
“Vivimos en una sociedad que está camino a la individualidad –dice Saulquin–. Aunque en las comunicaciones permanece la globalización, se nota una fuerte tendencia a la individualización y una salida de la masividad”.
Nomadismo y paradoja
Es en esa tendencia donde los celulares y sus capacidades encuentran la veta por la que han entrado a las mentes y corazones de las personas.
“El diseño interactivo tiene un desarrollo increíble: las personas prefieren, como los nómades, llevar todo con ellas, como un caracol. Y esa es la tendencia de los celulares, un elemento que tiene todo concentrado en él”.
El escenario mundial que describe Saulquin, con una tendencia social vinculada al nomadismo, explica buena parte del anclaje que la telefonía celular tiene en las personas.
“Existen hoy dos situaciones diferentes: individualidad y movilidad, no sólo física sino virtual. Hoy, la movilidad es poder y marca la jerarquía social: cuanto más se mueve una persona, más jerarquía social tiene; y el celular refleja y permite esa movilidad”.
Como contraparte de esa independencia, que describe como “fabulosa”, Saulquin destaca los elementos negativos de la movilidad tecnologizada que representa el celular. “La parte negativa es que este aparato permite el control social. En este momento, estamos saliendo de la sociedad disciplinaria de Foucault y pasando a una sociedad controladora, en el sentido de que no solamente se puede controlar al otro, sino que no se puede escapar de la red de control”.
Proteger y controlar
En ese marco, el celular marca un esquema en dos sentidos: permite controlar, pero también implica protección. La trama, que Saulquin describe como “de protección social”, responde a una sociedad controladora a través de la tecnología; pero que a su vez depende de ella para ganar libertad y movilidad.
“La sociedad ya no es sedentaria, vivimos un esquema de nomadismo ambivalente: por un lado, de movilidad extrema; pero con una vuelta a la casa, como espacio de protección, aunque ya no inviolable. Las categorías nómade y sedentaria han sido superadas por la tecnología. Y quien está en un momento sedentario, en su casa, conserva el esquema mental del nómade: cuidado extremo, alerta máximo, amplia flexibilidad. Es ahí donde entra el celular, como el osito del bebé: protección que se lleva con uno. Pero, por otro lado, si se lo arrancan, le roban a uno toda su memoria”, explica.
Parte del trabajo de Saulquin es investigar las tendencias sociales y entrever el futuro. ¿Qué es lo que ve cuando piensa en las comunicaciones móviles?
El fin de lo lúdico
“Claramente, una tendencia hegemónica del celular, condensando todos los aparatos. Hubo en un momento un comercial de televisión donde toda la parafernalia mediática de una casa se plegaba al teléfono: ésa es la visión”.
De todas formas, el futuro del aparato no está ligado a una cuestión exclusivamente lúdica. “Estamos en una sociedad lúdica, pero es una etapa que va a pasar; posiblemente va a trascender de lo lúdico tomado como algo muy gracioso, a lo eficiente; el chiste pasa, es un coletazo de la sociedad de masas, una cuestión mediática. La verdadera vida tiene que ver con la capacidad de relacionar cosas distintas”.
El fondo de la cuestión es, al final de cuentas, la capacidad de creación y la originalidad. Como siempre.
P. C. | pcavalli@mercado.com.ar
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