viernes, 3 de abril de 2026

    Las cadenas de valor como eje de políticas productivas

    En
    general, las acciones públicas desarrolladas para incrementar la
    competitividad de las economías procuran atacar de modo directo los
    denominados “factores precio” vinculados a la competitividad (costo
    del capital, laboral, impositivo, tipo de cambio).
    Sin embargo, no consideran con énfasis similar aquellos otros elementos
    que hacen sustentable la competitividad en el mediano y largo plazo y que
    resultan determinantes últimos del crecimiento sostenido.
    Por ejemplo, las políticas de impulso a la innovación tecnológica,
    la coordinación de inversiones, el tipo de especialización
    productiva y comercial, la mayor diferenciación y calidad de la producción
    de bienes y servicios, y la infraestructura institucional. Es decir, los
    aspectos “no precio” de la competitividad.
    En la Argentina, un ejemplo de la primera clase de programas se pudo observar
    cuando, apremiado por las circunstancias, en su última etapa como
    ministro de Economía, Domingo Cavallo lanzó un conjunto de
    planes llamados de competitividad que buscaban paliar, vía reducción
    de impuestos y contribuciones, los problemas de precios relativos del sector
    industrial.
    Una muestra del segundo tipo de instrumentos es el planteado por el reciente
    programa de Foros Nacionales de Competitividad Industrial de las Cadenas
    Productivas. Es una iniciativa de la Secretaría de Industria, Comercio
    y de la Pequeña y Mediana Empresa con el objetivo general “de
    generar políticas activas que estimulen las ventajas competitivas
    dinámicas de los sectores industriales, incrementando el valor agregado
    unitario de los bienes y servicios involucrados, el comercio internacional
    de los mismos, el empleo consecuente y el eslabonamiento productivo local”.
    Esta clase de programas se inscribe en la necesidad de promover políticas
    públicas que introduzcan la perspectiva de las tramas productivas
    a través de la cooperación de empresas e instituciones para
    competir en mercados abiertos. En las últimas décadas se reafirmó
    la idea que una parte significativa de la competitividad de la producción
    se basa en las formas de articulación entre las diversas etapas de
    producción y comercialización: desde el insumo básico
    hasta el consumidor final.
    En estos esquemas, la asociatividad y la cooperación tienden a romper
    con los falsos dilemas entre empresas grandes y pequeñas y medianas
    empresas, o entre sector agropecuario, industria manufacturera y producción
    de servicios.
    Tres formas de diseño
    De la experiencia internacional en políticas para la creación
    y el fortalecimiento de tramas productivas, se puede señalar que
    existen al menos tres formas de diseño e implementación determinadas
    en cada caso por el tipo de vinculación entre agentes que se busca
    promover. Por un lado, los programas focalizados en la relación entre
    firmas grandes y Pymes. Básicamente, se trata de acciones para el
    desarrollo de proveedores y de clientes de las empresas de mayor tamaño.
    Por otro lado, los proyectos asociativos de empresas Pymes en áreas
    de gestión, comercialización, I+D y capacitación. Estos
    esquemas, en general, aplican criterios de aglomeración territorial
    (como la promoción de clusters). Finalmente, aparecen aquellas políticas
    que intentan abarcar al conjunto de una cadena productiva a través
    de acciones comunes de carácter público y privado. Es aquí
    donde se ubican programas tales como los foros productivos.
    En particular, estos Foros Nacionales de Competitividad se proponen como
    ámbitos de interacción y compromiso entre el gobierno y el
    sector privado para mejorar el acceso de las empresas localizadas en el
    país a los instrumentos de política ya existentes en el sector
    público, para establecer metas estratégicas e instrumentales,
    y para consensuar propuestas de acciones a seguir.
    Tienen como antecedente cercano el relativamente exitoso Fórum de
    Competitividade en Brasil. Este programa inicialmente formó parte
    del plan 2000/03 “Avança Brasil” y buscaba actuar sobre
    la capacidad competitiva del sector productivo brasileño por medio
    de la interacción de empresarios, trabajadores, Poder Ejecutivo y
    Congreso Nacional, mediante la construcción de consensos sobre metas
    y acciones para cada una de las cadenas productivas seleccionadas. Durante
    2002 se instalaron ocho foros, correspondientes a la construcción
    civil, textil y confecciones, plástico, complejo electrónico,
    madera y muebles, cuero y calzado, transporte aéreo y turismo. En
    septiembre de 2002 se firmó el primer Contrato de Competitividade
    con la cadena textil y de confecciones que había cumplido con todo
    el ciclo del programa (desde el diagnóstico y agenda de propuestas
    hasta la definición de mecanismos de solución y el compromiso
    de metas).
    Posteriormente, el presidente Lula da Silva buscó fortalecer el funcionamiento
    de los foros, reinstalando algunos y creando otros nuevos (como siderurgia,
    farmacéutica, automotriz, bienes de capital, higiene, perfumería
    y cosméticos, agroquímicos). En la actualidad, los foros tienen
    como objetivo elevar la competitividad industrial en el mercado mundial
    de unas veinte cadenas productivas brasileñas.


