miércoles, 4 de marzo de 2026

    Las razones detrás de la caída de una mujer valien

    Dos
    semanas antes ya sonaron las alarmas. El 24 de enero, el Wall Street Journal
    decía que el directorio de Hewlett-Packard estudiaba una reestructuración
    gerencial para delegar algunas de las responsabilidades diarias de la presidenta
    y CEO Carleton (Carly) S. Fiorina en tres ejecutivos de HP: Vyomesh Joshi,
    Ann Livermore y Shane Robison. HP negó la versión pero ya
    se había instalado la sensación de que no todo era color de
    rosa entre Fiorina y los miembros del directorio. El 9 de febrero dimitió
    al doble cargo de presidenta y CEO que ocupaba desde 1999, aduciendo diferencias
    con el directorio sobre cómo ejecutar la estrategia HP.
    En cuanto la información de lo acontecido llegó a los medios
    comenzaron las conjeturas sobre por qué Fiorina habría sido
    forzada a dimitir y cuáles serían las consecuencias de su
    alejamiento en la estrategia de HP. Evidentemente, uno de los factores que
    venía preocupando era el mal desempeño de la compañía
    después de que la CEO forzara la controvertida fusión con
    la rival Compaq en mayo 2002.
    “Sobre la base de las declaraciones públicas, hasta ahora, no
    parece que el tema más importante haya sido de ejecución -o
    sea, cómo manejó la empresa- sino más bien hacia adónde
    quería llevarla, opina el profesor Michael Useem, director del Center
    for Leadership and Change Management. “Es posible que el directorio
    quiera un líder con habilidad para ejecutar. Vista desde afuera,
    al menos, Fiorina parecía ser una gran ejecutora, tanto que intervenía
    personalmente en varias áreas del negocio. Si lo que el directorio
    quiere es más ejecución, la persona que la suceda tal vez
    tendrá que moverse más rápido en inflar ingresos y
    aumentar ganancias. Por otra parte, el directorio manifestó en varias
    oportunidades que adhería fuertemente a la estrategia de Carly para
    HP. Si esto es así sorprendería que ahora
    decida modificarla”, añadió el especialista.

    Un camino lleno de obstáculos

    Fiorina llegó a Hewlett Packard en 1999 después de una exitosa
    carrera en Lucent y AT&T, con especialidad en ventas y marketing. Incluso
    antes de llegar al despacho de CEO tuvo que superar varios obstáculos.
    Ser mujer era el menor de todos. Su mayor problema era que era una outsider,
    no sólo porque nunca había trabajado en HP sino porque, a
    diferencia de los fundadores de la compañía, era marketinera,
    no ingeniera.
    Se hizo cargo de HP en el pináculo -o tal vez el comienzo de la declinación-
    del boom tecnológico. Hacer dinero en tecnología durante los
    últimos cinco años ha sido mucho más difícil
    que en la segunda parte de los ’90. Ella sabía -o al menos creía-
    que HP tenía que introducir grandes cambios.
    Tenía una visión y no temía vendérsela a los
    demás. “Estamos entrando en un mundo formado por lo que llamamos
    ecosistemas, donde todo es agrupaciones, comunidades, clusters de clientes
    y socios. Esa
    asociación va a ser muy importante. Sé


    que HP es un socio magnífico”, fueron sus palabras textuales
    a Mercado en abril del año 2000.
    Y con convicción y coraje impulsó la iniciativa de comprar
    Compaq Computer a pesar de las objeciones del hijo del cofundador William
    Hewlett y de muchos otros accionistas.
    Comenzaron a circular rumores acerca de cómo se estaba apartando
    del "HP way", del viejo estilo de la compañía.
    La vieja HP era un grupo colegiado con oficinas abiertas, cuellos abiertos
    y también de abiertas líneas de comunicación entre
    la gerencia y los empleados. Por los pasillos se decía que los
    fundadores William Hewlett y David Packard habrían desaprobado
    el estilo de liderazgo de Fiorina.
    Pero aquellos dos precursores tenían algo en común con Fiorina:
    coraje para correr riesgos. “No sé si hubieran corrido los
    mismos riesgos," dice Rosalie Dickey, ex ingeniera química
    de HP retirada desde 1986, “pero ellos, como ella, estaban siempre
    dispuestos a apostar a todo o nada”.
    Cuando se debatía la compra de Compaq y después de su tumultuosa
    aprobación por una escasa mayoría de votos, muchos veían
    a Fiorina como una generadora de problemas, empeñada en convertir
    a dos empresas viables en un monstruo inmanejable.
    Muchos editorializaron en contra de la fusión, señalando
    que sería nefasta para los empleados, mala para los comerciantes
    (que tendrían menos productos para vender), mala para los consumidores
    y también para los accionistas. Según un consultor que trabajó
    en HP, "ella apostó todas las fichas de la compañía
    a la fusión. Y al final, no consiguió su principal objetivo,
    que era crear la más grande empresa de computadoras del mundo”.

