China lanzó tres cohetes en una semana y aceleró su carrera contra Starlink
La potencia asiática encadenó vuelos de un lanzador privado de metano, el pesado estatal Larga Marcha 5 y un cohete comercial surgido de la Academia de Ciencias. La secuencia reflejó la estrategia con la que Beijing busca superar los cien lanzamientos orbitales anuales y expandir sus constelaciones de internet satelital.

China completó durante la última semana una secuencia de tres lanzamientos orbitales desde los centros espaciales de Jiuquan y Wenchang. Las misiones involucraron a una empresa privada, al principal contratista estatal y a una compañía nacida del sistema científico chino. En conjunto, ofrecieron una muestra de la estructura industrial con la que el país busca ampliar su presencia en el mercado espacial global.
La actividad se produjo en un momento de fuerte expansión del sector espacial chino. El objetivo oficial para 2026 es superar por primera vez los 100 lanzamientos orbitales en un solo año, impulsado principalmente por el despliegue de las constelaciones de órbita baja Qianfan y Guowang.
El metano privado abrió la secuencia
La semana comenzó con el despegue del ZhuQue-2E Block 2 de LandSpace, una compañía privada fundada en Beijing en 2015 por Zhang Changwu.
La empresa había ganado notoriedad internacional en 2023 cuando una versión anterior de este lanzador se convirtió en el primer cohete impulsado por metano y oxígeno líquido en alcanzar la órbita. Esta combinación de propelentes es considerada estratégica por la industria debido a su potencial para facilitar la reutilización y reducir costos operativos.
El ZhuQue-2E Block 2, de casi 56 metros de altura y unas 267 toneladas al despegue, puede transportar hasta 6.000 kilogramos a órbita baja. Su diseño fue concebido para atender el creciente mercado de despliegue de satélites de comunicaciones y constelaciones de internet.
El vuelo también tuvo valor simbólico para la compañía. LandSpace retomó las operaciones de esta familia de cohetes después de los problemas registrados durante ensayos vinculados a tecnologías de recuperación realizados a fines de 2025. El desafío tecnológico para las empresas chinas ya no es alcanzar la órbita, sino desarrollar sistemas de reutilización comparables a los utilizados por SpaceX.
El Estado desplegó su lanzador pesado
En la mitad de la semana, el protagonismo pasó al Larga Marcha 5, el principal lanzador pesado de China, desarrollado por la corporación estatal CASC.
El vehículo despegó desde el centro espacial de Wenchang, en la isla de Hainan. Con capacidad para transportar aproximadamente 25 toneladas a órbita baja, constituye la plataforma utilizada por China para sus misiones de mayor complejidad.
A lo largo de los últimos años, el Larga Marcha 5 permitió el lanzamiento de las misiones lunares Chang’e, la misión marciana Tianwen y varios módulos de la estación espacial Tiangong.
Las autoridades no divulgaron la naturaleza de la carga útil transportada en esta oportunidad. Este nivel de reserva es habitual en misiones relacionadas con satélites de comunicaciones, validación tecnológica o programas de interés estratégico.
Mientras LandSpace representó la expansión del sector privado, el Larga Marcha 5 volvió a exhibir el rol central que conserva el Estado chino en los programas espaciales de largo plazo.
La Academia de Ciencias reforzó su presencia comercial
La tercera misión estuvo a cargo del Kinetica-1 Y14 de CAS Space, que despegó desde Jiuquan.
Se trata de un lanzador sólido de cuatro etapas, con una masa aproximada de 135 toneladas y capacidad para colocar alrededor de 1,5 toneladas en órbita baja. Su actividad se concentra principalmente en misiones compartidas de satélites de observación de la Tierra.
CAS Space surgió como una derivación comercial de la Academia de Ciencias de China. La compañía avanzó durante los últimos años en un modelo de negocios orientado al mercado internacional y mantiene planes para cotizar en la bolsa de Shanghái.
Entre sus antecedentes figura el lanzamiento de satélites para clientes mexicanos, un dato que refleja la creciente presencia de proveedores chinos en América Latina, una región donde SpaceX concentra actualmente la mayor parte de la actividad comercial.
La empresa también avanzó en el desarrollo del Kinetica-2, un lanzador de combustible líquido con capacidad para transportar hasta 12 toneladas a órbita baja y con planes de incorporar tecnologías de reutilización antes del final de la década.
Una estrategia basada en la frecuencia
Consideradas de manera aislada, las tres misiones tuvieron una dimensión menor que los grandes programas tripulados o interplanetarios. Sin embargo, su importancia radicó en la frecuencia alcanzada.
La estrategia espacial china depende de una elevada cadencia de lanzamientos para desplegar miles de satélites destinados a las constelaciones Qianfan y Guowang. Ambos proyectos constituyen la respuesta de Beijing al liderazgo que Starlink consolidó en el mercado mundial de conectividad satelital.
Para la Argentina, esta evolución presenta dos implicancias. La primera es la ampliación de la oferta de servicios de lanzamiento, un factor relevante para futuros programas espaciales impulsados por organismos como la CONAE y ARSAT. La segunda es la expansión de sistemas de conectividad satelital que competirán en forma directa con Starlink, servicio que ya opera en el país bajo autorización del ENACOM.
La sucesión de lanzamientos registrada durante la semana mostró que China no sólo incrementó su capacidad de acceso al espacio. También aceleró la construcción de una infraestructura orbital destinada a disputar uno de los mercados tecnológicos más relevantes de la próxima década.
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