Estados Unidos parece reforzar una hegemonía mundial que
se afianza con el triunfo del Partido Republicano en las últimas elecciones
legislativas y con el Alca a la vista. En este contexto, ¿cuál es
para usted el rumbo económico del Mercosur?
Creo que no se puede establecer una conexión directa entre el futuro del Mercosur y el cambio de políticas en Estados Unidos. No quiero decir que no haya influencia, pero son dos temas totalmente distintos aunque, en un momento, pueden cruzarse. El futuro del Mercosur depende de sus socios, de los cuatro países. Y cuando hablo de países digo que este futuro no sólo depende de sus respectivos gobiernos. Hay que tener en cuenta que Lula asume el 1º de enero. En 2003 sabremos cuándo asumirá el nuevo gobierno argentino. En Paraguay las autoridades se renuevan el año que viene y en Uruguay en 2004. Los gobiernos cambian, de lo contrario no habría democracia. Ahora, el futuro depende también de la voluntad política de la sociedad, de los empresarios y de los académicos. Y en ese contexto creo que las condiciones hoy, por lo menos entre la Argentina y Brasil para hablar con conocimiento de causa, son muy favorables a una profundización y a un desarrollo cualitativamente más importantes del Mercosur.
Este afianzamiento regional, ¿debería incluir una coordinación
macroeconómica más amplia, como la que se alcanzó en el
Tratado de Maastricht y afinó la marcha de la Unión Europea?
Yo así lo espero. Se superó de manera práctica, porque no fue planeado, el problema de la simetría y de la tasa de cambio en la política monetaria. Creo que hay precondiciones. Hoy hablamos de una convergencia macroeconómica, fijación de metas de la responsabilidad fiscal, de endeudamiento, de inflación, entre otras, que gradualmente a lo largo del tiempo pueden llevar a una moneda única. Ahora, la dirección de Estados Unidos, ¿tendrá algún efecto sobre la visión americana del Alca? Me hago esa pregunta, no la estoy respondiendo. Yo espero que sí, porque el modelo de Alca, que está sobre la mesa y que fue objeto de aprobación, no es equilibrado y no satisface los intereses de la Argentina y Brasil.
¿Por qué dice que no es equilibrado y no contempla intereses
de los dos países?
Porque temas como la apertura de las exportaciones agrícolas están puestos bajo condiciones que son muy complicadas de aceptar para los estadounidenses, por eso los lobbies internos de Estados Unidos no quieren esa apertura.
¿Por qué no quieren la apertura que traería el
Alca?
En Estados Unidos no quieren libre comercio. Tal vez el Gobierno aspire a eso, pero la sociedad norteamericana, hasta ahora, no quiso.
¿A pesar de las ventajas que tendría una economía
de escala como la estadounidense para colocar sus productos en América
latina dentro de un régimen sin restricciones?
Veamos los hechos. ¿Quién lanzó el proyecto del Alca? Fue el presidente Bill Clinton en Miami, en 1994. En lo que quedaba del primer mandato y durante todo el segundo no logró la aprobación del Congreso. Entonces, ¿quién tiene las mayores dudas sobre el libre comercio? [Sonríe]. No es Brasil ni la Argentina. Es Estados Unidos quien las tiene. No me refiero a las dudas del Gobierno, sino a los distintos sectores de su economía.
El economista chileno Sebastián Edwards afirma que la Argentina
tuvo una pésima idea al asociarse con Brasil debido a su proteccionismo
y que, por lo tanto, debería dejar dormir al Mercosur por un tiempo
[ver nota en la sección Perspectiva]. ¿Cuál es su opinión?