    Las críticas
    frecuentes

    Su gestión siempre tuvo muchas críticas. Los cambios que
    debieron introducirse para integrar a las dos empresas provocaron el despido
    de miles de empleados de Hewlett Packard y Compaq. También provocó
    el descontento de los millones de accionistas cuyas tenencias perdieron
    valor sostenidamente desde 2002. El capital de HP hoy vale menos que en
    1999 mientras los de Dell e IBM aumentaron su valor.
    Al hacer la evaluación de estos últimos seis años,
    también aparece el intento de que HP hiciera de todo y para todos.
    Por el lado de las PC, intentó competir con la estrategia de bajo
    costo aplicada por Dell, mientras que en la franja más alta quiso
    competir con los servicios customizados de consultoría y negocios
    de IBM. Desafió a los líderes de ambos extremos y no le
    fue muy bien en ninguno. Por eso ahora ya se escuchan muchas voces, dentro
    de la compañía y entre los observadores, recomendando que
    HP abandone su negocio de PC para concentrarse más en el de impresoras,
    donde le iba tan bien desde mucho antes que llegara Fiorina.
    En lo que hace a innovación, dejó caer la pelota. A poco
    de estar en el cargo, la CEO cambió el eslogan de la compañía
    por el de "invent." Era una buena idea que reflejaba su fuerte
    respaldo a la innovación, al desarrollo y a la excelencia del personal
    de investigación. Pero las invenciones que produjeron no tuvieron
    la repercusión necesaria como para cambiar el destino de la compañía.
    No pasó, por ejemplo, lo de Apple, una empresa que también
    estaba en problemas en los ’90, pero inventó un nuevo negocio
    con el reproductor digital iPod y su servicio iTunes.
    También trató de imitar a Dell y Gateway comercializando
    su propia línea de televisores y otros productos de entretenimiento
    para el hogar. Gateway tuvo el buen criterio de retirarse del negocio
    cuando se dio cuenta de que no podría competir. Aunque todavía
    es pronto para saber cómo les irá a Dell o a HP, lo que
    sí se puede aventurar -acota Larry Magid, especialista en temas
    tecnológicos de la CBS- es que para una empresa en dificultades
    eso puede resultar una distracción más que una solución.


    La supuesta panacea

    Para explicar por qué no resultaron sus esfuerzos por revivir la
    compañía a través de la fusión con Compaq
    hay que retroceder en el tiempo y mirar por qué Fiorina quiso aventurarse
    en un paso tan radical, dice Kevin Werbach, profesor de estudios legales.

    Por entonces existía la sensación de que aunque HP tenía
    una reputación muy fuerte, iba a contramano de la industria. Las
    PC y la tecnología informática en general, se estaban convirtiendo
    en un negocio difícil y, además, empresas como Dell estaban
    obligando a reducir los márgenes de ganancias. Fiorina supuso que
    la fusión HP-Compaq resolvería el problema, pero vendió
    la idea como algo que sacaría a HP de todas sus dificultades. Por
    el contrario, la fusión no resolvió los problemas de HP
    y además le agregó los de Compaq. Quienes se le oponían
    decían entonces -y ahora lo recuerdan- que la fusión era
    como atar dos piedras juntas y creer que iban a flotar. Eso fue lo que,
    en definitiva, le significó a Fiorina la pérdida de la confianza
    del directorio.