
Hasta hace pocos años, toda crisis en el sector financiero solía
comenzar y terminar por los bancos. Cada vez que había temores o abierto
pánico, se producían las clásicas corridas cuando los ahorristas
intentaban recuperar sus fondos con celeridad vertiginosa, sin que a veces las
entidades de crédito tuvieran tiempo para obtener más recursos.
Ya no más. Claramente el riesgo se genera en los distintos fondos de
inversión, fondos de cobertura, los hedge funds y toda la parafernalia
de instrumentos financieros sofisticados que han proliferado.
Al final, y de rebote, también sufren los bancos, puesto que han securitizado
hipotecas u otros créditos con garantía colateral, y cuando el
sistema hace agua, también los alcanza la ola. Es por eso que los bancos
centrales responden de urgencia inyectando recursos para preservar la actividad
financiera habitual, la de préstamos y depósitos, la de inversionistas
en acciones o títulos de deuda pública.
Para la región esta situación es inconveniente, porque parecía
estar casi en un punto de inflexión con la reforma de sistemas legales
y financieros, reducción de deuda y consolidación de superávit
fiscal. A pesar de lo alentador de la oportunidad ahora en riesgo, no hay que
perder de vista que el total de los activos financieros de toda la región
es del orden de US$ 3 billones (millones de millones), mientras que el de China
es de US$ 5 billones. Otra manera de verlo: esos activos regionales representan
133% del PBI; mientras que en los países emergentes de Asia la relación
es de 228% (y de 230% en el caso de China). Por último, no es Latinoamérica
la región más favorecida por el ingreso de capitales extranjeros,
una tendencia que puede ser más negativa a partir de este momento.
El debate de fondo
La pregunta obligada es: ¿Hay margen para el deseado soft landing
o aterrizaje suave de la economía estadounidense? Es evidente que la
intención de Washington es hacerlo en forma gradual, con paulatina depreciación
del dólar. Cuando eso ocurra, o a medida que ocurra, habrá sustanciales
transformaciones en las corrientes de comercio mundial y diferentes consecuencias
para los protagonistas.
Uno de los grandes protagonistas es Ben Bernanke, titular de la FED desde hace
18 meses y que enfrenta ahora su primer gran desafío. Su primera reacción
fue inyectar liquidez suficiente para que los bancos sigan prestando y los pequeños
inversionistas sigan adquiriendo títulos y acciones. Cuando vio que no
alcanzaba, y que la epidemia era global, redujo la tasa básica en medio
punto. Con lo que consiguió un alivio provisorio pero realimentó
el debate de fondo.
¿La Reserva Federal, debe asistir a los fondos y especuladores que compraron
las hipotecas que ha llevado a esta turbulencia mundial? ¿O solamente
debe inyectar fondos suficientes para conjurar el riesgo?
Esto último fue lo que comenzó a hacer, pero cuando no alcanzó,
bajó la tasa de referencia de la Reserva Federal. Hay quienes sostienen
que con interés menor, los operadores de los peligrosos “hedge
funds” se verán favorecidos porque el mercado inmobiliario
podría detener su caída e incluso fortalecerse (caerían
las tasas de los préstamos hipotecarios).
Esa línea de pensamiento, que suscita mucho apoyo, cree que reducir la
tasa de interés era lo último en lo que había que pensar.
Se puede estimular –sostienen– un resurgimiento de la famosa burbuja
inmobiliaria, realimentando la crisis que se quiere evitar.
Si Bernanke se detiene en este punto, fijará un límite: los especuladores
tendrán que afrontar las consecuencias de sus actos. Pero si la crisis
se profundiza será difícil resistir la presión por nuevas
reducciones en las tasas de interés.
Lo cierto es que la intervención masiva de los bancos centrales de Europa
y Asia, además del de Estados Unidos y otros países emergentes,
está ya en el orden de US$ 500 mil millones.
Antes de fin de año se sabrá si la “turbulencia” quedó
controlada o si estamos ante una crisis sistémica y global que nos acompañará
un largo tiempo. Por suerte, la mayoría de los indicadores apunta en
la primera dirección.
| Todos los cuadros 1- Ranking de los bancos por activos. |
Los bancos recuperan terreno
Bonanza, pero todavía con un largo camino por recorrer
En 2006 los depósitos crecieron en magnitud y plazo, se aceleró
la devolución de la asistencia por iliquidez concedida a las entidades
durante la crisis, el aumento anual del crédito nominal al sector privado
superó 40% y las ganancias contables del sistema alcanzaron a 2% del
activo y 14,8% del patrimonio neto. Este año se han consolidado las tendencias
positivas.