Está totalmente equivocado. En primer término Edwards basa sus afirmaciones en un proteccionismo que le atribuye a Brasil y que terminó en 1990. De allí en adelante nosotros desmantelamos prácticamente todas las restricciones arancelarias y no arancelarias. En segundo lugar, el arancel externo común, que a Edwards no le gusta, en los cinco primeros años del Mercosur de 1990 a 1995, no tuvo el menor efecto recesivo en el comercio. Con la paridad cambiaria argentina, de $ 1 igual a US$ 1, hubo continuidad en el estímulo en Brasil a las importaciones de productos de la Argentina. Esto es mucho más fuerte que el arancel. Desmantelamos todas las restricciones y quedó sólo el arancel nacional y el arancel externo común para las importaciones provenientes de afuera del bloque comercial. Por otra parte, la paridad cambiaria llevó a que las importaciones en la Argentina fueran muy estimuladas. Lo mismo pasó en Brasil, porque no teníamos un tipo de cambio fijo, pero sí un margen de flotación muy estrecho. Y eso quedó demostrado en Brasil con un extraordinario aumento de importaciones de productos de los socios del Mercosur y de terceros países, como Estados Unidos, países de Europa y Japón. Y en tercer lugar, la Argentina siempre acumuló importantes saldos comerciales con Brasil. Entonces la afirmación de Edwards es, de hecho, inexacta.
Edwards también dice que las relaciones entre Estados Unidos
y Brasil han sido históricamente tensas, debido a que ese país
cree que en el exterior no valoran su exacta dimensión.
Es una opinión personal. Yo creo que los hechos lo desmienten. Nunca tuvimos relaciones tan buenas como las que se entablaron durante la Administración Clinton. Y eso lo dijeron Clinton y sus funcionarios. Tuvimos un aumento extraordinario del comercio y tuvimos una impresionante inversión estadounidense en Brasil. Las afirmaciones de Edwards no están basadas en los hechos. Habría que preguntarle a él por qué lo dijo.
¿Hay sectores o industrias que deban limar asperezas en Brasil
y la Argentina para afianzar el Mercosur?
Estamos prácticamente sin trabas en ambos lados. Hicimos un ejercicio con las autoridades del gobierno argentino en el campo comercial y llegamos a acuerdos. Pero el comercio ha caído mucho y aún no se ha recuperado, debido a la recesión argentina. El ministro Roberto Lavagna hizo un balance de los síntomas de recuperación de la economía argentina, remarcando que en las últimas semanas hubo un aumento de las importaciones que, aparentemente, indicaría el inicio del proceso de reactivación de la actividad. Hay que esperar que esto se consolide. Y, como dijo Lavagna, que pasemos del veranito al verano. A la vez, hicimos un acuerdo de revisión de las reglas en la compra y venta de automóviles. Creo que estamos bien.
Más allá del Alca, el Mercosur y el libre comercio,
hay quienes afirman que se consolida el Consenso de Washington, con Estados
Unidos a la cabeza, y no sólo gana solidez sino que se endurece con mayor
intervencionismo diplomático y militar.
Es evidente que se trata de un análisis casi unánime en que la prioridad norteamericana hoy es combatir al terrorismo. Y que eso puede conducir a George W. Bush a una política más agresiva, especialmente en las áreas en las que considera que ese terrorismo no está bajo control. Todos sabemos que las relaciones y las ideas estadounidenses con respecto a Irak son complicadas. Que eso tenga un efecto proteccionista en Estados Unidos contra las exportaciones de América latina, depende de lo que pasará de aquí en más.
La mayoría de los economistas opina que la Argentina debe
acordar con el FMI. Pero también se afirma que el pago de los servicios
de la deuda podría volcarse a reactivar el mercado interno, aumentar
el consumo y financiar exportaciones. ¿Cuál es su opinión,
tomando como ejemplo un caso similar como el brasileño?
En primer término, no tengo la menor duda de que, en el caso
de Brasil, hay gran interés en mantener el acuerdo que obtuvimos [recibió
un préstamo de US$ 30.000 millones]. En segundo lugar, aunque no puedo
hablar de nubes de humo, hay indicadores de que los asesores económicos
del futuro presidente Luiz Inacio Lula da Silva piensan así y
no quieren romper con el Fondo Monetario Internacional. Y en tercer lugar, creo
que es una falsa solución imaginar que los fondos destinados al pago
de servicios puedan destinarse al mercado interno, porque esto no es sostenible.
Una operación de default, que sería la consecuencia de
una ruptura, paraliza la actividad económica, disminuye la capacidad
de nuevas inversiones y, en definitiva, es la gente la que sale perdiendo, y
mucho. No es una hipótesis de trabajo que Brasil esté considerando.
Además, el presidente Fernando Henrique Cardoso siempre manifestó
total solidaridad e interés para que la Argentina concluya sus negociaciones
con el FMI lo más rápido posible.
Pablo Píparo
