viernes, 3 de abril de 2026

    De las turbulencias a la amenaza de crisis global

    Hasta hace pocos años, toda crisis en el sector financiero solía
    comenzar y terminar por los bancos. Cada vez que había temores o abierto
    pánico, se producían las clásicas corridas cuando los ahorristas
    intentaban recuperar sus fondos con celeridad vertiginosa, sin que a veces las
    entidades de crédito tuvieran tiempo para obtener más recursos.

    Ya no más. Claramente el riesgo se genera en los distintos fondos de
    inversión, fondos de cobertura, los hedge funds y toda la parafernalia
    de instrumentos financieros sofisticados que han proliferado.
    Al final, y de rebote, también sufren los bancos, puesto que han securitizado
    hipotecas u otros créditos con garantía colateral, y cuando el
    sistema hace agua, también los alcanza la ola. Es por eso que los bancos
    centrales responden de urgencia inyectando recursos para preservar la actividad
    financiera habitual, la de préstamos y depósitos, la de inversionistas
    en acciones o títulos de deuda pública.
    Para la región esta situación es inconveniente, porque parecía
    estar casi en un punto de inflexión con la reforma de sistemas legales
    y financieros, reducción de deuda y consolidación de superávit
    fiscal. A pesar de lo alentador de la oportunidad ahora en riesgo, no hay que
    perder de vista que el total de los activos financieros de toda la región
    es del orden de US$ 3 billones (millones de millones), mientras que el de China
    es de US$ 5 billones. Otra manera de verlo: esos activos regionales representan
    133% del PBI; mientras que en los países emergentes de Asia la relación
    es de 228% (y de 230% en el caso de China). Por último, no es Latinoamérica
    la región más favorecida por el ingreso de capitales extranjeros,
    una tendencia que puede ser más negativa a partir de este momento.

    El debate de fondo
    La pregunta obligada es: ¿Hay margen para el deseado soft landing
    o aterrizaje suave de la economía estadounidense? Es evidente que la
    intención de Washington es hacerlo en forma gradual, con paulatina depreciación
    del dólar. Cuando eso ocurra, o a medida que ocurra, habrá sustanciales
    transformaciones en las corrientes de comercio mundial y diferentes consecuencias
    para los protagonistas.
    Uno de los grandes protagonistas es Ben Bernanke, titular de la FED desde hace
    18 meses y que enfrenta ahora su primer gran desafío. Su primera reacción
    fue inyectar liquidez suficiente para que los bancos sigan prestando y los pequeños
    inversionistas sigan adquiriendo títulos y acciones. Cuando vio que no
    alcanzaba, y que la epidemia era global, redujo la tasa básica en medio
    punto. Con lo que consiguió un alivio provisorio pero realimentó
    el debate de fondo.
    ¿La Reserva Federal, debe asistir a los fondos y especuladores que compraron
    las hipotecas que ha llevado a esta turbulencia mundial? ¿O solamente
    debe inyectar fondos suficientes para conjurar el riesgo?
    Esto último fue lo que comenzó a hacer, pero cuando no alcanzó,
    bajó la tasa de referencia de la Reserva Federal. Hay quienes sostienen
    que con interés menor, los operadores de los peligrosos “hedge
    funds
    ” se verán favorecidos porque el mercado inmobiliario
    podría detener su caída e incluso fortalecerse (caerían
    las tasas de los préstamos hipotecarios).
    Esa línea de pensamiento, que suscita mucho apoyo, cree que reducir la
    tasa de interés era lo último en lo que había que pensar.
    Se puede estimular –sostienen– un resurgimiento de la famosa burbuja
    inmobiliaria, realimentando la crisis que se quiere evitar.
    Si Bernanke se detiene en este punto, fijará un límite: los especuladores
    tendrán que afrontar las consecuencias de sus actos. Pero si la crisis
    se profundiza será difícil resistir la presión por nuevas
    reducciones en las tasas de interés.
    Lo cierto es que la intervención masiva de los bancos centrales de Europa
    y Asia, además del de Estados Unidos y otros países emergentes,
    está ya en el orden de US$ 500 mil millones.
    Antes de fin de año se sabrá si la “turbulencia” quedó
    controlada o si estamos ante una crisis sistémica y global que nos acompañará
    un largo tiempo. Por suerte, la mayoría de los indicadores apunta en
    la primera dirección.