El último dato conocido del Estimador Mensual de Actividad Económica,
correspondiente al mes de junio de este año da cuenta de un crecimiento
interanual de 8,3%. De continuar esta tendencia en los pocos meses que faltan,
el año en curso seguramente finalizará con una tasa de incremento
del PIB cercana o levemente superior a 7,7% (así lo indican los analistas
de mercado que participan del relevamiento de expectativas que permanentemente
realiza el BCRA). Salvo movimientos bruscos e inesperados en el escenario internacional
que terminen por afectar significativamente el alto precio actual de los commodities
agropecuarios, y por ende, la dinámica de nuestras exportaciones, el
crecimiento del año que viene se ubicará, en todo caso, apenas
en un escalón inferior.
La probabilidad de que incidan esas derivaciones internacionales indeseadas
todavía no tiene soporte concluyente, aunque abundan los vaticinios en
ese sentido. Es que, después del estallido de ciertos episodios que todavía
desatan profundas preocupaciones en los mercados financieros globales por el
potencial contagio de sus efectos hacia otros mercados, aumentó la inquietud
en el ámbito financiero.
En efecto, en Estados Unidos, la fuerte suba en los incumplimientos de los créditos
hipotecarios en el segmento más riesgoso del mercado –clientes
sin suficientes antecedentes financieros o con un pobre historial crediticio–
ha dado lugar a la llamada crisis de subprime mortgages. Que comenzó
afectando la volatilidad de las inversiones más riesgosas, entre ellas
los papeles de deuda de las economías emergentes cuyo spread aumentó
considerablemente (de hecho, la Argentina hoy se encuentra imposibilitada de
colocar nueva deuda en los mercados internacionales y ha crecido su dependencia
crediticia para financiar los vencimientos de capital de los desembolsos que
realicen el BID, el Banco Mundial y Venezuela) y a los fondos especializados.
Pero, hasta este momento, este proceso de corrección de precios de los
riesgos, que aún no da señales contundentes de haber finalizado,
ha podido ser manejado en forma relativamente eficiente por los principales
bancos centrales mediante inyecciones masivas de liquidez, acotando sus efectos
y evitando el contagio masivo hacia otros segmentos (además de la oportuna
decisión de la Reserva Federal de reducir la tasa de interés referencial).
La principal economía mundial parece, en el lado real, mantener una posición
sólida y de ninguna manera se ha visto conducida hacia un aterrizaje
forzoso que afecte los mercados internacionales.
De modo que los pronósticos sobre la incidencia de la situación
externa en la Argentina son todavía mayoritariamente coincidentes y favorables.
En nuestro país, en lo que resta de este año y el próximo,
el crecimiento del nivel de actividad seguirá sustentándose en
un comportamiento dinámico de la demanda agregada, impulsada principalmente
por el consumo privado. En ese contexto, la actividad que vienen registrando
los servicios de intermediación financiera sobresale por encima del resto
de los servicios.
Fuerte recuperación
Repasemos brevemente la historia más reciente del sistema financiero.
Tras la crisis bancaria que acompañó el colapso del régimen
de convertibilidad que gobernó la macroeconomía argentina a lo
largo de la década pasada, el sector financiero exhibió tasas
de crecimiento (y rentabilidad) negativas a lo largo de todo el período
2002-2004.
Recién a partir del último trimestre de 2004, el producto del
sector de servicios financieros pudo registrar un punto de inflexión
y comenzó a evidenciar cierta mejoría. Luego, 2005 fue el primer
ejercicio desde la crisis en que el sistema mostró un resultado anual
positivo. La recuperación del volumen de depósitos y del crédito
al sector privado permitió ese año revertir los resultados negativos
de los años anteriores: –8,9% en 2002; –2,9% en 2003; –0,5%
en 2004; hasta llegar finalmente a +1% en 2005 (porcentaje de rentabilidad,
en estos casos, como proporción de los activos).