    Los nueve elegidos
    En Argentina, hasta el momento, el sector público ha seleccionado
    nueve cadenas productivas. Estos nueve foros reúnen a los sectores
    industriales de madera y muebles, cuero y sus manufacturas, textil e indumentaria,
    maquinaria agrícola, materiales para la construcción civil
    y otros cuatro sectores que han desarrollado sus ventajas a partir de
    la producción de nuevas tecnologías: software y servicios
    informáticos, industrias de base biotecnológica, industrias
    de gas vehicular e industrias de base cultural. El gobierno señala
    que la selección “responde a la identificación de sectores
    industriales que poseen ventajas comparativas que se deben convertir en
    sustentablemente competitivas en el tiempo; y, asimismo, responde a los
    límites operativos y ejecutivos para llevar adelante con consistencia
    este programa”.
    Los sectores seleccionados forman un conjunto muy heterogéneo,
    tanto en términos de impacto y relevancia en la estructura económica,
    como en la dinámica productiva de los últimos años.
    Así, se pueden encontrar algunos que han venido evolucionando en
    forma espontánea, favorecidos por el abaratamiento de los bienes
    de capital e informática importados durante el decenio de los ‘90
    y que en el nuevo escenario de precios relativos, una vez “hundida”
    esa inversión, mejoran notablemente su competitividad. Tal es el
    caso de la producción de software y servicios informáticos
    (unas 500 empresas con ventas por $ 3 mil millones y que duplicaron sus
    exportaciones en el último bienio) o el de la industria de bienes
    culturales (en particular en lo referido al proceso de modernización
    del equipamiento audiovisual).
    Otras industrias, como el complejo textil y de indumentaria, la producción
    de cuero y sus manufacturas y la maquinaria agrícola, se han visto
    afectadas fuertemente por la competencia externa durante el régimen
    de convertibilidad, particularmente en aquellas etapas del proceso productivo
    de mayor valor agregado. Sólo a título de ejemplo, se puede
    observar que en 2003 el valor agregado por estos complejos industriales
    aún se ubicaba alrededor de 40% por debajo de los niveles de principios
    de los años ‘90.
    Un caso aparte, es el de la industria de gas natural comprimido que aumentó
    fuertemente su participación dentro de la matriz de combustibles
    para vehículos (pasó de representar menos de 2% en 1990
    a niveles de 15% en los últimos años), asociada al menor
    costo relativo del insumo, y que actualmente es eje de un debate público
    a partir de las diferentes opiniones entre áreas del gobierno en
    lo referido a la crisis energética.
    De por sí, la ausencia de foros de competitividad en otros sectores
    es cuestionable y refleja una insuficiencia del programa vigente. De todas
    formas, es evidente que si existen límites operativos que suponen
    no examinar directamente buena parte del aparato productivo instalado
    es necesario considerar la “representatividad cualitativa”,
    es decir, la medida en que determinado sector expresa situaciones que,
    desde el punto de vista de la estructura de mercado, la naturaleza de
    los procesos y productos, los factores de competitividad y la dinámica
    de innovación, son compartidas por otros que producen bienes diferentes,
    pero de los que se puede esperar un comportamiento similar.
    Por otra parte, también es importante atender al impacto agregado.
    Es necesario contemplar la dimensión relativa de cada sector (en
    función del tamaño de su contribución a los agregados
    macroeconómicos básicos) y la intensidad de eslabonamientos
    (en función de la densidad de la trama productiva real o potencial)
    con el propósito de maximizar el impacto esperado en términos
    de crecimiento y de derrame.
    Atendiendo a la diversificación del aparato productivo argentino
    y de sus actores económicos predominantes, parece importante relevar
    sectores basados principalmente en a) ventajas naturales; b) tecnologías
    maduras con innovaciones potenciales en diseño de producto; c)
    proveedores especializados y difusores de progreso técnico; y d)
    oferta de servicios privados con un fuerte componente de tecnologías
    de información y comunicación. Asimismo, resulta valioso
    evaluar mercados caracterizados por una elevada concentración y
    transnacionalización de la oferta y otros con predominio de pymes
    o condiciones de mayor competencia o contestabilidad.
    Las políticas productivas en el nuevo siglo parecen tener tres
    ejes clave que las ordenan: 1) fortalecer las capacidades de la economía,
    mediante el fomento del entrepreneurship y la innovación, la inversión
    en educación, y el mejor funcionamiento de los mercados de capital;
    2) estimular la cooperación intra y entre firmas e instituciones,
    en términos sectoriales, regionales y locales; y 3) fomentar la
    competencia, a través de la apertura de mercados y la transparencia.