    Todos los cuadros


    1- Ranking de los bancos por activos.
    2- Los principales bancos minoristas.
    2 bis- Ratio personal/filiales.
    3- Cantidad de cuentas por bancos.
    3 bis- Cantidad de operaciones a plazo por bancos.
    4- Cantidad de cuentas sueldo y empresas pagadoras por banco.
    5- Depósitos totales por banco.
    6- Depósitos por banco por sector de origen.
    6 bis- Proporción de los depósitos del sector privado
    / total depósitos.
    7- Estructura de depósitos del sector privado no financiero.
    7 bis- Proporción de depósitos plazo fijo / depósitos
    sector privado.
    8- Préstamos por entidad.
    9- Préstamos totales por sector de destino.
    10- Préstamos al sector privado no financiero por tipo de préstamo.
    11- Cantidad de tarjetas de crédito emitidas.
    12- Montos financiados a través de tarjeta de crédito,
    por banco.
    13- Financiamiento al consumo.
    14- Financiamiento al comercio exterior.
    15- Créditos hipotecarios para vivienda.
    16- Calidad de la cartera.
    17- Previsiones sobre mínimas exigidas.
    18- Eficiencia administrativa.
    19- Eficiencia comercial.
    20- Rentabilidad contable del sistema bancario.

    Los bancos recuperan terreno

    Bonanza, pero todavía con un largo camino por recorrer

    En 2006 los depósitos crecieron en magnitud y plazo, se aceleró
    la devolución de la asistencia por iliquidez concedida a las entidades
    durante la crisis, el aumento anual del crédito nominal al sector privado
    superó 40% y las ganancias contables del sistema alcanzaron a 2% del
    activo y 14,8% del patrimonio neto. Este año se han consolidado las tendencias
    positivas.

    El último dato conocido del Estimador Mensual de Actividad Económica,
    correspondiente al mes de junio de este año da cuenta de un crecimiento
    interanual de 8,3%. De continuar esta tendencia en los pocos meses que faltan,
    el año en curso seguramente finalizará con una tasa de incremento
    del PIB cercana o levemente superior a 7,7% (así lo indican los analistas
    de mercado que participan del relevamiento de expectativas que permanentemente
    realiza el BCRA). Salvo movimientos bruscos e inesperados en el escenario internacional
    que terminen por afectar significativamente el alto precio actual de los commodities
    agropecuarios, y por ende, la dinámica de nuestras exportaciones, el
    crecimiento del año que viene se ubicará, en todo caso, apenas
    en un escalón inferior.
    La probabilidad de que incidan esas derivaciones internacionales indeseadas
    todavía no tiene soporte concluyente, aunque abundan los vaticinios en
    ese sentido. Es que, después del estallido de ciertos episodios que todavía
    desatan profundas preocupaciones en los mercados financieros globales por el
    potencial contagio de sus efectos hacia otros mercados, aumentó la inquietud
    en el ámbito financiero.
    En efecto, en Estados Unidos, la fuerte suba en los incumplimientos de los créditos
    hipotecarios en el segmento más riesgoso del mercado –clientes
    sin suficientes antecedentes financieros o con un pobre historial crediticio–
    ha dado lugar a la llamada crisis de subprime mortgages. Que comenzó
    afectando la volatilidad de las inversiones más riesgosas, entre ellas
    los papeles de deuda de las economías emergentes cuyo spread aumentó
    considerablemente (de hecho, la Argentina hoy se encuentra imposibilitada de
    colocar nueva deuda en los mercados internacionales y ha crecido su dependencia
    crediticia para financiar los vencimientos de capital de los desembolsos que
    realicen el BID, el Banco Mundial y Venezuela) y a los fondos especializados.

