Encuesta del CENARSECS UBA: 61% redujo consumo de productos con sellos octogonales
El relevamiento federal de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA midió el impacto del etiquetado frontal en alimentos y bebidas, en un contexto de debate sobre cambios y proyectos de derogación, y registró que 97% identifica los sellos y 79% modificó sus compras, con efectos directos en el consumo.

La Encuesta Nacional sobre Consumo Responsable, Hábitos Sustentables y Capital Social del Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial y Capital Social (Cenarsecs) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA relevó cambios en decisiones de compra vinculados a la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable y Etiquetado Frontal de Alimentos. El trabajo se difundió en un escenario en el que el Gobierno nacional anunció que promoverá cambios en la Ley de Etiquetado Frontal y algunos diputados del bloque oficialista avanzaron con proyectos que piden su derogación.
El estudio se propuso comprender “cómo se está reconfigurando el comportamiento” de consumidoras y consumidores en Argentina y qué lugar ocupan la responsabilidad social y la sustentabilidad en esas decisiones. La consulta buscó aportar una mirada federal sobre el fenómeno: qué valores pesan más, qué prácticas sustentables se sostienen incluso en un escenario económico adverso y qué obstáculos encuentran quienes intentan consumir de manera responsable.
Dentro de los hallazgos, el relevamiento incorporó preguntas sobre el etiquetado frontal y corroboró la relación entre el acceso a información “clara y accesible” y su impacto en hábitos de consumo. En ese apartado, el 97% de las personas consultadas respondió que nota en los envases de alimentos y bebidas los sellos de advertencia con forma de octógonos negros, mientras que el 94,5% indicó que comprende su significado.
En términos de conducta de compra, el 79% de la población afirmó que, como reacción a esta forma de etiquetar alimentos y bebidas, realizó algún tipo de cambio en sus compras. Además, más del 52% de los encuestados redujo o dejó de consumir un producto por contener sellos octogonales de advertencia.
Al sumar a quienes reemplazaron productos ultraprocesados por opciones más saludables, el Cenarsecs estimó que el 61% de la población efectivamente bajó el consumo de alimentos o bebidas por contener sellos. La proporción equivale a tres de cada cinco argentinos y se registra a dos años de la implementación plena de la ley.
Julián D’Angelo, director del Cenarsecs FCE-UBA, afirmó: “El etiquetado frontal ha conseguido lo que pocas políticas públicas de consumo logran, convertirse en una señal transversal, comprensible y relevante para personas de todas las edades”. También sostuvo: “Este mayor nivel de información tiene efectos concretos sobre los hábitos de consumo”.
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