En 2006, el producto del sector financiero pegó un nuevo salto hacia
adelante y registró un espectacular crecimiento de 22,2%, superando el
ritmo de expansión que este sector había mostrado incluso durante
un período de auge, como fue la recuperación post-tequila a mediados
de los 90 –aunque, obviamente, en la contracción de la crisis 2001/2
fue mucho mayor. Efectivamente, en 2006 los depósitos crecieron en magnitud
y plazo, se aceleró la devolución de la asistencia por iliquidez
que el BCRA había concedido a las entidades durante la crisis, el crecimiento
anual del crédito nominal al sector privado superó 40% y las ganancias
contables del sistema alcanzaron a 2% del activo y 14,8% del patrimonio neto.
A lo largo de los meses que han transcurrido de 2007, el sistema bancario no
ha hecho más que consolidar las tendencias muy positivas verificadas
en los dos años anteriores. El contraste entre el punto más duro
de la crisis y la situación actual no podría ser más marcado
y ello se refleja en el cuadro de rentabilidad (el número 20) que figura
más adelante.
Lejos de aquella situación de estrés tan agobiante, el sistema
parece hoy más bien hallarse en una posición de relativa comodidad:
los redescuentos fueron cancelados en forma anticipada casi en su totalidad
(sólo una entidad, el Bapro, registra aún este tipo de deuda con
el Banco Central, que viene reduciendo en tiempo y forma); el público
ofrece crecientes depósitos e incluso varias entidades han logrado captar
fondeo en los mercados de capitales internacionales; los bancos compran los
instrumentos de regulación monetaria (Lebac, Nobac) que regularmente
emite el BCRA; acuerda pases pasivos con dicha entidad, otorga créditos
al sector privado (mayormente para consumo y a corto plazo), cobra comisiones
por casi toda su operatoria (casi tanto como por intereses). En síntesis,
el sector obtiene rentabilidad con una dosis no exagerada de esfuerzo.
No obstante, el sistema tiene aún un largo camino por recorrer. Seguimos
teniendo un sistema financiero reducido. El crédito al sector privado
apenas si supera 11% del PIB, una proporción significativamente menor
a la que exhiben no ya las economías más desarrolladas sino también
nuestros vecinos de similar grado de desarrollo como Brasil o Chile (de hecho,
este último exhibe la mayor penetración financiera de América
latina).
Las tareas pendientes son aún numerosas e incluyen la incorporación
al sistema de una mayor franja de la población hoy todavía desatendida
por el sistema formal y sujeta a pagar tasas de interés usurarias en
el circuito informal –especialmente aquellas que residen más lejos
de los principales centros urbanos del país–; el retorno del crédito
hipotecario para la clase media (hoy dificultado por el elevado peso de la cuota
sobre el ingreso familiar) cuya resolución exige el desarrollo de instrumentos
financieros sofisticados más allá de la reiteración mediática
de anuncios tipo “Plan para inquilinos”; y por último el
desarrollo del crédito a largo plazo para inversión.
Posiblemente, también hacia futuro se observa una mayor tendencia hacia
la concentración en el sector, tal como se ha registrado en otros países.
Si bien en la literatura especializada es un tema discutido y existen posiciones
encontradas entre los especialistas, no caben dudas de que existen economías
de escala en la disponibilidad tecnológica y en el cumplimiento de la
regulación.
Estructura física del sistema
Al cierre del mes de mayo el sistema financiero argentino contaba con 69 bancos
autorizados para operar, un número menor de compañías financieras
(la mayor parte de las cuales están vinculadas con la industria automotriz
y dedicadas al financiamiento del creciente mercado automotor argentino) y dos
cajas de crédito (en proceso de transformación) que permanecen
bajo la órbita de supervisión del BCRA. Pero del total de bancos,
sólo 49 entidades atienden al público minorista.
En ese conjunto conviven entidades públicas, mixtas, cooperativas y privadas
de capitales nacionales y extranjeras. El sistema cuenta con 3.944 filiales
habilitadas y 7.729 cajeros automáticos, la mayor parte de ellos ubicados
en Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, pero recientes modificaciones
formativas del BCRA intentan estimular una mayor presencia bancaria en el interior
del país.
