martes, 3 de marzo de 2026

    Final del doble comando

    Como
    Royal Dutch/Shell en 2004, el conglomerado abandona la doble estructura
    de mando. Ahora tiene un solo CEO, Patrick Cescau. Lo pensaron casi seis
    meses. La caída de ganancias aceleró la decisión.
    Los realineamientos se oficializaron a mediados de febrero, pero el anuncio
    se había hecho inminente desde que un rival, Procter & Gamble,
    anunciara la compra de Gillette (ver página 34). En volumen, la empresa
    sigue siendo importante, pero muestra números pobres. Las ventas
    globales aumentaron un magro 0,4% con marcada debilidad en el mercado norteamericano
    y europeo. Las ventas de 2004 sumaron € 42.000 millones. Las utilidades
    reflejaron un incremento de 4%, para situarse en € 4.100 millones (en
    verdad fueron menores en € 1.500 millones, debido en gran medida a
    ítems y ajustes excepcionales).
    El final del modelo de doble comando intenta apaciguar a los enojados inversionistas,
    después de dos años de crecimiento mínimo en ganancias
    y en ventas. Patrick Cescau es el primer presidente único del grupo
    desde 1929, cuando la holandesa Margarine Unie -alimentos- y la británica
    Lever Brothers -jabones- se juntaron. Pero, imitando a la alianza Koningklijke
    Petroleum-Shell (1913), optaron por mantener doble comando, bajo el nombre
    Unilever. Por entonces, los gobiernos de Londres y La Haya tenían
    acciones en ambos conglomerados.
    En esa época, la doble central no tenía marcas europeas “populares”.
    Pero sí las había en Argentina, donde Lever Hnos. & Savia
    Ltda era líder indiscutible del mercado vía una marca de ésas
    que no se olvidan, Federal, y su jabón de tocador Manuelita. Vaya
    ironía: una empresa angloholandesa usaba dos símbolos, imágenes
    incluidas, del régimen rosista, mientras Argentina era una “joya”
    de la corona británica.
    Por supuesto, el grupo muestra hoy varias marcas conocidas. Desde la línea
    de belleza Dove o las comidas precongeladas Bird’s Eye hasta el té
    Lipton o los cuestionados diéteticos SlimFast. Precisamente los problemas
    de esta línea de productos explican parte de los bajos ingresos en
    2004, pues la firma redujo en 1.000 millones esos activos, a la mitad de
    su valor anterior. Eso puede ser prolegómeno de una venta, provocada
    por el deterioro de dietéticos y otros presuntos adelgazantes, que
    vienen afrontando un rechazo psicológico, especialmente femenino,
    en varios mercados.

    Presión
    de los accionistas

    Por un motivo u otro, Unilever viene soportando presiones de los accionistas,
    pues desde hace algunos años su desempeño no está
    a la altura de sus principales competidores globales. Una parte del problema
    era la propia estructura, lenta, pesada, por momentos estólida.
    Con algo más de 75 años, Unilever seguía manejándose
    con dos presidentes, dos redes centrales y una larga serie de funciones
    por partida doble.
    Ahora el ex copresidente del lado británico, Cescau -un francés-
    reunirá las atribuciones ejecutivas. Lo malo es que el otro ex
    copresidente -el holandés Anton Burgmans- sea retenido como “presidente
    no ejecutivo”.
    La trayectoria de Cescau es típica de su entorno: entró
    en el grupo en 1973, trabajó en tres filiales (Yakarta, Lisboa,
    Chicago) y llegó a director financiero en 1999. En 2001, quedó
    a cargo de la división alimentaria global y, en medio de la reciente
    crisis, reemplazó en septiembre pasado como copresidente al inglés
    Niall FitzGerald, un directivo nada brillante. Igual que Burgmans, parecía
    producto de un ascenso escalafonario. A esa altura, Cescau era inevitable,
    dado que tiene una imagen algo más dinámica en una cúpula
    poco proclive a innovaciones e ideas.
    Según un nutrido grupo de accionistas, la compañía
    probablemente invierta bastante en publicidad y desarrollo de productos
    en el futuro. Pero “no prevemos mayores márgenes en los próximos
    años”, previno Delta Lloyd Securities (Londres). “Cualquier
    ahorro o ganancia irá a marketing; no tienen otro remedio”,
    coincidía un analista de ING Barings en Amsterdam.
    Seguramente, se revisarán fracasos y pasos en falso, con una inevitable
    caída de cabezas. Por ejemplo, ya no duermen tranquilos los responsables
    de haber comprado SlimFast en 2000. “Univeler fue víctima
    del espejismo Atkins, una dieta que cada tantos años se pone de
    moda y después se olvida”, explicaban en DLS.