Las opciones estratégicas de la relación Repsol-YPF se encuadraban
en el ejemplo del llamado dilema del prisionero. Lo más conveniente,
cuando Repsol compró en bloque parte de las acciones en poder del Estado
nacional, era el acuerdo cooperativo de fusión, pero lo más probable
era la toma hostil y el copamiento de YPF por Repsol. Y eso fue lo que finalmente
ocurrió.
La cooperación es posible a partir de la confianza en una estrategia común. Los españoles tienen una estrategia en energía; los argentinos, no. Repsol es una empresa privada joven que responde a la estrategia española de posicionarse en el mercado energético latinoamericano a partir de la Argentina. Por eso era importante comprar YPF.
La falta de estrategia argentina convirtió a YPF en el recurso financiero excepcional para tapar los agujeros de las cuentas públicas. Se la privatizó atomizando el capital para colocar las acciones rápidamente y juntar plata. Y se la reprivatizó vendiendo en bloque 14,99% del remanente de acciones del Estado nacional para obtener un plus sobre la valorización de mercado a cambio del control. De nuevo había que juntar plata.
Cambio de táctica
Ha habido una variante táctica en la estrategia de Repsol. El plan original
era acceder al control de YPF con otra compra parcial de acciones, a ser financiada
con emisión y canje de acciones propias.
La resistencia del management de YPF a modificar los estatutos (en defensa de los intereses del resto de los accionistas) y las advertencias de la oposición política a no forzar reglas de juego (la operación de venta de 14,99% de las acciones generó suspicacias porque se hizo cuando los precios del petróleo tocaron su mínimo histórico) obligaron a los españoles a redoblar la apuesta para lograr su objetivo ofertando públicamente por el total de la compañía y al contado.
Si Repsol hubiera imaginado desde el comienzo esta estrategia de toma de control, habría concretado la maniobra con mucho menos costos. Si en enero, al comprar en bloque las acciones del Estado, la compañía española hubiera hecho una oferta pública a US$ 38 por acción para el total de la empresa, difícilmente los accionistas de YPF la habrían rechazado, y nada hubiera podido argumentar la dirección de la empresa. Repsol ya estaría gerenciando la otrora petrolera estatal argentina. Es posible que meses atrás la empresa española no contara con todo el paquete de financiamiento, pero lo más probable es que haya tenido que rectificar sus movimientos originales y jugar el todo por el todo. No podía permanecer en una actitud pasiva habiendo invertido más de US$ 2.000 millones.
El camino cooperativo de la fusión tenía, para los españoles (que también tienen su frente interno), un plazo perentorio. Si no podían recorrerlo en tiempo, o bien vendían su posición en YPF (aceptando el fracaso y el mal negocio) o apuraban el copamiento ofertando al contado, como lo hicieron (US$ 44,78 por acción).
La sorpresa argentina por la oferta pública de adquisición de los españoles resulta coherente con la falta de una estrategia que permitiera preverla.
Los accionistas de YPF interesados en vender conseguirán 17,84% más que lo que obtuvo el Estado nacional cuando concretó la venta en bloque en enero pasado (US$ 38 por acción). El precio ofertado supera, además, en 25,43% el último valor que la acción de YPF tenía en el mercado.
Otro dueño, otro Estado
La vía elegida por Repsol para consumar su operación de compra
y anexión de YPF es legal y respetuosa de las previsiones estatutarias,
pero desde el punto de vista de los intereses del mercado energético
argentino, genera reflexiones encontradas.
YPF tendrá un nuevo dueño y es importante que éste encuentre otro Estado como interlocutor. Un Estado con una estrategia productiva y sectorial en materia energética, capaz de gerenciar políticas regulatorias y de defensa de la competencia, e idóneo para generar transparencia y confianza en los inversores.
Son estas políticas las que deben convencer al nuevo accionista de que el marco de respeto a las reglas de juego y la seguridad jurídica imponen un contexto de competencia en el mercado de los combustibles y del gas natural, y que los planes de la conducción para la empresa futura deberán privilegiar la inversión en la Argentina (y, a partir de la Argentina, en la región).
La cuestión impositiva tampoco es indiferente. YPF mantendrá domicilio social en la Argentina (por el compromiso establecido en el contrato de compra de las acciones en bloque) pero, desde el punto de vista impositivo, puede optar por minimizar su exposición local. Este es otro tema a discutir y controlar.
El gobierno va a estar representado en la nueva conducción de YPF por un director y un síndico y preservará la acción dorada. Estas posiciones, diligentemente ejercidas, también van a servir para el monitoreo y el control de la nueva estrategia empresaria.
En la categoría de los medianos
YPF, junto a Repsol, vuelven a pelear en la categoría de las compañías
medianas en el mercado internacional del petróleo. Nacieron como medianas,
pero las grandes fusiones y concentraciones de los últimos años
las habían reducido a la categoría de jugadores livianos.
La integración de las empresas suma porte y envergadura y esto es muy importante en el mundo de los negocios petroleros. Tampoco es desdeñable la complementación de sinergias de ambas empresas (YPF, con reconocido know how en exploración y producción; y Repsol con tradición refinadora y comercializadora) y la posibilidad del grupo de acceder a financiamiento, a tasa de riesgo, de la Unión Europea.
Repsol ha apostado al largo plazo argentino. Compró instalaciones y reservas de hidrocarburos. Va a recuperar su inversión durante la gestión de otras administraciones de gobierno. Más que confianza en la Argentina de hoy, ha demostrado confianza en la Argentina que viene. Si sospechara algún cambio estructural en las reglas que rigen el mercado jamás habría comprometido US$ 15.000 millones en una aventura estratégica.
¿Hizo Repsol un buen negocio? La empresa siguió una estrategia acordada con el gobierno español para consolidar su presencia y penetración en el mercado latinoamericano de la energía. Económicamente habrá que ver cómo evolucionan los precios del crudo y si los acuerdos de reducción productiva se cumplen.
Aguas abajo, el mercado de combustibles en la Argentina va a ser más competitivo y las empresas integradas ya no obtendrán las rentas de los primeros años de la desregulación de la industria.
El nuevo tamaño permitirá a Repsol competir mejor por las oportunidades de negocios que se abren en la región, especialmente en Brasil.
El tiempo dirá si Repsol hizo un buen negocio pero, mientras tanto,
todos reconocen su apuesta estratégica.
Daniel G. Montamat fue Ex presidente de YPF.
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“El 7% de la economía, en manos españolas”, en diario Clarín, Suplemento Económico, 9 de mayo de 1999, pág. 22. “Llegamos “Repsol |
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