    Requisitos básicos
    Pero además, las políticas productivas tendrían que
    respetar cuatro requisitos básicos sin los cuales pierden efectividad.
    El primero de ellos es que estén insertas en una estrategia económica
    de irrupción en el mercado mundial; en segundo lugar, que se garantice
    la continuidad en el tiempo de las políticas; en tercer lugar,
    que exista coordinación y coherencia con el resto de las políticas
    públicas; y en cuarto lugar, la creación de instancias institucionales
    del estado y de la sociedad civil con contrapesos para la ejecución
    de las políticas de modo que reduzcan el riesgo de captura rentística.
    Estos son algunos de los desafíos a enfrentar para que Argentina
    consolide un sendero de crecimiento económico sustentable y alcance
    una inclusión social fundada en su potencial productivo.
    En el tiempo transcurrido desde el lanzamiento del programa, la acción
    pública y privada desarrollada a partir de los foros de competitividad
    parece haber sido exigua y caracterizada por una falta de orientación
    general acerca de las oportunidades económicas concretas para el
    aparato industrial. Este comportamiento en parte reproduce la propia des-estructuración
    de las cadenas productivas y se ve reflejado en que la Argentina aún
    no ha definido, ni desde la perspectiva del sector público, ni
    desde el punto de vista de los agentes privados una línea de desarrollo
    productivo. Esta necesidad impostergable serviría como guía
    para las negociaciones comerciales en curso, tanto dentro del MERCOSUR
    como en los acuerdos sobre el ALCA y con la Unión Europea.
    Sin embargo, desde un punto de vista conceptual los foros de competitividad
    son una herramienta de coordinación que va en la dirección
    correcta de generar y fortalecer redes productivas, promoviendo una mayor
    diferenciación de productos y servicios, y la incorporación
    de mejoras de calidad a través de la interacción, de información
    compartida y de la identificación conjunta de mejoras.
    No siempre es sencillo para las empresas percibir los beneficios que surgen
    de las redes y de la cooperación, más aún, cuando
    están focalizadas en los problemas de competitividad de corto plazo.
    Asimismo, los foros pueden ser en su implementación un mecanismo
    de política que permita utilizar en forma eficiente los escasos
    recursos fiscales disponibles y establecer qué agentes económicos
    proveerán los distintos bienes públicos. Pero los foros
    de competitividad no alcanzan, por lejos, a conformar una política
    industrial integrada para una economía de desarrollo intermedio.

    Argentina es un país que posee una dotación relativa de
    activos abundante en recursos naturales. Estos recursos además
    tuvieron un avance notable en los últimos años. Abundantes
    recursos aumentan el nivel de la riqueza de un país y favorecen
    las capacidades potenciales de crecimiento económico, pero no garantizan
    el crecimiento sostenido. El desafío de aumentar la calidad del
    patrón de especialización productivo incorpora la movilización
    productiva y el mejor aprovechamiento de nuestros recursos naturales.
    La posibilidad de utilizar los mismos en cadenas productivas con mayor
    valor agregado, transitando al mundo de los productos diferenciados es
    una alternativa que permitiría superar las dificultades asociadas
    a nuestra economía. Mejorando la calidad de la inserción
    internacional.
    Este camino requiere de un uso intensivo de la calificación de
    los recursos humanos, del fortalecimiento del sistema innovador nacional
    y de fondos públicos y privados destinados a problemas concretos
    en instancias particulares que enfrenta la economía en su reestructuración
    productiva