Junto con Buenos Aires, Córdoba y la Capital Federal, Sante Fe integra el conjunto de las cuatro jurisdicciones con
presupuestos de gastos superiores a $ 2.000 millones. Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe son, además, las que mayor
porcentaje de recursos propios sobre recursos totales poseen, en comparación con otras que dependen casi exclusivamente de
la coparticipación federal.
Santa Fe es, por otra parte, una de las provincias que presenta mejores indicadores fiscales. En 1993 obtuvo un superávit de
$ 82 millones que se tornó en un déficit de $ 52 millones en 1994 debido a diversos motivos: un incremento en las
erogaciones de capital, una disminución en los aportes no reintegrables recibidos del gobierno central y el agotamiento de
remanentes de ejercicios anteriores.
A diferencia de otras provincias, al suscribir el Pacto Fiscal con la Nación, en septiembre de 1993, Santa Fe recibió un
monto de títulos públicos en concepto de instrumentación de deudas, poco significativo en relación con el nivel de ingresos
y gastos corrientes, lo que no influyó apreciablemente en las decisiones posteriores de gasto provincial (el monto recibido en
títulos fue de $ 133 millones comparado con un total de $ 4.200 millones). El déficit de 1994 fue financiado con deuda
tomada con el sistema financiero, por $ 71 millones.
Si se observa la estructura actual del gasto, y la evolución de algunos indicadores fiscales desde 1991, se advierte que la
provincia enfrenta hoy problemas sustancialmente distintos de los de otras jurisdicciones.
La incidencia del sector público en el PBI provincial es la segunda más baja del país, después de la Capital Federal.
Mientras que para el promedio del conjunto de las provincias este indicador es de 8,9%, para Santa Fe se sitúa en 6,5%.
Entre 1991 y 1994 la planta de empleados públicos se redujo en aproximadamente 1.000 puestos, lo que explica parte de
este fenómeno.
La estructura del gasto no difiere mayormente del conjunto consolidado de provincias. El gasto corriente representa 89,3%
del total de erogaciones, en comparación de un promedio total de 87,2%. Los gastos en personal representan 58% de los
gastos corrientes, contra un promedio general de 60,8%. El hecho de que los gastos corrientes sobre totales en la provincia
de Santa Fe superen el promedio nacional está muy vinculado con la magnitud de las transferencias a municipios, que
explican 31% del gasto corriente, comparado con un promedio nacional de 24,8%. Las erogaciones de capital de la
provincia son bajas en comparación con el promedio total: mientras que para Santa Fe el porcentaje de gastos de capital
sobre totales fue de 10,6%, en 1994 el porcentaje subió a 12,8% en el total. En 1993, la diferencia era mucho mayor: 6,7%
para Santa Fe y 13,6% para el total.
Al Tope del Desempleo
A pesar de mostrar indicadores fiscales razonables, la provincia atraviesa serias dificultades. La última Encuesta
Permanente de Hogares, realizada en mayo de este año, muestra que Gran Rosario, por un lado, y Santa Fe y Santo Tomé,
por otro, son los aglomerados urbanos del interior del país con las tasas de desempleo más elevadas. En ambos casos los
índices son de 20,9% contra un promedio de 15,4% para el total de aglomerados urbanos del interior.
Las cifras más preocupantes provienen de la evolución de la tasa de empleo. Mientras que el crecimiento en el índice de
desempleo está en muchos casos muy relacionado con el incremento en la población que se incorpora al mercado laboral, la
tasa de empleo permite observar los cambios netos en la cantidad de personas ocupadas.
La caída en la tasa de empleo es, en el caso de los aglomerados urbanos de la provincia de Santa Fe, la principal explicación
del desempleo provincial. El Censo Económico de julio de 1994 muestra una fuerte disminución de establecimientos
manufactureros de la provincia en la última década: descendieron de 13.123 en 1985 a 10.472 en julio de 1994.
El deterioro en la situación social de la provincia genera una fuerte demanda de gasto público, lo que representará uno de
los principales desafíos para la futura administración. Si se miden los recursos de jurisdicción nacional recibidos por
habitante (coparticipación más aportes), Santa Fe se sitúa en un valor de 87 contra un promedio nacional de 100.
Seguramente, la presión que recibirá la futura administración en cuanto a demanda de gasto será parcialmente trasladada al
gobierno nacional bajo la forma de demanda de aportes y programas especiales.
Por último, es importante considerar la situación del Banco de Santa Fe. El patrimonio de la entidad era de $ 79,8 millones
en abril de 1995 y su rentabilidad ha sufrido un fuerte deterioro: acumuló una pérdida de $ 70 millones en los últimos 12
meses, producto en parte del empeoramiento de su cartera de crédito.
Un índice de calidad de cartera en el cual un valor de 100 representa el parámetro de normalidad, muestra un valor de 51,6
para el banco en abril, comparado con un índice de 72,8 para el conjunto de bancos provinciales. Esto puede estar reflejando
problemas puntuales del banco en la evaluación del riesgo crediticio, pero también un deterioro de las condiciones
económicas de la provincia.
En conclusión, si bien la provincia ha mostrado una prolija administración de su sector público en los últimos años (a
excepción de la situación del banco), las perspectivas son difíciles. Santa Fe exhibe una estructura de ingresos en la cual los
impuestos propios son muy importantes. La recuperación del nivel de actividad en el sector privado provincial y la
contención del crecimiento del desempleo serán cruciales para que la provincia pueda mantener sus cuentas en orden.
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