Sembrar cultura, pero no solo la empresarial
Por Sabrina Zago, líder de Talento y Cultura en Finnegans

No es casual que se hable de “cultura” en las organizaciones. Las empresas, además de desarrollar productos o servicios, son capaces de moldear climas, narrativas y formas de imaginar el futuro. La etimología del término remite a cultivar: sembrar algo compartido dentro de una comunidad, ya sean valores, hábitos, símbolos, rituales, visiones del mundo o maneras de relacionarse.
Sin embargo, muchas veces la noción de cultura empresarial se reduce a slogans o dinámicas para “romper el hielo” programadas de forma esporádica. En realidad, este concepto puede esconder dimensiones más profundas: las experiencias que una compañía habilita, las conversaciones que decide abrir y los ámbitos que considera prioritarios.
Por eso resulta valioso cuando desde las organizaciones se toma la decisión de generar cruces aparentemente ilógicos entre disciplinas, y se impulsan alianzas con actores culturales y sociales de su comunidad. No necesariamente porque eso garantice un retorno inmediato, sino porque se entiende que la innovación también florece en lugares impredecibles.
La creatividad, la improvisación, la capacidad narrativa o la interpretación de contextos – habilidades profundamente humanas- son cada vez más necesarias en el mundo corporativo. ¿Qué disciplinas trabajan sobre esas dimensiones? El teatro, el periodismo, la música, las artes visuales, entre otras.
A nivel internacional hay ejemplos inspiradores. Google desarrolló el programa Artists and Machine Intelligence (AMI), que conecta artistas y tecnólogos para explorar nuevas formas de inventiva vinculadas a la inteligencia artificial. En otra escala, Steve Jobs, durante su etapa en Pixar, promovió el diseño de oficinas bajo la lógica de “creative collisions”: encuentros espontáneos entre personas de distintas disciplinas basados en la idea de que muchas innovaciones relevantes surgen de conversaciones inesperadas.
En nuestro caso, la participación de Finnegans en el Festival Futuro Imperfecto es un ejemplo claro. El evento propuso un abordaje colectivo del periodismo del siglo XXI para discutir democracia, inteligencia artificial y libertad de expresión. Se trató de un espacio de diálogo que impulsó la reflexión colaborativa en contacto directo con autores, periodistas y especialistas del pensamiento contemporáneo.
El arte y el periodismo tienen algo en común: ambos interpretan la realidad, cuestionan lo establecido y generan debate. Muchas veces, también incomodan. Por eso resulta tan atractivo cuando una organización decide convivir con esos lenguajes en lugar de evitarlos.
Esto se complementa con la diversidad de iniciativas de Finnegans destinadas a incorporar la cultura en el día a día del desarrollo productivo. Es fundamental que existan entornos reales donde las experiencias artísticas puedan desplegarse. Los auditorios, talleres, festivales y encuentros culturales que promovemos funcionan no sólo como infraestructura física, sino también como infraestructura social: lugares donde circulan miradas diversas y se construyen formas distintas de comunidad.
La clave está en volver a mirar con qué actores locales se pueden desarrollar estas iniciativas; en ver a la organización desde el barrio donde opera y en comprender que una empresa no actúa aislada de la sociedad, sino en diálogo constante con ella.
Diseñar el futuro del trabajo implica construir organizaciones más humanas, más abiertas, más conectadas con su entorno. Es entender, en definitiva, que la innovación nace en la intersección: ahí donde la tecnología se encuentra con el teatro, el periodismo con la performance y la empresa con la cultura.
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