sábado, 4 de abril de 2026

    Hay nuevas evidencias y oportunidades de negocios

    LIBRO BLANCO DE LA RSE | Capítulo I

    En aquel momento, la consultoría Business in the Community (BC) y el estudio Arthur D. Little compilaron este trabajo, donde pocas empresas se hallaban en condiciones de presentar pruebas contundentes acerca de resultados positivos.
    “Se nota mucha mayor claridad en aspectos como oportunidades de negocios, ventajas competitivas o rentabilidad económica. Al alcanzar 2011, las evidencias son sustancialmente más nítidas” señala Charlotte Turner, directora de investigaciones en BC.
    Las bases y la metodología del nuevo informe fueron establecidas entre junio y diciembre de 2010 en la escuela Cranfield de management. Sus fuentes derivan de trabajos hechos por consultorías independientes, universidades y casos específicos de negocios. “El material académico y lo aportado por las propias compañías puso de manifiesto consistencias notables”, apunta David Grayson, experto en RSE.
    Por otra parte, el equipo de campo fue ayudado por una notable riqueza de datos y, en general, materiales no disponibles en volúmenes significativos hace ocho años. “Por entonces, no existía la actual abundancia de fuentes ni casos específicos”, indica Turner.
    La meta del informe consistía en encontrar pruebas fehacientes de ventajas para los negocios de compañías que hubiesen desarrollado estrategias sostenibles. También se buscaba entender cómo esos ejemplos habían evolucionado desde 2003 hasta 2010 y, particularmente, anticipar los cambios previsibles en los próximos años
    El resultado de las indagaciones fue identificar y definir más de 60 segmentos de negocios luego agrupados según siete ventajes claves:
    • Valor y reputación de marca.
    • Actual y futura fuerza laboral.
    • Efectividad operativa.
    • Gestión y reducción de riesgos.
    • Impacto financiero directo.
    • Crecimiento organizacional.
    • Oportunidades de negocios.
    En forma adicional, el nuevo informe ubicó dos ventajas ulteriores: liderazgo responsable y desarrollo macroeconómico sustentable. Ambas se habían materializado más recientemente en empresas cuyas estrategias en cuanto a RSE ya se hallaban bien establecidas. Por ende, los autores del trabajo sugieren que esos beneficios pueden cristalizar y adquirir complejidad.
    Sin embargo, durante la investigación surgieron diferencias entre compañías, básicamente al comparar estructuras pequeñas y medianas (Pyme) con organizaciones de mayor tamaño. En tanto las primeras tendían a considerar ventajoso el desarrollo del personal y sus potenciales, las grandes empresas solían privilegiar la efectividad operativa.

    Menor recambio laboral
    Aun así, todo tipo de organizaciones estima el compromiso del personal beneficioso para la Responsabilidad Social Empresaria. Mid-Counties Co-operative, por ejemplo, cree que su combinación de financiamiento comunitario, voluntariado interno y proyectos específicos ha contribuido a disminuir el ritmo de recambio laboral.
    Mientras tanto, la cadena minorista Marks & Spencer se ha ocupado en mejorar la eficiencia de procesos en sus plantas de Bangladesh, como modo de aumentar el salario real y reducir jornadas laborales, sin alterar la calidad final. Por consiguiente, en 2004/10 subió 42% la productividad de las fábricas y el recambio de gente cedió de 10 a 2,5% de la planta laboral.
    “La entera idea de valor y reputación de marca también es un fuerte estímulo”, apunta Grayson. “Pero también lo es el concepto de innovación, pues tiende a ganar en relevancia debido a la creciente escasez de recursos. Ello quiere decir que es preciso expandir un negocio sin dejar de limitar sus efectos ambientales”.
    Otra ventaja que emerge claramente del informe es la eficiencia operativa derivada de la RSE y su mejora vía proveedores serios, reducción de desperdicios y otras prácticas. Así, la cervecería británica Adnams Southwold invirtió en un centro de distribución eficiente en energía y combustible. La nueva instalación emplea 58% menos gasolina y 67% menos electricidad por metro cuadrado que el depósito viejo. Además, cada litro destilado exige 1,76 litro, contra ocho, la media en la industria, lo cual implica £ 50.000 por año de ahorros.
    En lo tocante a gestión de riesgos, el informe no la excluye. Ello no obstante, en los últimos tiempos las empresas vienen centrándose en oportunidades, y no tanto en el otro aspecto. Varios casos piloto estudiados y algunas investigaciones universitarias resaltan la capacidad de las organizaciones para identificar y disminuir la exposición a actuales o eventuales rupturas en sus negocios. Especialmente, las originadas en desastres ambientales, desórdenes climáticos, violencia social o resistencia comunitaria a proyectos privados.
    Sin embargo, interesa notar que los investigadores ligados al informe encontraron que la gestión de riesgos se citaba menos al terminar los estudios que al comenzarlos. Por eso, se recomienda que –una vez en línea los procedimientos– se los integre a los protocolos normales en la materia.
    En tanto muchos cuestionan la capacidad de una estrategia de RSE sostenible para generar ventajas tangibles, el trabajo de Business in the Comunity dice lo contrario. Sus compiladores afirman haber hallado evidencias de beneficios económicos o financieros directos para la empresas, si bien mayormente en el largo plazo. La gama incluye mejor acceso a capitales e inversores, menos indemnizaciones, ahorro de costos y más dividendos para los accionistas.
    Ese conjunto de lecciones, se sugiere en el informe, señala que las compañías duchas en medir y vincular acciones con resultados cuantifican mejor los efectos de sus políticas. Por ende, reinvierten con más comprensión de su impacto en el negocio.