    Pero, hasta este momento, este proceso de corrección de precios de los
    riesgos, que aún no da señales contundentes de haber finalizado,
    ha podido ser manejado en forma relativamente eficiente por los principales
    bancos centrales mediante inyecciones masivas de liquidez, acotando sus efectos
    y evitando el contagio masivo hacia otros segmentos (además de la oportuna
    decisión de la Reserva Federal de reducir la tasa de interés referencial).
    La principal economía mundial parece, en el lado real, mantener una posición
    sólida y de ninguna manera se ha visto conducida hacia un aterrizaje
    forzoso que afecte los mercados internacionales.
    De modo que los pronósticos sobre la incidencia de la situación
    externa en la Argentina son todavía mayoritariamente coincidentes y favorables.
    En nuestro país, en lo que resta de este año y el próximo,
    el crecimiento del nivel de actividad seguirá sustentándose en
    un comportamiento dinámico de la demanda agregada, impulsada principalmente
    por el consumo privado. En ese contexto, la actividad que vienen registrando
    los servicios de intermediación financiera sobresale por encima del resto
    de los servicios.

    Fuerte recuperación
    Repasemos brevemente la historia más reciente del sistema financiero.
    Tras la crisis bancaria que acompañó el colapso del régimen
    de convertibilidad que gobernó la macroeconomía argentina a lo
    largo de la década pasada, el sector financiero exhibió tasas
    de crecimiento (y rentabilidad) negativas a lo largo de todo el período
    2002-2004.
    Recién a partir del último trimestre de 2004, el producto del
    sector de servicios financieros pudo registrar un punto de inflexión
    y comenzó a evidenciar cierta mejoría. Luego, 2005 fue el primer
    ejercicio desde la crisis en que el sistema mostró un resultado anual
    positivo. La recuperación del volumen de depósitos y del crédito
    al sector privado permitió ese año revertir los resultados negativos
    de los años anteriores: –8,9% en 2002; –2,9% en 2003; –0,5%
    en 2004; hasta llegar finalmente a +1% en 2005 (porcentaje de rentabilidad,
    en estos casos, como proporción de los activos).
    En 2006, el producto del sector financiero pegó un nuevo salto hacia
    adelante y registró un espectacular crecimiento de 22,2%, superando el
    ritmo de expansión que este sector había mostrado incluso durante
    un período de auge, como fue la recuperación post-tequila a mediados
    de los 90 –aunque, obviamente, en la contracción de la crisis 2001/2
    fue mucho mayor. Efectivamente, en 2006 los depósitos crecieron en magnitud
    y plazo, se aceleró la devolución de la asistencia por iliquidez
    que el BCRA había concedido a las entidades durante la crisis, el crecimiento
    anual del crédito nominal al sector privado superó 40% y las ganancias
    contables del sistema alcanzaron a 2% del activo y 14,8% del patrimonio neto.

