Desde su oficina del piso 12, Charlotte Appel Chamberlain diseñó la estrategia financiera del Glendale Federal Bank. Economista respetada y hábil planificadora, dirigía un equipo de 26 profesionales. En una oportunidad, anticipándose a nuevas y más estrictas reglamentaciones bancarias que amenazaban limitar el impetuoso crecimiento del Glendale, trabajó en el diseño de un proyecto para despidos masivos.
“Sabía que era muy probable que me quedara sin trabajo, pero esas cosas nos toman siempre por sorpresa cuando finalmente ocurren”, dice Chamberlain, quien estuvo en el primer contingente de 600 empleados despedidos por el banco.
Con dos semanas de preaviso, una generosa indemnización y el ofrecimiento de usar durante un año, sin cargo, la oficina, la computadora y el teléfono a cambio de asesoramiento, Chamberlain se vio forzada a integrar uno de los grupos de más acelerado crecimiento en Estados Unidos: el de los empresarios a la fuerza.
En recesiones pasadas, los altos ejecutivos eran velozmente absorbidos por otra gran compañía.
Ahora, uno de cada cinco de los gerentes que se quedan sin trabajo decide establecerse por cuenta propia, según una investigación conducida por la firma Challenger, Gray & Christmas. En 1985, la proporción era de siete por cada cien.
“La gran mayoría de esos gerentes tiene más de 40 años”, dice James Challenger, presidente de la compañía encuestadora. “A esa edad, convertirse en jefe de uno mismo es preferible a volver a integrar otra nómina. Temen el trauma emocional de otro despido.”
“Cuando me quedé sin empleo, mi marido fue realmente solidario. Me alentó a fundar mi propia empresa. Yo sabía que no debía desperdiciar la oportunidad”, dice Mary Anne Jackson, ex directora de planeamiento empresarial en la división Swift/Eckrich de Beatrice Foods, despedida en 1986.
Pero la transición suele ser dura. Un estudio realizado en Estados Unidos indicó que 23,7% de las pequeñas empresas fracasan en los dos primeros años, 51,7%, en los primeros cuatro y 62,7% no supera los seis años. Los expertos dicen que quienes se adaptan con éxito a la nueva situación lo hacen luego de atravesar una serie de etapas que los prepararon para grandes cambios.
De la Ira a la Aceptación.
La mayoría descubre que lleva tiempo superar la experiencia del despido. No sólo porque el ego ha sido lastimado, sino por la pérdida de ciertos privilegios: estacionamiento propio, secretarias, tarjetas de presentación, viajes y prestigio.
Tras perder su status de ejecutiva, Chamberlain se instaló a siete cuadras de su antigua oficina, compartiendo el espacio con otras 40 mujeres, que procesaban todo tipo de papeles. Después de haber tenido más de 20 personas bajo sus órdenes, comenzó su negocio con un cliente y sin secretaria. “Tenía que hacer el trabajo, facturarlo y cobrarlo”, recuerda. Frustrada y sola, abandonó el intento cuatro meses más tarde y aceptó la oferta de trabajar para una gran firma consultora.
Hasta para las personas más exitosas, los primeros meses son difíciles. Para superarlos, sugieren los expertos, hay que tratar de salir de casa lo más posible. Algunas empresas ofrecen a los gerentes despedidos el uso del teléfono y de la oficina, además de asesoramiento.
Entrenarse.
Leo Lauzen, presidente de una red de estudios contables, afirma que para iniciarse en un negocio hay que tener conocimientos de management, planeamiento, contabilidad, impuestos, comercialización, finanzas, recursos humanos y ventas. “Las deficiencias en cualquiera de esas áreas incrementan significativamente los riesgos”, advierte.
Es posible compensar la falta de experiencia y preparación tomando clases, asistiendo a seminarios y programas de extensión universitaria. Y en muchos casos, el mejor entrenamiento no cuesta nada.
Antes de que Mary Anne Jackson inaugurara su empresa (My Own Meals, que produce y vende comidas para niños y otros productos alimenticios) aprendió los secretos del negocio asesorando a pequeñas firmas del sector. “Yo venía de una compañía multimillonaria”, recuerda. “Quería ver cuáles eran los problemas de una empresa chica, antes de lanzarme con la mía.”
Veterana de la industria alimenticia, Jackson utilizó sus contactos personales para reunir información que la ayudara a llevar adelante su proyecto. Llamó a antiguos colegas y proveedores de Beatrice Foods; entrevisó a gerentes de Kraft y de otras empresas alimenticias que había conocido. “Mucha gente me ayudó sin esperar nada a cambio”, asegura.
Encontrar un Lugar.
Un buen asesor puede ayudarlo a clarificar sus objetivos, pero antes de dar el primer paso, evalúe cuidadosamente sus opciones y formúlese algunas preguntas básicas, comenzando por la más importante: “¿Quiero trabajar sola?”.
Chamberlain comenzó a ofrecer sus servicios como consultora, pero dice que nunca había pensado en lo que significaba trabajar por su cuenta y pronto descubrió que odiaba la soledad. Ahora reconoce que le habría ido mejor si hubiera contado con un socio o socia que la alentara.
Hay otros aspectos a considerar. Por ejemplo: ¿quiere crear su propio estilo de hacer negocios, o le gustaría adoptar un método ya probado? Si prefiere lo último, considere la posibilidad de adquirir una franchise, una licencia para comercializar productos de marcas ya conocidas. Muchas ofrecen excelentes programas de entrenamiento y apoyo.
Aunque Jackson disfrutaba de su puesto en Beatrice Foods, confiesa que la idea de independizarse se le había ocurrido varias veces. Quizá por eso, le llevó muy poco tiempo trazar un plan para la creación de su empresa. Equipada con un master en Administración de Empresas, y su experiencia en un puesto de dirección, se manejaba bien con los números. También conocía el negocio alimentario, y le gustaba. Además, como madre de tres niños, sabía bastante acerca de los gustos infantiles.
Ahora, además de producir comidas para niños, My Own Meals provee una variedad de productos alimenticios a comedores de organizaciones públicas y privadas. Jackson cree que el despido fue el impulso que necesitaba. “Instalar una empresa propia es como casarse. Una nunca sabe cuándo está lista. En realidad, nunca cree que está completamente lista”, dice.
Es fácil sentirse herida y rechazada ante un despido. A menudo, esta circunstancia aparece como una catástrofe insuperable. Pero muchas mujeres que comienzan como empresarias a regañadientes a veces terminan entre las más entusiastas.
Jane Applegate.
(c) 1992 Working Woman.
