viernes, 3 de abril de 2026

    El corazón exótico de marruecos

    Entre el puerto de Agadir y Marrakesh, soberbia y menos conocida, Tarudant merece más que una simple visita. Protegida por sus murallas formidables, salpicadas de almenas, esconde jardines donde anidan viejos palacios fastuosos, algunos convertidos en hoteles.

    Antiguo principado, opulenta en los siglos XV y XVI, cinco puertas monumentales dan acceso a la ciudad desplegada en un dédalo de callejuelas y minúsculas ventanas enrejadas. Sus casas conservan patios bordeados de columnas, galerías y fuentes.

    Pero la gran atracción de Tarudant son los “souks”: los que venden pulseras de plata, collares de ámbar, filigranas; los de los anticuarios; los que ofrecen tapices, pieles de carneros, cobres repujados, kaftanes y los potes de khol (el polvo negro que sirve para maquillar los ojos, mezcla de sulfuro de antimonio, carbonilla y jazmines calcinados). A propósito, cuando de compras se trata, es menester recordar el principio del crédito bereber: “La mitad al contado, la otra mitad enseguida”.

    Para emprender un paseo romántico, se recomienda la excursión a las murallas cuando el crepúsculo las ilumina. Y al día siguiente, una visita a Marrakesh, donde esperan más palacios y souks, museos, y el espectáculo siempre renovado de la plaza Djemáa El Fna, inmensa y con el murmullo de los cafetines.

    Marrakesh es la más exuberante, la más femenina de las ciudades de Marruecos. Y de allí hay que partir hacia Quarzazate, donde se perfecciona la desorientación. Oasis y ciudad a la moda, aquí se vive en las puertas del desierto y a la vera del río, a 1.100 metros sobre el nivel del mar. El perfil de sus casbahs se confunde con el del paisaje y todo parece teñirse de un polvillo dorado.

    PARA TENER EN CUENTA.

    Tarudant está a 80 kilómetros de Agadir, a cuyo aeropuerto llegan los vuelos desde París, ZYrich o Milán (tres por semana). El precio del pasaje de ida y vuelta es US$ 700. Desde Buenos Aires, la conexión se hace en Río de Janeiro con la Royal Air Maroc. Las agencias de viajes proponen varios circuitos. El más interesante es el Jumbo: estadía combinada Tarudant-Marrakesh durante 7 noches en el hotel Palais Salam, con media pensión y coche de alquiler: US$ 800 por persona en habitación doble. Un hotel fuera de lo común, auténtico palacio de pachá, el Palais Salam ofrece un ambiente de las mil y una noches, con bares, boutiques, piscinas, cocina internacional y restaurantes marroquíes (probar el cous-cous, el mechui, la carne de camello y el té de menta). Adentro, sus patios con vegetación lujuriosa, árboles centenarios, fuentes y cascadas, recuerdan los jardines de la Alhambra.

    Y hacen de Tarudant, opulencia y desierto, una experiencia inolvidable.

    La suntuosa cocina sueca.

    SMÖRGASBORD, UNA MESA DE SORPRESAS.

    A mediados del siglo XIII, cuando Suecia era católica, surgieron en los desolados caminos del país pequeñas postas que ofrecían a los viajeros panes, carne seca y quesos para reponer energías preparando lo que, siglos después, “descubriría” el duque de Sandwich. Con el tiempo las postas se convirtieron en lugares más confortables que competían por un mejor servicio, con alimentos expuestos en grandes mesas, donde ya se practicaba el autoservicio. Así nació el famoso buffet que actualmente es la parte de la gastronomía sueca más conocida en el mundo: el smörgasbord, cuya traducción literal es “mesa de sandwiches”.

    Comida para pobres y ricos, el smörgasbord admite hasta 80 platos. Esto es variable, afirma el chef José Alberto Martín, a cargo de la cocina del restaurante privado de la Casa de Suecia en Buenos Aires. Lo que no cambia es el orden en que deben servirse: 1) arenques y pescados en general; 2) fiambres; 3) ensaladas varias; 4) tablas de quesos surtidos; 5) platos calientes, como las imprescindibles küttbullar o la “Tentación del Señor Jansson” (anchoas, papa y cebolla gratinadas); 6) mesa dulce, compuesta por tartas, budines y los exquisitos plättar, diminutos panqueques rociados con salsa de frambuesas o arándanos. El final: café con coñac o una copita de Carlshamns Punsch, aguardiente de propiedades digestivas. La bebida es siempre cerveza y/o aquavit.

    KÜTTBULLAR (para ocho personas).

    Ingredientes: 700 g. de carne de ternera, 300 g. de carré de cerdo, 1 cebolla grande, 2 huevos, 1 cucharada de manteca o margarina, 150 g. de pan blanco rallado, 1 taza de caldo de carne, sal y pimienta blanca.

    Preparación: Se pican las carnes y se salta en manteca la cebolla, finamente picada, hasta que se dore. A la carne, junto con los huevos batidos, se le incorpora el pan rallado remojado en el caldo. Se sala la preparación y se le agrega abundante pimienta haciéndola descansar media hora.

    Formar pequeñas albóndigas y saltarlas a fuego fuerte en manteca.

    ARENQUES A LA MOSTAZA (para cuatro personas).

    Ingredientes: 3 filetes de arenques frescos (en lugar de arenques se pueden usar lachas, que se consiguen en algunas pescaderías y vienen preparadas en vinagre, azúcar y pimienta), 5 cucharadas de mayonesa, 2 de mostaza común, 3 de azúcar, 1 de dill o hinojo fresco cortado muy fino, 1 de vinagre de alcohol.

    Preparación: Se cortan los arenques en trozos rectangulares. Aparte se mezclan la mayonesa, la mostaza, el azúcar, el dill y el vinagre batiendo bien hasta formar una crema con suave consistencia, la que puede reservarse, si se lo desea, durante mucho tiempo en la heladera. Los arenques se colocan en una fuente, se los cubre con la crema adornándolos con dill en rama o unas ramitas de hinojo. También se puede acompañar este plato con papas hervidas calientes.