    A lo largo de los meses que han transcurrido de 2007, el sistema bancario no
    ha hecho más que consolidar las tendencias muy positivas verificadas
    en los dos años anteriores. El contraste entre el punto más duro
    de la crisis y la situación actual no podría ser más marcado
    y ello se refleja en el cuadro de rentabilidad (el número 20) que figura
    más adelante.
    Lejos de aquella situación de estrés tan agobiante, el sistema
    parece hoy más bien hallarse en una posición de relativa comodidad:
    los redescuentos fueron cancelados en forma anticipada casi en su totalidad
    (sólo una entidad, el Bapro, registra aún este tipo de deuda con
    el Banco Central, que viene reduciendo en tiempo y forma); el público
    ofrece crecientes depósitos e incluso varias entidades han logrado captar
    fondeo en los mercados de capitales internacionales; los bancos compran los
    instrumentos de regulación monetaria (Lebac, Nobac) que regularmente
    emite el BCRA; acuerda pases pasivos con dicha entidad, otorga créditos
    al sector privado (mayormente para consumo y a corto plazo), cobra comisiones
    por casi toda su operatoria (casi tanto como por intereses). En síntesis,
    el sector obtiene rentabilidad con una dosis no exagerada de esfuerzo.
    No obstante, el sistema tiene aún un largo camino por recorrer. Seguimos
    teniendo un sistema financiero reducido. El crédito al sector privado
    apenas si supera 11% del PIB, una proporción significativamente menor
    a la que exhiben no ya las economías más desarrolladas sino también
    nuestros vecinos de similar grado de desarrollo como Brasil o Chile (de hecho,
    este último exhibe la mayor penetración financiera de América
    latina).
    Las tareas pendientes son aún numerosas e incluyen la incorporación
    al sistema de una mayor franja de la población hoy todavía desatendida
    por el sistema formal y sujeta a pagar tasas de interés usurarias en
    el circuito informal –especialmente aquellas que residen más lejos
    de los principales centros urbanos del país–; el retorno del crédito
    hipotecario para la clase media (hoy dificultado por el elevado peso de la cuota
    sobre el ingreso familiar) cuya resolución exige el desarrollo de instrumentos
    financieros sofisticados más allá de la reiteración mediática
    de anuncios tipo “Plan para inquilinos”; y por último el
    desarrollo del crédito a largo plazo para inversión.
    Posiblemente, también hacia futuro se observa una mayor tendencia hacia
    la concentración en el sector, tal como se ha registrado en otros países.
    Si bien en la literatura especializada es un tema discutido y existen posiciones
    encontradas entre los especialistas, no caben dudas de que existen economías
    de escala en la disponibilidad tecnológica y en el cumplimiento de la
    regulación.

    Estructura física del sistema
    Al cierre del mes de mayo el sistema financiero argentino contaba con 69 bancos
    autorizados para operar, un número menor de compañías financieras
    (la mayor parte de las cuales están vinculadas con la industria automotriz
    y dedicadas al financiamiento del creciente mercado automotor argentino) y dos
    cajas de crédito (en proceso de transformación) que permanecen
    bajo la órbita de supervisión del BCRA. Pero del total de bancos,
    sólo 49 entidades atienden al público minorista.
    En ese conjunto conviven entidades públicas, mixtas, cooperativas y privadas
    de capitales nacionales y extranjeras. El sistema cuenta con 3.944 filiales
    habilitadas y 7.729 cajeros automáticos, la mayor parte de ellos ubicados
    en Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, pero recientes modificaciones
    formativas del BCRA intentan estimular una mayor presencia bancaria en el interior
    del país.
    Las entidades privadas de capitales nacionales, menos expuestas a los desequilibrios
    provocados por la crisis de 2001/2, aprovecharon los años de turbulencia
    para ir avanzando y ganando posiciones en el mercado financiero local. Así
    es como se observa la consolidación del grupo Macro que lidera Jorge
    Brito, también presidente de Adeba –la asociación de bancos
    de capitales nacionales– y del grupo Petersen, que encabeza Enrique Eskenazi,
    cuya pretensión de adquirirle a Repsol una porción minoritaria
    de acciones de YPF ha tomado estado público a través de los medios
    y parece recibir un apoyo implícito de parte del Gobierno.
    El grupo Macro tiene intereses en los bancos Macro, Nuevo Banco Bisel, Nuevo
    Banco Suquía, Banco Tucumán mientras que las inversiones en el
    sector financiero del grupo Petersen exhibe diversas participaciones accionarias
    en Banco San Juan, Banco de Santa Cruz, Nuevo Banco de Santa Fe y Nuevo Banco
    de Entre Ríos.
    Por otro lado, ocurrió la absorción de Banco Banex por parte de
    Banco Supervielle (el 1º de julio pasado se observó el cambio en
    las marquesinas de sus sucursales) y el anuncio de la compañía
    financiera Masventas, con sede en Salta, de convertirse en banco (operación
    recientemente autorizada por el Banco Central). Antes, el banco Patagonia había
    comprado las sucursales locales del Lloyds. Estos avances han permitido al conjunto
    de bancos privados consolidados superar recientemente a la banca pública
    en la tenencia de depósitos privados.
    Por su parte, los mayores movimientos observados en el segmento de la banca
    minorista extranjera han sido la compra de la rama local de BNL por parte de
    HSBC y el desembarco del banco sudafricano Standard Bank, de la mano del grupo
    Werthein, para continuar la operatoria de BankBoston que, luego de una centuria,
    se retiró de toda la región. Las entidades financieras de capitales
    extranjeras han mantenido en los años post-crisis una participación
    que osciló alrededor de 40% de los depósitos privados.

