A George Bush le hubiera gustado ir a la reelección presidencial sin tener que disputar la candidatura republicana. Así lo sugerían las encuestas hace pocos meses. Pero esa posibilidad se ha evaporado: la cuestión interna, como los estadounidenses llaman a la combinación de problemas económicos y al pesimismo y falta de dirección que caracteriza en este momento a la sociedad (según advierten las encuestas), le robó la oportunidad que tuvieron otros presidentes con fama o brillo de estadistas.
Sin apelaciones, deberá enfrentar una desgastante campaña interna contra dos candidatos que pueden deteriorar más su maltrecha imagen.
Uno de los postulantes, David Duke, es una anécdota. Su mérito más notorio es haber sido cabeza del Ku Klux Kan. Duke no tiene la menor oportunidad en esta contienda, pero intenta ocupar el escenario nacional y aglutinar a ese electorado blanco, protestante, de clase media baja, lleno de ira, especialmente en los estados sureños.
FUEGO CRUZADO.
El verdadero riesgo es Patrick Buchanan, el incisivo periodista (los latinoamericanos lo reconocen a través de su programa Cross Fire en la CNN) que trabajó ocho años con Richard Nixon y que fue director de Comunicaciones de la Casa Blanca con Ronald Reagan entre 1985 y 1987.
Al abrasivo Buchanan la interesa restaurar el prestigio intelectual de la ultraderecha y desalojar del poder partidario a los neoconservadores (“ex liberales”, según sus palabras). Patrick Buchanan es un ideólogo, un intelectual, es inteligente, tiene ideas propias, es un excelente comunicador y un polemista que hay que evitar.
Este es el verdadero potencial de riesgo que hace sudar frío en la Casa Blanca. Puede revelar que “el emperador está desnudo”, y que la orfandad de George Bush reside en que es incapaz de imaginar o instrumentar el programa de recuperación que la nación comienza a percibir como importante. Las causas que defiende Buchanan son las que antagoniza Bush. Por eso el debate público será inevitable. El agresivo descendiente de irlandeses, que pretende convertirse en el legítimo heredero de Ronald Reagan, se ha erigido en el campeón del aislacionismo (“America first” es su credo) en política exterior; del proteccionismo en lo económico; y del movimiento anti inmigratorio (excepto cuando se trata de irlandeses) en lo social.
El deterioro de la campaña interna puede resentir las posibilidades de Bush en la elección presidencial. Ya hay 37% del electorado que vería con simpatía a un presidente demócrata. Ese porcentaje puede crecer.
