FINANZAS |
Por Gustavo Baiman

Andrea Rey
Por Gustavo Baiman
Según la 12ª encuesta mundial sobre fraude realizada por Ernst & Young “Growing Beyond: a place for integrity”, dos de cada 10 altos ejecutivos de las corporaciones más importantes del mundo consultados aseguraron que en las empresas existen casos de corrupción. Además, cuatro de cada 10 afirmaron que el soborno y la corrupción están bien difundidos, admitiendo que ambas prácticas ocurren frecuentemente en sus países y que la situación es significativamente peor en mercados de mayor crecimiento. De la encuesta participaron 1.700 ejecutivos y directores de empresas de 43 países.
Para Andrea Rey, socia de Ernst & Young, el objetivo del trabajo es tratar de relevar cuál es la visión de los propios actores del ámbito de los negocios respecto a la evolución del fraude. “Indagamos tanto en lo que es fraude ocupacional, es decir las acciones de los empleados infieles que actúan en perjuicio de la propia compañía, como en las acciones que son desarrolladas para beneficiar a la compañía pero que pudieran llevar a la comisión de un delito, como el pago de un soborno. De todas formas, el estudio señala que la preocupación de los ejecutivos y directores está principalmente orientada a los riesgos y al impacto de los hechos de corrupción en relación al sector público más que al fraude ocupacional”.
El trabajo subraya una preocupante tendencia: aumentó la aceptación a la posibilidad de que las compañías puedan hacer pagos indebidos para favorecer los negocios. Comparada con las encuestas anteriores, los consultados se mostraron con mayor intención de cometer hechos irregulares para ganar o retener negocios.
“La encuesta señala que el fraude es un tema que importa y reafirma que es una situación que hay que atender. Reconoce el problema como un hecho que efectivamente implica un mayor riesgo es una lectura más adecuada de la realidad. Las corporaciones que realmente enfrentan este problema desarrollan programas globales antifraudes. Estas acciones tienen tres pilares: la prevención, acciones de monitoreo para generar alertas tempranas y mecanismos de investigación y de resolución”, dice Rey.
El trabajo también revela que los controles en el entorno de los negocios no son lo suficientemente severos. A pesar de los riesgos, las empresas no toman suficientes medidas preventivas y no sancionan la falta de ética profesional. El contrapeso de esto es que también se ve una mayor y muy clara presión de los organismos de control para establecer mecanismos muchos más claros, profundos y precisos de prevención del fraude. Se estimula a que las mismas corporaciones desarrollen sus propios mecanismos de investigación y penalización de estas situaciones.
“Hay que estar mejor preparados para actuar sobre aquellas cuestiones que puedan ser detectadas y poder demostrar tanto interna como externamente que se busca atacar estos problemas. Hay una doble fuerza en la exigencia de los negocios, por un lado hay una mayor presión para obtener mejores resultados, y por el otro, en los mercados que crecen más rápido y hay más oportunidades, como en Latinoamérica, hay menos rigurosidad respecto de los controles. Las grandes corporaciones enfrentan esta realidad, resultados cada vez más exigentes y mercados en crecimiento que a su vez están más permeables al fraude”, dice Rey
Directores menos responsables
La junta directiva es la principal responsable en una organización pero, según los encuestados, a veces se la percibe como desconectada de las condiciones reales de trabajo. 52% de los directores encuestados cree que la junta directiva necesita comprender mejor el negocio para protegerlo de las prácticas fraudulentas y de corrupción con eficacia. Esta misma preocupación se identificó también en la última encuesta y no se verifican grandes avances al respecto.
Los encuestados que pertenecen a mercados de rápido crecimiento perciben la comprensión por parte de la junta directiva como un área en la que se necesita trabajar más. Algunos directores manifiestan que se sienten abrumados con los grandes volúmenes de información sobre gestión y control de riesgos, y aseguran que necesitan informes más personalizados, sensibles a las necesidades y enfocados en el problema. La conclusión sobre este tema es que la junta directiva no requiere más cantidad de información sino de mejor calidad.
En cuanto a las áreas dentro de las organizaciones, el departamento financiero es el que surge como más comprometido con temas relacionados a la corrupción. 15% de los directores financieros encuestados dijo que estaría dispuesto a realizar pagos en efectivo irregulares para captar negocios, 4% contestó que estaría dispuesto a distorsionar el rendimiento financiero y solo 46% asistió a actividades de capacitación contra el soborno y la corrupción.
“El mayor entendimiento nos permite operar mejor. No se trata de corrernos de los mercados más complejos o más burocráticos, es necesario involucrarnos más, conocerlos y actuar en consecuencia. El mensaje tiene que ser positivo. Por otra parte entendemos que una mayor intervención del Estado para aplicar normas no es una barrera de entrada sino una oportunidad. No lo vemos como una decisión que limita la posibilidad de hacer negocios; nos permite una mejor información, creemos que así existen más herramientas para lograr mejores resultados a la hora de desarrollar negocios. Un elemento adicional que surge de la encuesta y que es importante es que se necesitan mecanismos consolidados para canalizar las denuncias, las compañías tienen que demostrar que están dispuestas a resolver y superar estos problemas.
Control sobre terceros
La incorporación de terceros o intermediarios para incursionar en nuevos mercados expone a las grandes organizaciones a riesgos significativos. Supervisar controles de anticorrupción sobre terceros no está bien desarrollado para algunos negocios. Los reguladores esperan que haya debida diligencia sobre terceros pero 44% de los encuestados afirma que no hay controles adecuados sobre este tema.
“Una compañía puede desarrollar negocios en su mercado natural o en los nuevos mercados y en esa operación siempre hay tratos con terceras partes, que pueden ser clientes, proveedores, organismos gubernamentales o un grupo de asesores. Para evitar situaciones irregulares o directamente fraudulentas, los ejecutivos de las organizaciones tienen que tener pleno conocimiento de quiénes son esas terceras partes y establecer cuáles son las políticas del negocio para relacionarse. Hay que tener bien en claro qué se pide y qué se exige para decidir si me relaciono o no con esta otra parte”, afirma Rey.
El ranking de controles lo encabeza Estado Unidos. Las empresas estadounidenses son las que más realizan el proceso de due dilgence antes de realizar una adquisición (77% siempre lo hace). En este sentido, una de las conclusiones del trabajo afirma que los procesos de due diligence contra el soborno y la corrupción tienen que realizarse cuanto antes y por lo general; es necesario continuarlos con más controles de ese tipo una vez realizada la adquisición.
“En Latinoamérica no hay ninguna ley que garantice buenos controles. Chile y Brasil son los países de la región que están un poco más avanzados en este sentido; tienen acciones que impulsan el desarrollo de medidas antifraude, creemos que va a ser algo bastante mediato. La Argentina está más atrás, ubicada en una situación que a la vista de los organismos y corporaciones internacionales es interpretada como de alto riesgo dentro del escenario de las naciones para la consecución de este tipo de actos. Pero también es cierto que nuestra organización está teniendo cada vez más pedidos y desarrollos de trabajos y de servicios orientados a las subsidiarias argentinas de empresas extranjeras para estar adecuadamente cubiertas en término del cumplimiento de normativas internacionales. Estamos desarrollando aquí muchos trabajos en este aspecto. También vemos que hay compañías de capital nacional que están desarrollando sus propios proyectos para estar cada día mejor preparadas para cumplir con las normas de control internacional.