Las entidades privadas de capitales nacionales, menos expuestas a los desequilibrios
provocados por la crisis de 2001/2, aprovecharon los años de turbulencia
para ir avanzando y ganando posiciones en el mercado financiero local. Así
es como se observa la consolidación del grupo Macro que lidera Jorge
Brito, también presidente de Adeba –la asociación de bancos
de capitales nacionales– y del grupo Petersen, que encabeza Enrique Eskenazi,
cuya pretensión de adquirirle a Repsol una porción minoritaria
de acciones de YPF ha tomado estado público a través de los medios
y parece recibir un apoyo implícito de parte del Gobierno.
El grupo Macro tiene intereses en los bancos Macro, Nuevo Banco Bisel, Nuevo
Banco Suquía, Banco Tucumán mientras que las inversiones en el
sector financiero del grupo Petersen exhibe diversas participaciones accionarias
en Banco San Juan, Banco de Santa Cruz, Nuevo Banco de Santa Fe y Nuevo Banco
de Entre Ríos.
Por otro lado, ocurrió la absorción de Banco Banex por parte de
Banco Supervielle (el 1º de julio pasado se observó el cambio en
las marquesinas de sus sucursales) y el anuncio de la compañía
financiera Masventas, con sede en Salta, de convertirse en banco (operación
recientemente autorizada por el Banco Central). Antes, el banco Patagonia había
comprado las sucursales locales del Lloyds. Estos avances han permitido al conjunto
de bancos privados consolidados superar recientemente a la banca pública
en la tenencia de depósitos privados.
Por su parte, los mayores movimientos observados en el segmento de la banca
minorista extranjera han sido la compra de la rama local de BNL por parte de
HSBC y el desembarco del banco sudafricano Standard Bank, de la mano del grupo
Werthein, para continuar la operatoria de BankBoston que, luego de una centuria,
se retiró de toda la región. Las entidades financieras de capitales
extranjeras han mantenido en los años post-crisis una participación
que osciló alrededor de 40% de los depósitos privados.
Los principales bancos minoristas
El cuadro 1 detalla los principales bancos que hoy operan en la Argentina, de
acuerdo con el tamaño de su activo, (en miles de pesos, datos a mayo
de 2007).
En él se observa la presencia de la filial local de Deutsche Bank así
como de la sucursal local de Bank of America, N.A. Ambas entidades operan en
la Argentina, fundamentalmente, en el segmento mayorista y/o banca de inversión.
Por cierto, no son las únicas entidades con presencia local que apuntan
a ese segmento del mercado: están el ya mencionado MBA, el ABN Amro Bank,
y JPMorgan Chase –por nombrar sólo algunos– que comparten
ese segmento.
La especialización de los bancos de inversión –según
explica el BCRA en el recientemente creado Portal del cliente bancario–
está centrada en “actividades de inversión, a través
de la emisión de títulos, el asesoramiento de empresas y la búsqueda
de recursos e inversionistas para nuevas compañías”. Tampoco
forma parte de este conjunto el Bice. En efecto, Banco de Inversión y
Comercio Exterior –tal su nombre completo– es un banco público
nacional que tiene por objeto –según su propio estatuto, publicado
en su página web– “realizar las operaciones activas,
pasivas y de servicios propias de los bancos comerciales de segundo grado.
En los primeros puestos de la lista de entidades se observa la presencia de
las principales bancos públicos (Nación; Provincia de Buenos Aires;
Ciudad de Buenos Aires), los principales bancos privados extranjeros (Santander
Río, BBVA Francés, HSBC, Citibank, Standard Bank) la banca privada
nacional de gran tamaño (Galicia, Macro, Patagonia), el único
banco cooperativo (Credicoop) y un banco de propiedad mixta entre el Estado
nacional y el sector privado pero con gestión privada (Hipotecario).
En el resto de la lista predominan bancos privados de capital nacional de tamaño
mediano que conviven con el brasileño Itaú y el banco propiedad
de la provincia de Córdoba.

Los principales bancos públicos del país son también los
que mayor presencia tienen (ver cuadro 2). En efecto, el Banco Nación
tiene 624 filiales distribuidas en todo el territorio mientras que Banco Provincia
tiene 324 pero ubicadas exclusivamente en el área de la provincia de
Buenos Aires y de Capital Federal. En ambos casos debe tenerse en cuenta que
su estructura no responde exclusivamente a las demandas de mercado.