    Ventajas del porvenir
    En ”The Business Case for Being Responsible”, el mismo equipo aprovecha los datos del otro informe para pronosticar las ventajas del porvenir. Esto contribuirá a entender qué áreas operativas permitirán evaluar efectos sociales, económicos y ambientales. También posibilitarán elaborar negocios responsables y con sentido claro.
    Las maneras de hacer negocios están modificándose, junto con las necesidades y demandas de los clientes, en tanto nuevas tecnologías determinan otras formas de trabajar. Paralelamente, las cadenas de abastecimiento se desplazan, se abren mercados y surge una generación más conectada. Lógicamente, saber más acerca del mundo ofrece enormes oportunidades, especialmente para la economía y los negocios.
    Según Turner y Grayson, se precisan nuevas formas de capitalismo, impulsadas por actividades que no se reduzcan a ganancias de corto plazo. Por el contrario, deberán planear en un horizonte largo negocios sostenibles que generen valor económico, financiero, social y ambiental. Se trata de lo que McKinsey Global Institute (MGI) llama “capitalismo a largo plazo”.
    En síntesis, asegurar actividades viables, sostenibles, responsables y no contaminantes. Estos objetivos exigen aumentar la velocidad y la escala del cambio hacia negocios, gestionados en forma más conectada. Eso quiere decir RSE como núcleo de un modelo, no solo como operaciones de este o aquel departamento e involucra nuevas conexiones y alianzas.
    Un negocio ecológicamente sustentable no consiste simplemente en arbitrar entre individuos, ambiente y utilidades empresarias. Además, el sector privado debe ampliar las conexiones entre sociedad, progreso económico y métodos innovadores para integrar prácticas de RSE. Poco a poco, una divisoria emerge entre quienes adoptan estrategias de manejo sostenibles y quienes no.
    Los primeros abarcan negocios que sobrevivirán y prosperarán casi al inicio del camino. Para asistirlos en esa fase temprana, los profesionales deben aportar pruebas, argumentos y cifras que muestren por qué y cómo las prácticas responsables arman organizaciones exitosas.

    Ponerle precio a la RSE no es sencillo

    Así sostiene Theodor Vermaelen, del Institut Européen pour Administration de Affairs (Insead, Fontainebleau) y la escuela de negocios Wharton. Este experto sostiene que “la Responsabilidad Social Empresaria sigue poco o mal entendida y, por tanto, es un tema controvertido. Pese a que un gran número de empresas haya adoptado sus principios, políticas y programas”. Los críticos de la RSE afirman que “un director ejecutivo interesado en beneficencia debe hacerla con su dinero, no con el de la compañía” Por ejemplo, en 2009 Goldman Sachs donó US$ 1.000 millones a diversas entidades. Pero no era plata de accionistas e inversores, sino del personal, y provenía de bonificaciones.
    Hacer buenas obras con dinero de accionistas, empero, podría justificarse bajo dos condiciones. Primera, si se demuestra que la iniciativa RSE es una forma inteligente de practicar relaciones públicas. Vale decir, aumentar indirectamente el rédito de los propios accionistas. Segunda, la firma deberá dejar bien en claro ante los inversores que su objetivo no es simplemente la ganancia, sino también hacer el bien. De esta manera, la empresa atraerá la clientela financiera adecuada y no habrá motivos para tachar de deshonestos sus fines sociales.
    Una compañía que manifiesta su preocupación por temas como el ambiente podrá atraer usuarios y consumidores con “conciencia verde” y ello eventualmente le incrementará ventas u otros ingresos. Por lo mismo, el personal para quien sea importante que sus empleadores tengan políticas de RSE trabajará más duro o aceptará salarios menores que donde eso no suceda. Por otra parte, las iniciativas sociales pueden generar subsidios estatales o desgravaciones tributarias e impedir que un Gobierno imponga cánones de responsabilidad. Finalmente, los costos de capital podrían resultar más bajos.
    Para comprender ese argumento, señala Vermaelen, “debe pensarse en un popular modelo que combina activos y precios, según el cual el costo emergente es igual a la tasa de riesgo más una prima determinada. Se sospecha que la gente no gusta del riesgo, por lo cual requiere retornos más altos para tomarlo. Pero supóngase que existen inversores preocupados por la RSE de la compañía. Este grupo aceptará coeteris paribus tasas de retorno inferiores, por efecto de las cuales podría generarse rentabilidad para el accionista o atraer inversores menos codiciosos”.
    Cabe notar que algunos partidarios de la RSE en los negocios (por lo común, gerentes de activos interesados en inversiones socialmente motivadas) afirman que los retornos accionarios de esas compañías suelen ser más altos, no más bajos, que los del resto. Implícitamente, se postulan mercados ineficientes, o sea que solo se ajustan lentamente al hecho de que la firma se haya tornado socialmente más responsable.
    Por el contrario, en mercados eficientes dominados por inversores socialmente responsables, las cotizaciones bursátiles se elevarán al anunciarse políticas de RSE pero, subsiguientemente, bajarán los retornos a largo plazo. Hasta ahora, sin embargo, la evidencia al respecto no es conclusiva, quizá porque –para hacer pruebas estadísticamente válidas– se precisan lapsos más extensos. Algunos estudios muestran que las empresas socialmente más efectivas son por cierto más rentables, pero hay diferencia entre correlación y causalidad. Una interpretación alternativa es que las compañías más rentables tienen excesos de caja y pueden “malgastar más” en acciones de RSE.
    Cuando Google entró en la bolsa, anticipó que destinaría cierto porcentaje de utilidades a la beneficencia, al estilo de Microsoft. Por ende, los inversores incorporaron el dato en el precio de la acción y no fueron ingratamente sorprendidos por ese movimiento de fondos hacia obras de caridad. En otras palabras, el megabuscador fue transparente hacia accionistas e inversores, una condición ética elemental.