martes, 24 de febrero de 2026

    Antes y después del plan Cavallo

    En una economía estable, tres años es un período relativamente corto, en el que las oscilaciones normales de los mercados constituyen apenas una anécdota en la historia de las empresas. Sin embargo, en una situación como la actual, enmarcada en la profunda transformación que caracteriza a la economía mundial, y particularmente a la argentina, tres años pueden significar el tránsito entre la vida y la muerte para muchas firmas.

    De esto último dan cuenta los notables cambios registrados en el país desde la convertibilidad, que obligaron a las compañías locales a entrar de lleno en la competencia de los mercados internacionales, después de varias décadas de actuar en un mercado cautivo donde la preocupación fundamental era ganarle a la inflación, más que mejorar la eficiencia operativa.

    Un vistazo a lo que ocurría en el mercado de capitales a fines de 1990 y a lo que se observó durante los últimos meses de 1993 permite esbozar un balance de los efectos del Plan de Convertibilidad sobre los negocios bursátiles y sobre las empresas que en esa época lideraban la plaza.

    Hace tres años, el papel de mayor movimiento del mercado era Celulosa, que absorbía negocios promedio por US$ 3 millones diarios. La preferencia de los inversores determinaba que su valuación bursátil al 31 de diciembre de 1990 fuera de US$ 210,8 millones contra los US$ 83,8 millones que exhibió a fines de noviembre pasado. Las cifras son, por cierto, suficientemente elocuentes.

    Otro caso muy notorio es el de Indupa, que a fines de 1990 todavía enarbolaba su prestigio de empresa sólida, con una capitalización bursátil de US$ 195,4 millones, que a fines de noviembre de 1993, y después de haber solicitado el concurso judicial de los acreedores, descendió a $ 43,5 millones.

    Algo parecido ocurrió con otra gran petroquímica, Ipako. A fines de 1990 aún gozaba de un prestigio bien ganado entre los inversores, reflejado en su capitalización bursátil, que ascendía a US$ 101,9 millones contra US$ 31,5 millones de noviembre último.

    LOS QUE GANARON.

    Claro que no todas las acciones tuvieron una evolución tan adversa. Algunas, especialmente en la industria petrolera y la banca, mostraron una valorización notable. Lo mismo puede decirse de Ciadea (ex Renault) que hace tres años se negociaba prácticamente a su valor nominal, con lo que alcanzaba una capitalización bursátil de US$ 38,7 millones. A fines de noviembre, en cambio,

    ascendía a $ 775 millones.

    El caso de Ciadea es un ejemplo del notable impulso que la convertibilidad generó en el sector automotriz. Después de varios años de abultados quebrantos, la empresa cerró el ejercicio 1992 con un beneficio neto de $ 80 millones, y la estimación para 1993 está en torno de $ 95 millones (teniendo en cuenta que hasta setiembre llevaba acumuladas ganancias por $ 70 millones).

    En 1990 aún no se habían incorporado al mercado las dos empresas telefónicas, que hoy, juntamente con YPF, son líderes indiscutidas en materia de valuación bursátil.

    En esa ocasión la compañía de mayor envergadura bursátil era la petrolera Pérez Companc con US$ 502,1 millones, una cifra equivalente a menos de la quinta parte de la valuación a noviembre último, que ascendía a US$ 2.558,9 millones.

    La notable diferencia obedece a una valorización pura, dado que en el ínterin no se efectuó ninguna suscripción. Por el contrario, en la práctica la ganancia que obtuvieron los inversores es superior, considerando que en los últimos ejercicios Pérez Companc abonó parte de los dividendos en efectivo, lo que no se refleja en esta comparación.

    A esta empresa se atribuyen perspectivas muy promisorias, considerando que los próximos balances deberían reflejar con mayor intensidad el impacto de las privatizaciones en su desenvolvimiento. Las importantes participaciones accionarias incorporadas a su patrimonio tuvieron escasa significación en los resultados del balance anual cerrado el 31 de agosto, salvo la efectuada en Nortel, que ejerce el control accionario de Telecom.

    Incluso las importantes compras de acciones de YPF figuran contabilizadas en el balance de Perez Companc al precio a que salieron al mercado ($ 19). Por lo tanto, las cifras no reflejan la valorización que tuvieron los papeles de la ex petrolera estatal.

    Así y todo, el balance anual de Pérez Companc finalizó con un beneficio de $ 160 millones, equivalente a 35,3% del capital accionario ($ 452,3 millones). La decisión de los directivos de abonar una retribución de 15% en efectivo y 25% en acciones fue muy bien recibida por los inversores y pone de manifiesto el sólido desenvolvimiento financiero de la compañía, ya que el pago en dinero

    significará un desembolso superior a $ 66 millones.

    La petrolera Astra también registró un fuerte aumento en su valuación bursátil, aunque de menor magnitud que el de Pérez Companc. A fines de 1990 alcanzaba a US$ 207,3 millones contra los US$ 614,4 millones de noviembre último.

    En este caso, la valorización tampoco está distorsionada por nuevas emisiones realizadas. El aumento de su capital desde esa época obedeció pura y exclusivamente a emisiones efectuadas con cargo a las utilidades y a las reservas.

    PESOS PESADOS.

