domingo, 12 de abril de 2026

    Cómo traducir imágenes en precios

    “Sin un nombre como el de Chanel, nadie podría vender una

    botella con agua perfumada. Cerca de 95% de las ganancias de esa

    empresa provienen de la marca.” Aunque suene un poco arriesgada, la

    opinión de Raymond Perrier, director de la división

    Valuación de Marcas de la consultora británica

    Interbrand, está sólidamente fundada. El especialista

    lleva años traduciendo a dólares la imagen que los

    consumidores tienen de un producto o una empresa. Su

    compañía, con 21 oficinas en todo el mundo, cuenta con

    clientes de la talla de MCI, Nestlé, Ford, ICI, Shell o

    Colgate Palmolive e incluso debió tasar su propio capital de

    marca cuando la empresa se vendió hace cuatro años.

    Creada en 1974, Interbrand fue adquirida en 1994 por el grupo

    estadounidense Omnicom -dueño de las agencias BBDO, DDB

    Needham y TBWA-, en US$ 25 millones. “Una gran parte de ese

    volumen correspondió a la marca”, admite Perrier. Como

    consultor de Danone, el directivo tuvo entre sus tareas valorar las

    líneas de Bagley cuando la compañía francesa se

    quedó con las galletitas argentinas. En este caso, por lo

    menos 50% de lo que se pagó representó el valor de

    marca. “No se puede crear una marca que tiene más de 50

    años y esto no se aplica sólo a las de lujo, como Rolls

    Royce. Con la competencia de hoy no habría oportunidad de

    comunicar una marca parecida”, señala Perrier. A Danone no le

    faltaba plata para desarrollar sus líneas en la Argentina

    “pero la oportunidad de extender el nombre ya existente y explotar su

    potencial era mejor”.

    Para analizar una marca, en Interbrand rechazan los métodos

    tradicionales como el costo histórico, el de reemplazo, el

    valor del mercado o los royalties que genera, y prefieren utilizar la

    variable de los beneficios económicos reales que recibe el

    propietario. Una marca, aseguran, expresa el vínculo continuo

    entre el proveedor y el cliente, y proporciona una garantía de

    demanda y, por lo tanto, de ganancias para su dueño.

    ¿Cómo se mide el valor real de una marca?

    Hace diez años, cuando empezamos con este trabajo, las

    empresas decían que sus marcas eran fuertes pero nadie

    había intentado asignarles un valor financiero. Cuando se

    compra una compañía, se adquiere un flujo de ganancias

    que es importante por su nivel actual y su potencial. La manera de

    valorar las marcas es parecida: hay que considerar las ganancias

    futuras. Lo que hacemos es tomar del análisis de una firma la

    porción que tiene que ver con la marca, dentro de los

    intangibles -como patentes, bases de datos, monopolios o

    contratos- y de los tangibles. Utilizamos dos tipos de

    criterios: financieros y de marketing. Podemos tener una marca que

    está valorada por el consumidor por su buena imagen y sin

    embargo es imposible vender sus productos a un precio adecuado.

    ¿Qué marcas se encuentran en esta

    situación?

    Ese es el problema de Rolls Royce. Es conocida, todos la quieren,

    pero es muy difícil construir un vehículo al precio

    adecuado. Vimos casos de marcas que parecen rentables pero cuando sus

    productos se ajustan para cubrir todos los gastos, el resultado es

    menor que el que se tendría si se pusiera la plata en el banco

    y, en ese caso, no se puede decir que tenga valor. Por eso es

    importante el área financiera. También lo es no

    sólo considerar la rentabilidad de la marca, sino el aporte

    que le deja al consumidor. Es posible aumentar las utilidades bajando

    las inversiones en publicidad y la calidad del producto pero eso

    lleva a perder el vínculo con el consumidor y, en definitiva,

    erosiona la fortaleza de la marca. El trabajo del gerente de

    marketing es equilibrar las dos prioridades.

    ¿Hay marcas irrecuperables?

    “Irrecuperables” suena un poco fuerte, pero sí hay marcas

    en las cuales la recuperación sería tan costosa que no

    valdría la pena intentarlo. Una marca como Aerolíneas

    Argentinas no significa casi nada. Es la línea nacional pero

    no es un nombre que se buscaría. American Airlines no

    está comprando la marca. La pregunta que se tiene que hacer

    American es si le conviene mantenerla y reposicionarla u olvidarla y

    crear una nueva. Ambas alternativas son costosas.

    ¿Cómo se hace para elegir uno de los dos

    caminos?

    En este caso, lo que habría que hacer es valorar la marca y

    la situación y medir cuál es el resultado de las

    inversiones. De todos modos, hay que tener en claro que lo que se

    mantiene no es la marca sino el nombre, que no es lo mismo. Si se

    cambia el nombre, pero todos los otros elementos de la marca

    -como los servicios- permanecen igual, no se modifica

    nada.

    ¿En qué casos la marca es todo en un producto?