Entre las varias funciones asignadas a la banca pública se encuentra
la de servir a segmentos de la población no atendida generalmente por
la banca comercial. Así, existen agencias de estas entidades en localidades
de escasa población o donde los incentivos de mercado son insuficientes
para atraer a la banca privada. Son numerosas las localidades del país
que cuentan únicamente con la presencia de la banca pública y
la sucursal más cercana de la banca privada se encuentra a varios kilómetros
de distancia. También debe tenerse en cuenta que estas entidades resultan
susceptibles de recibir presiones políticas de diversa índole
(incluyendo llamados de gobernadores, intendentes, o de fuerzas vivas locales)
promoviendo la apertura de filiales en localidades que, en forma independiente,
no constituyen unidades de negocio rentables.
Los bancos Galicia, BBVA Francés, Santander Río y Credicoop constituyen
el escalón siguiente. Son grandes bancos de alcance nacional y cada uno
de ellos tiene más de 200 sucursales. La distribución geográfica
difiere levemente entre ellos: BBVA Francés y Banco Galicia tienen por
lo menos una filial en todas las provincias. Santander Río está
ausente sólo de Formosa, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Credicoop no
tiene presencia en esas tres y tampoco en Catamarca y La Rioja.
Los bancos HSBC, Itaú Buen Ayre, La Pampa, Macro, Nuevo Bisel, Nuevo
Santa Fe, Nuevo Suquía, Patagonia, y Provincia de Córdoba tienen
cada uno entre 100 y 200 filiales. Pero su distribución difiere más
que entre los grandes bancos nacionales. HSBC, con 148 filiales, y el Macro
(146) se les asemejan bastante y tienen presencia en todas las provincias con
pocas excepciones en cada caso (Formosa en ambos). Patagonia tiene apenas menor
cantidad de filiales, pero presencia en todo el país. Por su parte, Itaú
Buen Ayre, Nuevo Bisel, y Nuevo Suquía están más concentrados
en la zona pampeana y de Cuyo. Y Banco de La Pampa, Nuevo Santa Fe y Provincia
de Córdoba muestran una alta concentración en su provincia de
origen.


Cajeros automáticos
Obviamente las entidades de mayor alcance son también las que disponen
de más cajeros automáticos. Provincia, Santander Río y
Nación son, en ese orden, las que encabezan el ranking pero BBVA, Standard
Bank, Galicia y HSBC tienen cada una de ellas más de 500 cajeros. Credicoop
tiene más de 400 y Macro más de 300.
Son interesantes las comprobaciones del cuadro 2 bis con la relación
entre dotación de personal y filiales. Pero sus resultados deben ser
manejados con cuidado. Si bien, por un lado, una baja relación entre
personal y filiales puede significar la existencia de un banco eficiente y con
alta incorporación de tecnología, como podría ser el caso
del Itaú, en el otro extremo, una alta relación no necesariamente
significa un banco ineficiente.
Por ejemplo, un banco extranjero como Citibank podría estar utilizando
su alta capacidad de procesamiento para cubrir necesidades de otras localizaciones
fuera del país. Por último, el dato es simplemente un promedio:
en una misma entidad pueden convivir megasucursales abarrotadas de empleados,
y pequeñas sucursales con una dotación de personal que resulta
realmente escasa para su funcionamiento. Se han observado casos de este tipo
especialmente en la banca pública.
Distintos tipos de cuentas
En el cuadro 3 se detalla la cantidad de cajas de ahorro y cuentas corrientes
que exhibe cada banco. El orden es similar al observado con relación
a la presencia territorial de cada banco: Nación, Provincia de Buenos
Aires, Santander Río, Patagonia, HSBC, Macro, Nuevo Santa Fe y Standard
Bank encabezan el ranking de cantidad de cajas de ahorro, mientras que Credicoop
y Suquía se agregan a la lista señalada en el caso de las entidades
con mayor número de cuentas corrientes.
Pero estos números pueden prestarse a cierta confusión y deben
ser manejados cuidadosamente si se pretende cierta precisión. En efecto,
en algunos casos, las entidades ofrecen paquetes de servicios completos que
comprenden tanto una cuenta corriente como una caja de ahorro y no necesariamente
ambas son utilizadas. En otros, son cuentas sueldo, sobre las que se detalla
a continuación. Inclusive en los bancos oficiales están incorporados
en estos registros cuentas utilizadas para el pago de planes sociales. En síntesis,
si bien estos registros responden a la cantidad de cuentas abiertas, no reflejan
necesariamente la demanda voluntaria de mercado por determinado bien o servicio
bancario.