    Con la incorporación de YPF a la plaza bursátil, la ex petrolera estatal pasó a ocupar el liderazgo absoluto tanto por su valuación patrimonial como por la bursátil. A noviembre último el precio de $ 24,65 a que se transferían sus acciones determinaba una valuación total de $ 8.701 millones. Es

    importante aclarar que la cotización de esta empresa está influida por el valor nominal de las láminas, que es de $ 10. Por lo tanto, el precio a que se negociaban a fines de noviembre equivalía a sólo 2,465 veces este valor.

    Esta última relación está más acorde con su rentabilidad, que en los nueve meses cerrados el 30 de septiembre concretó ganancias por $ 394 millones sobre un capital de $ 3.530 millones (11,2%).

    Las ganancias finales pueden oscilar entre $ 750 y $ 800 millones, en cuyo caso la rentabilidad total rondará entre 21 y 23%. El aumento de los beneficios de octubre a diciembre está relacionado con el reciente acuerdo firmado con la compañía Total, que le permitirá recuperar previsiones efectuadas con anterioridad por aproximadamente $ 200 millones.

    Las ganancias correspondientes a 1994 no son fáciles de prever, porque en una empresa de esta magnitud dependen de varios factores, además de la evolución del precio internacional del petróleo.

    La empresa, según informan sus directivos, sigue reestructurándose (la fuerte baja del plantel de personal así lo demuestra) e incorporando nueva tecnología. Lo que lleva a anticipar que, salvo situaciones muy especiales, la rentabilidad de 1994 debería ser, por lo menos, similar a la de 1993. Si estas expectativas se cumplen, tendrían que observarse repercusiones favorables en la cotización,

    que no depende solamente del mercado accionario local sino también de los internacionales, puesto que los papeles de YPF se negocian también en la Bolsa de New York.

    EL FUTURO POR TELEFONO.

    En teoría resulta mucho más fácil pronosticar los rendimientos de las dos telefónicas, dado que los negocios de estas empresas no están relacionados con el errático mercado de los commodities. Por otra parte, el monopolio de que disponen en sus respectivas áreas de influencia permite hacer pronósticos con cierto grado de razonabilidad.

    Es así que el aumento previsible de sus ventas puede oscilar entre 13 y 15%, a lo que se sumará la nueva mejora del margen operativo como consecuencia de las importantes inversiones que vienen realizando.

    Los beneficios de Telefónica de Argentina durante el ejercicio que finaliza el 30 de septiembre próximo pueden situarse en el rango de $ 350 a 370 millones, que determinarían una rentabilidad mínima de 29,7% y una máxima de 31,5% sobre el capital de $ 1.178 millones.

    Esta empresa abona los dividendos anuales en dos cuotas. La correspondiente a la segunda parte del ejercicio (7,5%) comenzó a pagarse en estos días y se suma al 6,8% abonado en junio. Como el total de los dividendos abonados en los últimos años fue inferior a las ganancias obtenidas en esos períodos, a fines de septiembre acumulaba reservas por $ 254 millones, que prácticamente le aseguraban para 1994 (por lo menos contablemente) el pago de un dividendo de 21,5%.

    Si se confirman las estimaciones de ganancias para este año, las disponibilidades de fondos a fines del ejercicio sumarían 52% del capital, lo que hace presumir que, entre las dos cuotas, los dividendos del actual ejercicio podrían sumar más de 17%. Por lo tanto, la evolución futura del precio pasará a

    estar mucho más relacionada con las tasas de interés internacionales que con la evolución de los mercados accionarios.

    En lo que respecta a Telecom, la situación es bastante similar, con la particularidad de que esta empresa abona la retribución a los inversores en una sola cuota (fines de diciembre o comienzos de enero) después de realizada la respectiva asamblea de accionistas. El abonado recientemente alcanzó

    a 15,75% del capital, lo que significó un desembolso de $ 155 millones. Las cifras reflejan elocuentemente el satisfactorio desenvolvimiento financiero de estas empresas, que no parece mayormente afectado por las grandes inversiones que se encuentran realizando. El dividendo pagado por Telefónica en dos cuotas causó una erogación de $ 168 millones que en 1994 podría elevarse a $ 200 millones.

    Por la sólida posición de sus finanzas y la certeza de que abonarán dividendos crecientes en efectivo, las acciones de ambas telefónicas constituyen los papeles ideales para los interesados en asegurarse una rentabilidad anual. Por esta razón su demanda externa es cada vez mayor, lo que con el tiempo

    podría contribuir a secar la plaza local, algo muy parecido a lo que actualmente ocurre con las acciones de YPF, cuya liquidez, en muchas ruedas, no alcanza a representar 10% de la que exhibe en el exterior.

    A medida que se incorporen nuevas empresas a la plaza y se consolide la internacionalización del mercado, la exportación de acciones puede ser un factor a tener muy en cuenta para evaluar la liquidez del mercado accionario local. Esto se comprenderá mejor si se tiene en cuenta que actualmente las operaciones de relevancia con las acciones de YPF se concretan vía Nueva York y no en Buenos Aires, circunstancia que con el tiempo puede significar una sensible caída en el volumen de negocios, no por falta de interesados, sino de oferta.