* El sueño hegemónico del “menemismo” se diluyó durante este intenso verano político. Los aparentes éxitos en política exterior no alcanzaron a conmover a una opinión pública obsesionada por los temas económicos cotidianos. Los peronistas comenzaron a vocear su descontento, y las encuestas dieron resultados lapidarios. Ahora es el turno de Domingo Cavallo, un ministro de Economía con clara vocación de poder. Menem necesita desesperadamente que tenga éxito, pero a la vez teme un excesivo encumbramiento de su colaborador. Por cierto, Cavallo no representa los mismos intereses o puntos de vista que sus antecesores. (Abril de 1991)
* No hay, en la Argentina, precedentes de una vocación de poder tan manifiesta como la que evidencia el actual ministro de Economía. Otros titulares de esa cartera tocaron el cielo con las manos con sólo alcanzar la posición. A Domingo Cavallo no le basta. Aunque el paso por Economía pueda ser una posición riesgosa para quien tenga aspiraciones políticas de alto vuelo, el jefe de la Fundación Mediterránea la percibe como un escalón más hacia el puesto más encumbrado. Menem necesita a Cavallo, hasta las elecciones e incluso después. Pero una personalidad como la del Presidente puede resentir la competencia temprana. La racionalidad indica que debe ser paciente, pero el temperamento puede obligarlo a sacar del medio al personaje que, según propias palabras de Menem, “no es un superministro”. Haría bien Cavallo en disimular sus objetivos antes que desencadenar una crisis prematura. Le ahorraría una conmoción al país, y se haría un favor a sí mismo.(Julio de 1991)
* “A Cavallo le están creciendo pelo y anteojos. Estamos viendo una sourrouillización de la economía”, reflexionó uno de los industriales presentes en la convocatoria del ministro en el Teatro Cervantes. La observación es aguda en cuanto reconoce una nueva realidad: Cavallo ha terminado por admitir la dimensión política de la tarea económica. Advierte que no hay más remedio que entrar en laboriosas negociaciones; que es preciso persuadir y no sólo imponer. (Noviembre de 1992)
* No habrá estabilidad definitiva hasta que no se rompa la perversa relación entre tipo de cambio y precios internos que, en el pasado, esterilizó cualquier política cambiaria. El Estado ha hecho todo lo que estaba a su alcance para romper esa relación. Es hora de buscar la cooperación del sector privado, a fin de no cebar una nueva bomba.Curiosamente, Cavallo no busca esa cooperación. Se encrespa, se vuelve agresivo con los productores rurales, y -para compensar parcialmente la distorsión de precios relativos- incurre solitariamente en herejías aisladas, que hoy alivian a los papeleros, mañana tranquilizan a los textiles, pero no marcan un rumbo. En todo caso, es notorio que el ministro prefiere las medidas parciales y unilaterales antes que una estrategia asentada sobre el consenso. Es el correlato, en Economía, de lo que Menem hace en la Presidencia.(Setiembre de 1993)
* En el comienzo del año, la relación Menem-Cavallo estuvo marcada por un aumento en las tensiones, que llegaron a su punto máximo con el episodio que culminó con la destitución, al frente de la Comisión Nacional de Valores, de Martín Redrado. Sin embargo, el resultado de los comicios del 10 de abril fortaleció la figura de Cavallo: preocupado por la pérdida de votos sufrida por el oficialismo y consciente de que es posible que de ahora en más la economía mundial juegue en su contra, Menem parece haber revalorizado a su ministro.(Mayo de 1994)
* Cavallo -con su imaginación aparentemente agotada- se dedicó a prorrogar indefinidamente la vigencia de su plan de 1991 y a repetir los mismos eslogans que uno oía en la Inglaterra de Margaret Thatcher, hace ya quince años. Si Thatcher popularizó entonces la sigla Tina (por There Is No Alternative: no hay alternativa), Cavallo replica tardíamente aquella arrogancia infundada, que llevó al thatcherismo a un rotundo fracaso. (Rodolfo Terragno, enero de 1996)
* La pregunta por el billón de pesos (y dólares) es si el período 1991-1994 fue un auge cíclico más o si nos instaló duraderamente en el crecimiento. Mi respuesta es que la Convertibilidad y las reformas económicas iniciadas en 1989, si se persiste en ellas, han inaugurado la tercera etapa del desarrollo económico de la Argentina.(Juan José Llach, enero de 1996)