El número de operaciones a plazo fijo (cuadro 3 bis) proporciona un orden
más claro respecto a los bancos preferidos por el público para
el resguardo de sus ahorros. Mientras los individuos prefieren a BBVA Francés,
Ciudad de Buenos Aires, Credicoop, Galicia, HSBC, Macro, Nación, Nuevo
Suquía, Provincia de Buenos Aires y Santander Río, el banco Hipotecario
también figura entre los preferidos de las empresas.


En el cuadro 4 se observa la cantidad de cuentas salario que cada entidad posee
así como el número de empresas que pagan a través de ese
mecanismo. La obligatoriedad del pago de los salarios a través del sistema
bancario para las empresas de tamaño grande fue, en su momento, un importante
paso en favor de una mayor formalidad y bancarización.
A los bancos les permite conseguir una importante cantidad de clientes a los
que puede vender diversos servicios, tales como tarjetas de crédito,
créditos personales, etc. Los bancos Provincia de Buenos Aires, Galicia,
Nación, Santander Río, BBVA Francés, Patagonia, Macro,
Credicoop, Nuevo Entre Ríos, Nuevo Santa Fe, HSBC, Standard Bank, Provincia
de Córdoba, Ciudad de Córdoba y Santiago del Estero encabezan
el ranking, cada uno de ellos con más de 100.000 cuentas salario.
Se nota, por tanto, una fuerte presencia de la banca pública, de la ex-banca
provincial privatizada y de los grandes bancos privados en este segmento del
mercado. Debe tenerse en cuenta que incluso varios bancos privados mantienen
convenios de pago salarial con importantes entes estatales. Entre ellos, el
BBVA Francés con el Ministerio de Economía, el Patagonia con la
Universidad de Buenos Aires y otros por el estilo.

Distribución de los depósitos
En los cuadros siguientes se observan la distribución por banco de depósitos
totales (cuadro 5), de acuerdo al sector de origen (cuadro 6) y de acuerdo al
tipo de depósito (cuadro 7). En el primero de ellos se reitera el pelotón
habitual en los primeros puestos: Nación, Provincia de Buenos Aires,
BBVA Francés, Santander Río, Galicia, HSBC, Ciudad de Buenos Aires,
Citibank, Credicoop, Macro y Stantard Bank mantienen, en ese orden, los primeros
once lugares.
Las variaciones en ese orden son apenas perceptibles si tomamos en cuenta únicamente
los depósitos del sector privado. Lo más destacado: Santander
Río escala hasta el 2º puesto mientras que Banco Provincia de Buenos
Aires desciende al 5º lugar. Asimismo, se han agregado dos cuadros. El
6 bis para resaltar la importancia de los depósitos del sector privado
en cada banco (se observa, especialmente, su escasa ponderación en varios
bancos públicos: Nación –a pesar de contar con un alto volumen–,
San Juan S.A. y Provincia de Neuquén) y el 7 para observar la ponderación
de los depósitos a plazo en cada uno de ellos. Esto es importante, ya
que un mayor plazo promedio de los depósitos permite fondear créditos
a plazos mayores. La preferencia del público se inclina generalmente
por los plazos menores.
Si bien no se cuenta con datos precisos respecto al promedio actual de duración
de los depósitos es conocido el hecho que, en la Argentina, la mayor
parte de los plazos fijos se colocan en la franja 30 a 59 días. Los depósitos
indexados mediante la aplicación del índice CER que tenían,
por normativa del BCRA, un plazo de colocación mínimo de un año
están tendiendo a desaparecer, sobre todo a partir de la “intervención”
sufrida en la elaboración del Ïndice de precios al Consumidor. Por
el contrario, se observa el avance de plazos fijos precancelables (colocaciones
constituidas mayormente a 180 días de plazo) donde el ahorrista puede
recuperar anticipadamente los fondos, en caso de necesidad, al costo de resignar
parcialmente el nivel de la tasa de interés pactada para toda la extensión
de la inversión.





