, operar esos centros es costoso, pero centrarse demasiado en
    recortar gastos y mejorar eficiencia suele acarrear efectos secundarios
    no deseados. A la inversa, empresas que resisten esta tentación
    –banca, finanzas, telecomunicaciones, cable, Internet– demuestran
    que ese canal genera ventas y su personal puede ser muy eficiente e insumir
    menos tiempo por llamada sin presiones de gerencia.
    Ese factor, conocido como “lapso promedio”, en esencia mide
    productividad y suele ser una obsesión de los ejecutivos. Pero,
    por ejemplo, una telco norteamericana descubrió (2003) que apretar
    mucho las clavijas disminuía retornos y potencial de los agentes
    para vender servicios. ¿Por qué? Porque, inducidos a reducir
    el tiempo de cada contacto, preferían abreviar la llamada en vez
    de concretar la operación.

    Integrar y segmentar
    La insuficiente integración entre centros de llamado y el resto
    de una organización suele frustrar oportunidades de venta. Las
    firmas más eficaces incorporan los centros en áreas relevantes.
    Así, los bancos los vinculan estrechamente a sectores que manejan
    servicios en oferta (tarjetas, crédito hipotecario, etc.), con
    lo cual los agentes están perfectamente al tanto de las últimas
    propuestas y aportan datos para mejorarlas o redefinirlas, transmitiendo
    reacciones de clientes actuales o potenciales. Por otro lado, asocian
    los centros con recursos de soporte –facturación, pagos–
    a fin de prevenir desajustes.
    También hay que graduar y segmentar. El llamado de un cliente nuevo
    o potencial es, sin duda, más relevante que las consultas rutinarias,
    de ahí que las empresas sagaces clasifiquen las llamadas desde
    fuera y las redirijan al agente apropiado. A veces, este método
    involucra establecer una matriz que mida, por una parte, el segmento en
    función del cliente y, por la otra, el valor de cada tipo de llamada.
    Por consiguiente, habrá “colas” para cada segmento
    diferenciado o cada tipo de llamada (ventas, facturación, servicio).
    Las compañías que empleen estos u otros instrumentos de
    marketing a su disposición –inclusive comparar su calidad
    de servicios con referentes del mercado– determinarán mejor
    el nivel de cada servicio por segmento y clase de llamado.
    En las telcos, este sistema funciona especialmente bien con abonados que
    se mudan y solicitan transferir servicios. Por lo común, este segmento
    se muestra dispuesto a escuchar ofertas de nuevas prestaciones. Verbigracia,
    Internet de banda ancha. Por cierto, la experiencia indica que, ya en
    el primer llamado, piden servicios equivalentes a 50/70% de los ingresos
    deparados a la telefónica. Una de ellas, consciente de estas cosas,
    instaló una posición que maneja sólo llamados relativos
    a mudanzas y aumentó de 10 a 15% la rentabilidad del canal.

    Cuestión de infraestructura
    Una estrategia es sólo tan efectiva como la infraestructura que
    la viabiliza. Por ende, resulta imprescindible poner en línea una
    óptima red de call centers, tercerizando si hace falta y aplicando
    las tecnologías adecuadas.
    Para lograrlo, los centros deben hallarse en localizaciones correctas,
    ofrecer servicio permanente –con los menores inconvenientes posibles
    derivados de problemas políticos, técnicos o laborales–
    y mantener una escala suficiente para maximizar la calidad del servicio.
    Pero, al mismo tiempo, los costos deben ser proporcionales a las ventas.

    Con el objeto de cumplir esos fines, algunas empresas echan mano a la
    tercerizaciòn local o externa. El asunto desvela a los directivos
    y constituye fuente de encendidos debates polìticos en la Unión
    Europea y EE.UU. Pero, antes de tomar decisiones, deben encarar algunos
    interrogantes específicos.
    En primer término, cómo opera una red existente de centros
    y qué relación costo-beneficio implicaría tercerizarla.
    Después, la compañía ha de indagar sobre valor y
    complejidad del call center, su capacidad actual y cuánto tiempo
    le demandará cerrar acuerdo con los prestadores externos. La relevancia
    de estas y su resolución variarán según tipo de actividad.
    También lo harán, detalle clave, según región
    o país donde tendrá lugar la tercerización.
    Ese punto requiere que, antes de resolver dar el paso, la empresa habrá
    seleccionado socio y condiciones apropiadas. Una firma de telecomunicaciones
    canadiense, por ejemplo, apostaba a una baja de costos al subscribir un
    contrato por varios años, pero esa reducción también
    disminuyó oportunidades de generar ventas.
    La duración misma del convenio impidió que la contratante
    llegase a un equilibrio entre costos, ingresos y calidad del servicio.
    Cabe acotar que, en verdad, armonizar totalmente los tres factores nunca
    es tarea fácil. En este caso, el contratista aprovechó problemas
    internos de esa compañía para anteponer sus propios intereses.
    Al cabo, terminó la relación. Su desenlace tuvo efectos
    en el campo de la tecnología informática en India, donde
    se da un desordenado auge de tercerización, impulsado por grandes
    multinacionales. A diferencia de actividades más convencionales
    (telecomunicaciones, banca, diversas industrias), la función de
    los call centers, en la “economía virtual” –designación
    algo arbitraria para los servicios “puros” vía Internet–
    no tienen una relación tan estrecha con el marketing. Pero eso
    es harina de otro costal.