    Los principales bancos minoristas
    El cuadro 1 detalla los principales bancos que hoy operan en la Argentina, de
    acuerdo con el tamaño de su activo, (en miles de pesos, datos a mayo
    de 2007).
    En él se observa la presencia de la filial local de Deutsche Bank así
    como de la sucursal local de Bank of America, N.A. Ambas entidades operan en
    la Argentina, fundamentalmente, en el segmento mayorista y/o banca de inversión.
    Por cierto, no son las únicas entidades con presencia local que apuntan
    a ese segmento del mercado: están el ya mencionado MBA, el ABN Amro Bank,
    y JPMorgan Chase –por nombrar sólo algunos– que comparten
    ese segmento.
    La especialización de los bancos de inversión –según
    explica el BCRA en el recientemente creado Portal del cliente bancario
    está centrada en “actividades de inversión, a través
    de la emisión de títulos, el asesoramiento de empresas y la búsqueda
    de recursos e inversionistas para nuevas compañías”. Tampoco
    forma parte de este conjunto el Bice. En efecto, Banco de Inversión y
    Comercio Exterior –tal su nombre completo– es un banco público
    nacional que tiene por objeto –según su propio estatuto, publicado
    en su página web– “realizar las operaciones activas,
    pasivas y de servicios propias de los bancos comerciales de segundo grado.
    En los primeros puestos de la lista de entidades se observa la presencia de
    las principales bancos públicos (Nación; Provincia de Buenos Aires;
    Ciudad de Buenos Aires), los principales bancos privados extranjeros (Santander
    Río, BBVA Francés, HSBC, Citibank, Standard Bank) la banca privada
    nacional de gran tamaño (Galicia, Macro, Patagonia), el único
    banco cooperativo (Credicoop) y un banco de propiedad mixta entre el Estado
    nacional y el sector privado pero con gestión privada (Hipotecario).
    En el resto de la lista predominan bancos privados de capital nacional de tamaño
    mediano que conviven con el brasileño Itaú y el banco propiedad
    de la provincia de Córdoba.


    Los principales bancos públicos del país son también los
    que mayor presencia tienen (ver cuadro 2). En efecto, el Banco Nación
    tiene 624 filiales distribuidas en todo el territorio mientras que Banco Provincia
    tiene 324 pero ubicadas exclusivamente en el área de la provincia de
    Buenos Aires y de Capital Federal. En ambos casos debe tenerse en cuenta que
    su estructura no responde exclusivamente a las demandas de mercado.
    Entre las varias funciones asignadas a la banca pública se encuentra
    la de servir a segmentos de la población no atendida generalmente por
    la banca comercial. Así, existen agencias de estas entidades en localidades
    de escasa población o donde los incentivos de mercado son insuficientes
    para atraer a la banca privada. Son numerosas las localidades del país
    que cuentan únicamente con la presencia de la banca pública y
    la sucursal más cercana de la banca privada se encuentra a varios kilómetros
    de distancia. También debe tenerse en cuenta que estas entidades resultan
    susceptibles de recibir presiones políticas de diversa índole
    (incluyendo llamados de gobernadores, intendentes, o de fuerzas vivas locales)
    promoviendo la apertura de filiales en localidades que, en forma independiente,
    no constituyen unidades de negocio rentables.
    Los bancos Galicia, BBVA Francés, Santander Río y Credicoop constituyen
    el escalón siguiente. Son grandes bancos de alcance nacional y cada uno
    de ellos tiene más de 200 sucursales. La distribución geográfica
    difiere levemente entre ellos: BBVA Francés y Banco Galicia tienen por
    lo menos una filial en todas las provincias. Santander Río está
    ausente sólo de Formosa, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Credicoop no
    tiene presencia en esas tres y tampoco en Catamarca y La Rioja.
    Los bancos HSBC, Itaú Buen Ayre, La Pampa, Macro, Nuevo Bisel, Nuevo
    Santa Fe, Nuevo Suquía, Patagonia, y Provincia de Córdoba tienen
    cada uno entre 100 y 200 filiales. Pero su distribución difiere más
    que entre los grandes bancos nacionales. HSBC, con 148 filiales, y el Macro
    (146) se les asemejan bastante y tienen presencia en todas las provincias con
    pocas excepciones en cada caso (Formosa en ambos). Patagonia tiene apenas menor
    cantidad de filiales, pero presencia en todo el país. Por su parte, Itaú
    Buen Ayre, Nuevo Bisel, y Nuevo Suquía están más concentrados
    en la zona pampeana y de Cuyo. Y Banco de La Pampa, Nuevo Santa Fe y Provincia
    de Córdoba muestran una alta concentración en su provincia de
    origen.

