sábado, 11 de abril de 2026

    Interrogantes de fin de siglo

    El cambio climático por causas antropogénicas que difieren de la variabilidad climática regular, fue el

    capítulo central de la Conferencia de las Naciones Unidas

    sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, celebrada en Río de

    Janeiro en junio de 1992. Allí se aprobó la

    Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio

    Climático, donde se establece como objetivo final la

    estabilización de la concentración de gases de efecto

    invernadero en la atmósfera a niveles que impidan

    interferencias peligrosas de origen humano en el sistema

    climático y en un plazo suficiente para permitir que los

    ecosistemas se adapten naturalmente al cambio.

    Para el logro de ese objetivo se fijan obligaciones diferenciadas.

    A los países desarrollados, del este europeo y de la ex

    Unión Soviética se les exige volver a los niveles de

    emisiones con efecto invernadero correspondientes a 1990. A los

    países en desarrollo se les exige confeccionar sus inventarios

    nacionales de gases de efecto invernadero.

    La primera conferencia de las partes signatarias de esta

    Convención se celebró en Berlín, en marzo de

    1995. En la tercera reunión (en Kioto, Japón, en

    diciembre de 1997) las partes aprobaron el llamado “Protocolo de

    Kioto”. En noviembre de este año, Buenos Aires será la

    sede de la cuarta reunión.

     

    Metas cuantitativas

    Mientras los objetivos de la Convención Marco de Río

    aparecían como expresiones de deseo, el Protocolo de Kioto

    introduce compromisos cuantitativos de reducción de gases de

    efecto invernadero y avanza sobre la discusión de mecanismos

    para efectivizar esas reducciones.

    La idea es terminar fijando metas cuantitativas de emisión

    per cápita en todo el mundo e institucionalizar una bolsa

    mundial donde empresas y estados puedan negociar de manera

    transparente derechos de emisión de gases de efecto

    invernadero.

    Las reglas previstas en el mecanismo de desarrollo sustentable van

    a permitir una transferencia de recursos a los países en

    desarrollo, teniendo en cuenta que tienen relativamente bajas

    emisiones per cápita.

    En la reunión de Buenos Aires se va a avanzar en la

    definición de los mecanismos de comercio mencionados y en el

    difícil tema de la verificación y el cumplimiento de

    los compromisos.

    La emisión mundial de dióxido de carbono procedente

    de la utilización de combustibles fósiles fue de unos

    6.000 millones de toneladas en 1990. Sin Protocolo de Kioto, una

    proyección del Ministerio de Industria y Comercio de

    Japón pronostica para el 2020 un aumento de las emisiones a

    9.500 millones de toneladas. Estados Unidos, que en 1990 era

    responsable de emitir unos 1.300 millones de toneladas, en el 2020

    pasará a emitir cerca de 2.000 millones. Esto da una idea de

    la envergadura del esfuerzo que debe hacer el mundo para estabilizar

    las emisiones en torno de los valores de 1990.

     

    El impacto económico

    Las consecuencias económicas de las metas ambientales de

    Kioto no han sido adecuadamente evaluadas, pero ya no se puede

    subestimar la voluntad política de seguir adelante.

    La industria petrolera debe comenzar a analizar escenarios

    alternativos post-Kioto.

    ¿Es imaginable que en el 2010 el principal consumidor de

    petróleo del mundo esté demandando menos crudo que en

    1997? ¿Qué escenario de precios acompaña esa

    posibilidad? ¿En cuánto hay que gravar los combustibles

    fósiles en el mundo desarrollado para alcanzar las metas de

    Kioto? ¿Cuál es la incidencia de este escenario sobre las

    inversiones de la industria petrolera? Incógnitas de fin de

    siglo.