Distribución de préstamos
En los cuadros siguientes se precisa la distribución de los préstamos
totales (cuadro 8), por sector de destino (cuadro 9) y por tipo de préstamos
(cuadro 10), en el caso de los préstamos dirigidos al sector privado
no financiero. La reducción en la exposición al sector público
no financiero ha sido fuertemente inducida por el Banco Central, que ahora permite
mantener en ese rubro sólo hasta 35% de los activos.


En el cuadro 10 se comprueba la importancia del rubro “otros”, que
se ha desglosado más adelante con la incorporación del cuadro
de tarjetas de crédito para complementar el panorama del financiamiento
al consumo y el cuadro de financiamiento al comercio exterior.
El financiamiento al consumo y al comercio exterior son hoy dos ramas muy importantes
del sistema financiero. En la post-crisis, los bancos aplicaron políticas
muy agresivas en la colocación de préstamos al consumo, para compensar
una demanda muy detraída del crédito comercial.
Las firmas se encontraron líquidas en el corto plazo para financiar el
capital de trabajo, se mostraron extremadamente reticentes a tomar prestado
a tasa variable y prefirieron encarar el financiamiento de sus inversiones mediante
la reinversión de utilidades y aportes de capital propio, por lo que
los bancos utilizaron el financiamiento del consumo para canalizar parte de
sus excedentes de liquidez y obtener rentabilidad.

La agresiva colocación de tarjetas de crédito por parte de las
entidades (¿quién no ha recibido en su domicilio una tarjeta que
ni siquiera había solicitado?) se inscribe en esa dirección. La
cantidad de “plásticos” emitidos por las entidades bancarias
se detalla en el cuadro 11 mientras que los saldos financiados –al cierre
del mes de mayo– a través de esta modalidad se pueden observar
en el cuadro 12. Últimamente también se ha observado una mayor
preocupación de los bancos por alcanzar a una franja de público
del interior del país, antes sólo atendida por tarjetas regionales.




Si bien el crecimiento de los créditos al consumo se ha atenuado ligeramente
en los últimos meses, en el conjunto de bancos analizados, este financiamiento
todavía alcanza a 28% de los préstamos al sector privado. Pero
en algunos casos notables, como Macro y Provincia de Neuquén supera 40%
y en el caso de Provincia de Córdoba 50%. Por su parte, los préstamos
prendarios e hipotecarios vienen acelerando su crecimiento pero desde un punto
de partida bajo (muy bajo en el caso específico de hipotecarios para
la vivienda). De acuerdo a la información que surge de balances, Banco
de la Provincia de Buenos Aires encabeza la colocación de préstamos
hipotecarios para vivienda. Lo siguen Santander Río, Nación, Hipotecario,
BBVA Francés y Galicia, en ese orden (ver cuadro 15).

Pero puede haber bancos que actúen simplemente como colocadores y luego
securiticen esos activos en los mercados de capitales. De hecho, el BCRA ha
relanzado recientemente el manual de originación de créditos hipotecarios
favoreciendo la homogenización de contratos para su posterior securitización.
El financiamiento del comercio exterior constituyó la única aplicación
posible para los depósitos en moneda extranjera (depósitos sobre
los que pagan una tasa de interés muy baja a quienes, por razones de
seguridad, prefieren mantener sus dólares en el circuito financiero en
lugar de depositarlos en una caja de seguridad o esconderlos bajo el colchón).
En efecto, para evitar un nuevo descalce de monedas, la normativa bancaria se
tornó mucho más estricta y sólo pueden prestarse dólares
a quienes reciban ingresos en moneda extranjera. Los préstamos al comercio
exterior representan aproximadamente 16% de la cartera privada de los bancos
analizados. Los créditos al consumo y el financiamiento al comercio exterior
se detallan en los cuadros 13 y 14, respectivamente.
La calidad de la cartera
La calidad de la cartera ha venido mejorando y se encuentra actualmente en un
nivel notable. La cartera irregular cayó hasta sólo 4% de las
financiaciones privadas, especialmente explicada por la dinámica de las
líneas a empresas. Se ha incorporado un cuadro (16) con el detalle de
la cartera irregular en cada uno de los bancos. Debe tenerse en cuenta, no obstante,
que la banca extranjera, por disposición de sus casas matrices, suele
utilizar criterios más exigentes en la forma de realizar previsiones
sobre los créditos y, por tanto, en la clasificación de deudores.
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