    Cajeros automáticos
    Obviamente las entidades de mayor alcance son también las que disponen
    de más cajeros automáticos. Provincia, Santander Río y
    Nación son, en ese orden, las que encabezan el ranking pero BBVA, Standard
    Bank, Galicia y HSBC tienen cada una de ellas más de 500 cajeros. Credicoop
    tiene más de 400 y Macro más de 300.
    Son interesantes las comprobaciones del cuadro 2 bis con la relación
    entre dotación de personal y filiales. Pero sus resultados deben ser
    manejados con cuidado. Si bien, por un lado, una baja relación entre
    personal y filiales puede significar la existencia de un banco eficiente y con
    alta incorporación de tecnología, como podría ser el caso
    del Itaú, en el otro extremo, una alta relación no necesariamente
    significa un banco ineficiente.
    Por ejemplo, un banco extranjero como Citibank podría estar utilizando
    su alta capacidad de procesamiento para cubrir necesidades de otras localizaciones
    fuera del país. Por último, el dato es simplemente un promedio:
    en una misma entidad pueden convivir megasucursales abarrotadas de empleados,
    y pequeñas sucursales con una dotación de personal que resulta
    realmente escasa para su funcionamiento. Se han observado casos de este tipo
    especialmente en la banca pública.

    Distintos tipos de cuentas
    En el cuadro 3 se detalla la cantidad de cajas de ahorro y cuentas corrientes
    que exhibe cada banco. El orden es similar al observado con relación
    a la presencia territorial de cada banco: Nación, Provincia de Buenos
    Aires, Santander Río, Patagonia, HSBC, Macro, Nuevo Santa Fe y Standard
    Bank encabezan el ranking de cantidad de cajas de ahorro, mientras que Credicoop
    y Suquía se agregan a la lista señalada en el caso de las entidades
    con mayor número de cuentas corrientes.
    Pero estos números pueden prestarse a cierta confusión y deben
    ser manejados cuidadosamente si se pretende cierta precisión. En efecto,
    en algunos casos, las entidades ofrecen paquetes de servicios completos que
    comprenden tanto una cuenta corriente como una caja de ahorro y no necesariamente
    ambas son utilizadas. En otros, son cuentas sueldo, sobre las que se detalla
    a continuación. Inclusive en los bancos oficiales están incorporados
    en estos registros cuentas utilizadas para el pago de planes sociales. En síntesis,
    si bien estos registros responden a la cantidad de cuentas abiertas, no reflejan
    necesariamente la demanda voluntaria de mercado por determinado bien o servicio
    bancario.
    El número de operaciones a plazo fijo (cuadro 3 bis) proporciona un orden
    más claro respecto a los bancos preferidos por el público para
    el resguardo de sus ahorros. Mientras los individuos prefieren a BBVA Francés,
    Ciudad de Buenos Aires, Credicoop, Galicia, HSBC, Macro, Nación, Nuevo
    Suquía, Provincia de Buenos Aires y Santander Río, el banco Hipotecario
    también figura entre los preferidos de las empresas.