    En las empresas petroleras, por ejemplo, la marca es relevante

    pero también lo es la ubicación de las estaciones de

    servicio, si tienen tiendas abiertas las 24 horas del día o el

    precio de la nafta. Ahí el papel de la marca es más

    bajo. Cuando analizamos BP (British Petroleum) encontramos que,

    aunque la gravitación de la marca es más baja que en el

    rubro de perfumes, varía mucho entre países. En algunos

    la marca aporta 2 o 3% al valor de la empresa porque los consumidores

    piensan que todos los productos son iguales y lo único que les

    interesa es el precio. En otros países, en los que el cliente

    no está seguro del producto o tiene miedo de que la nafta no

    sea tan pura, el papel de la marca es mayor.

    ¿Cómo se incrementa el valor de una marca?

    Tomemos el caso de los servicios financieros. Entre muchos bancos

    la batalla es siempre por los precios y las tasas de interés.

    Pero hay oportunidad de crear una marca fuerte, que obviamente no

    tiene que tener precios fuera de mercado. Un ejemplo es el telebanco

    más exitoso de Inglaterra, que pertenece al Midland, del HSBC.

    Hace seis años, el Midland decidió lanzar un telebanco

    de 24 horas con la marca First Direct. Cuando ellos contrataron a los

    empleados, el único criterio era que no hubieran trabajado en

    otro banco. Ahí la marca es el staff: no tienen locales, no

    hay tanta comunicación, no hay caras de personas, sólo

    voces en el teléfono. Pero con estas voces y la manera de

    tratar al cliente, crearon una marca de seguros, de inversiones y una

    clientela leal que llama para saludar el día de Navidad. En

    los estudios de mercado encontraron que la mayor parte de los

    clientes de First Direct eran personas que rechazaban totalmente al

    Midland.

    ¿Cómo se hace para crear una marca opuesta a las

    que ya se tienen?

    Sólo se puede hacer si los responsables de la marca tienen

    influencia en todas las partes de la oferta. Las empresas piensan que

    la marca es la comunicación y que todo se resuelve al cambiar

    la identidad o la publicidad. Pero también influye el

    servicio, el layout de las tiendas y el precio de los productos.

    Estos elementos tienen más que ver con la marca que la

    comunicación tradicional. La historia de las marcas viene del

    marketing y es difícil persuadir al presidente de una

    compañía de que el valor de la marca también

    tiene que ver con él.

    ¿Cómo se logra controlar todas las variables?

    -Una clave es entender lo que quiere o no quiere el

    consumidor. Las empresas ofrecen lo que pueden y, en este sentido,

    los bancos son los peores. Dicen “tenemos treinta tipos de

    hipotecas”, pero el cliente sólo quiere comparar dos o tres.

    Si se empieza desde la óptica del consumidor se evitan muchos

    problemas. Las mejores marcas son las que comienzan, antes que el

    producto, con lo que quiere el futuro cliente. El nombre y la

    identidad son elementos que reflejan ese posicionamiento.

    ¿Cuáles son las características de las

    mejores marcas?

    Las más exitosas son las que generan una relación de

    amor u odio. Por ejemplo Disney o Coca-Cola. Su valor viene del hecho

    que no se puede tener una posición neutra con respecto a

    ellas. Yo quiero a Pepsi porque no es Coca-Cola, intenta hacer cosas

    distintas. Sin éxito, pero lo intenta. Marlboro es una de mis

    marcas más queridas porque no se disculpa y es orgullosa.

    Todas las marcas que nombró son de Estados Unidos.

    Es que las más valiosas son de allí: Coca-Cola vale

    más de US$ 50.000 millones, Marlboro más de US$ 42.000

    millones, Mc Donald´s y Disney, entre US$ 35.000 y US$ 40.000

    millones. Muchos de los mercados con marcas importantes fueron

    desarrollados por empresas norteamericanas en los años ´50 y

    ´60, como el de bebidas, fast food y películas.

    Las marcas del nuevo milenio serán más las de

    servicios que las de productos y ahí no es tan claro que los

    norteamericanos tengan ventajas sobre los otros países. Por

    ejemplo, la marca de servicios financieros más importante

    puede venir de Inglaterra. Un problema de los rankings de marcas es

    que parece que sólo las internacionales tienen valor y eso no

    es verdad. Si se unen todas las cervezas nacionales se llega a un

    valor más grande que el que poseen Heineken o Budweisser.

    Claro que en los mercados competitivos, las marcas tienen más

    valor.

    ¿Cómo ve el mercado argentino?

    Hasta ahora no hay sofisticación en la gestión de

    marcas en las empresas locales. No hay consultoría en este

    rubro. Hay agencias de publicidad, pero no es lo mismo, porque la

    marca no es la publicidad, aunque a algunas empresas les cueste

    entenderlo. Ahora sólo haciendo inversiones las ventas pueden

    subir. Pero cuando una marca quiere salir al exterior, las

    compañías deben tener una gestión más

    compleja y esto se ve más en Brasil que en la Argentina. Me

    parece que algunas empresas brasileñas entienden mejor la

    oportunidad de crear y fortalecer sus marcas tanto para exportar como

    para defender su mercado de los nuevos rivales. Interbrand

    trabajó en algunos proyectos con la agencia argentina Avalos

    & Bourse, como en el caso del Banco Hipotecario. Probablemente

    estableceremos una oficina junto a alguien que ya esté en el

    país.