    En el cuadro 4 se observa la cantidad de cuentas salario que cada entidad posee
    así como el número de empresas que pagan a través de ese
    mecanismo. La obligatoriedad del pago de los salarios a través del sistema
    bancario para las empresas de tamaño grande fue, en su momento, un importante
    paso en favor de una mayor formalidad y bancarización.
    A los bancos les permite conseguir una importante cantidad de clientes a los
    que puede vender diversos servicios, tales como tarjetas de crédito,
    créditos personales, etc. Los bancos Provincia de Buenos Aires, Galicia,
    Nación, Santander Río, BBVA Francés, Patagonia, Macro,
    Credicoop, Nuevo Entre Ríos, Nuevo Santa Fe, HSBC, Standard Bank, Provincia
    de Córdoba, Ciudad de Córdoba y Santiago del Estero encabezan
    el ranking, cada uno de ellos con más de 100.000 cuentas salario.
    Se nota, por tanto, una fuerte presencia de la banca pública, de la ex-banca
    provincial privatizada y de los grandes bancos privados en este segmento del
    mercado. Debe tenerse en cuenta que incluso varios bancos privados mantienen
    convenios de pago salarial con importantes entes estatales. Entre ellos, el
    BBVA Francés con el Ministerio de Economía, el Patagonia con la
    Universidad de Buenos Aires y otros por el estilo.

    Distribución de los depósitos
    En los cuadros siguientes se observan la distribución por banco de depósitos
    totales (cuadro 5), de acuerdo al sector de origen (cuadro 6) y de acuerdo al
    tipo de depósito (cuadro 7). En el primero de ellos se reitera el pelotón
    habitual en los primeros puestos: Nación, Provincia de Buenos Aires,
    BBVA Francés, Santander Río, Galicia, HSBC, Ciudad de Buenos Aires,
    Citibank, Credicoop, Macro y Stantard Bank mantienen, en ese orden, los primeros
    once lugares.
    Las variaciones en ese orden son apenas perceptibles si tomamos en cuenta únicamente
    los depósitos del sector privado. Lo más destacado: Santander
    Río escala hasta el 2º puesto mientras que Banco Provincia de Buenos
    Aires desciende al 5º lugar. Asimismo, se han agregado dos cuadros. El
    6 bis para resaltar la importancia de los depósitos del sector privado
    en cada banco (se observa, especialmente, su escasa ponderación en varios
    bancos públicos: Nación –a pesar de contar con un alto volumen–,
    San Juan S.A. y Provincia de Neuquén) y el 7 para observar la ponderación
    de los depósitos a plazo en cada uno de ellos. Esto es importante, ya
    que un mayor plazo promedio de los depósitos permite fondear créditos
    a plazos mayores. La preferencia del público se inclina generalmente
    por los plazos menores.
    Si bien no se cuenta con datos precisos respecto al promedio actual de duración
    de los depósitos es conocido el hecho que, en la Argentina, la mayor
    parte de los plazos fijos se colocan en la franja 30 a 59 días. Los depósitos
    indexados mediante la aplicación del índice CER que tenían,
    por normativa del BCRA, un plazo de colocación mínimo de un año
    están tendiendo a desaparecer, sobre todo a partir de la “intervención”
    sufrida en la elaboración del Ïndice de precios al Consumidor. Por
    el contrario, se observa el avance de plazos fijos precancelables (colocaciones
    constituidas mayormente a 180 días de plazo) donde el ahorrista puede
    recuperar anticipadamente los fondos, en caso de necesidad, al costo de resignar
    parcialmente el nivel de la tasa de interés pactada para toda la extensión
    de la inversión.

    Distribución de préstamos
    En los cuadros siguientes se precisa la distribución de los préstamos
    totales (cuadro 8), por sector de destino (cuadro 9) y por tipo de préstamos
    (cuadro 10), en el caso de los préstamos dirigidos al sector privado
    no financiero. La reducción en la exposición al sector público
    no financiero ha sido fuertemente inducida por el Banco Central, que ahora permite
    mantener en ese rubro sólo hasta 35% de los activos.


    En el cuadro 10 se comprueba la importancia del rubro “otros”, que
    se ha desglosado más adelante con la incorporación del cuadro
    de tarjetas de crédito para complementar el panorama del financiamiento
    al consumo y el cuadro de financiamiento al comercio exterior.
    El financiamiento al consumo y al comercio exterior son hoy dos ramas muy importantes
    del sistema financiero. En la post-crisis, los bancos aplicaron políticas
    muy agresivas en la colocación de préstamos al consumo, para compensar
    una demanda muy detraída del crédito comercial.
    Las firmas se encontraron líquidas en el corto plazo para financiar el
    capital de trabajo, se mostraron extremadamente reticentes a tomar prestado
    a tasa variable y prefirieron encarar el financiamiento de sus inversiones mediante
    la reinversión de utilidades y aportes de capital propio, por lo que
    los bancos utilizaron el financiamiento del consumo para canalizar parte de
    sus excedentes de liquidez y obtener rentabilidad.


    La agresiva colocación de tarjetas de crédito por parte de las
    entidades (¿quién no ha recibido en su domicilio una tarjeta que
    ni siquiera había solicitado?) se inscribe en esa dirección. La
    cantidad de “plásticos” emitidos por las entidades bancarias
    se detalla en el cuadro 11 mientras que los saldos financiados –al cierre
    del mes de mayo– a través de esta modalidad se pueden observar
    en el cuadro 12. Últimamente también se ha observado una mayor
    preocupación de los bancos por alcanzar a una franja de público
    del interior del país, antes sólo atendida por tarjetas regionales.


    Si bien el crecimiento de los créditos al consumo se ha atenuado ligeramente
    en los últimos meses, en el conjunto de bancos analizados, este financiamiento
    todavía alcanza a 28% de los préstamos al sector privado. Pero
    en algunos casos notables, como Macro y Provincia de Neuquén supera 40%
    y en el caso de Provincia de Córdoba 50%. Por su parte, los préstamos
    prendarios e hipotecarios vienen acelerando su crecimiento pero desde un punto
    de partida bajo (muy bajo en el caso específico de hipotecarios para
    la vivienda). De acuerdo a la información que surge de balances, Banco
    de la Provincia de Buenos Aires encabeza la colocación de préstamos
    hipotecarios para vivienda. Lo siguen Santander Río, Nación, Hipotecario,
    BBVA Francés y Galicia, en ese orden (ver cuadro 15).


    Pero puede haber bancos que actúen simplemente como colocadores y luego
    securiticen esos activos en los mercados de capitales. De hecho, el BCRA ha
    relanzado recientemente el manual de originación de créditos hipotecarios
    favoreciendo la homogenización de contratos para su posterior securitización.

    El financiamiento del comercio exterior constituyó la única aplicación
    posible para los depósitos en moneda extranjera (depósitos sobre
    los que pagan una tasa de interés muy baja a quienes, por razones de
    seguridad, prefieren mantener sus dólares en el circuito financiero en
    lugar de depositarlos en una caja de seguridad o esconderlos bajo el colchón).
    En efecto, para evitar un nuevo descalce de monedas, la normativa bancaria se
    tornó mucho más estricta y sólo pueden prestarse dólares
    a quienes reciban ingresos en moneda extranjera. Los préstamos al comercio
    exterior representan aproximadamente 16% de la cartera privada de los bancos
    analizados. Los créditos al consumo y el financiamiento al comercio exterior
    se detallan en los cuadros 13 y 14, respectivamente.

    La calidad de la cartera
    La calidad de la cartera ha venido mejorando y se encuentra actualmente en un
    nivel notable. La cartera irregular cayó hasta sólo 4% de las
    financiaciones privadas, especialmente explicada por la dinámica de las
    líneas a empresas. Se ha incorporado un cuadro (16) con el detalle de
    la cartera irregular en cada uno de los bancos. Debe tenerse en cuenta, no obstante,
    que la banca extranjera, por disposición de sus casas matrices, suele
    utilizar criterios más exigentes en la forma de realizar previsiones
    sobre los créditos y, por tanto, en la clasificación de deudores.
    M