– Muchos argentinos ven en el modelo económico chileno
un ejemplo digno de imitar (y envidiar). ¿No quedan
todavía, a su juicio, asignaturas pendientes?
– Sí, claro. En cualquier país los éxitos
económicos van planteando nuevos desafíos. Creo que en
Chile hemos logrado consolidar una situación
macroeconómica muy sólida y estable, y se ha generado
un gran consenso social y político en torno de las ventajas
del modelo. Por segundo período consecutivo, la
coalición de gobierno fue elegida con mas de 50% de los votos.
Las inversiones extranjeras se multiplicaron por siete desde el
advenimiento de la democracia y siguen regidas por la misma ley desde
1975.
Los desafíos nuevos están, fundamentalmente, en el
ámbito de la eficiencia microeconómica. Esto es:
aumentar la inversión en recursos humanos, mejorar la
educación, la capacitación, el conocimiento
científico y tecnológico, incrementar la
inversión en infraestructura (algo que tradicionalmente ha
dependido sólo del esfuerzo del Estado), elevar la capacidad
de gestión dentro de las empresas y la eficiencia del sector
gubernamental. Eficiencia, productividad y calidad son los
desafíos que tenemos en Chile, además de la
preservación de las positivas condiciones
macroeconómicas que ya hemos conseguido.
– En el terreno de la economía latinoamericana,
¿dónde están los desafíos más
urgentes?
– Los altos índices de pobreza representan nuestro mayor
problema actual. Las soluciones pasan por el crecimiento, la
creación de trabajo y la calificación de la fuerza
laboral. Yo creo, en ese sentido, que el horizonte de nuestros
desafíos está en el norte de Europa más que en
el Sudeste asiático.
– Ustedes han tenido, a diferencia de la Argentina, una actitud
reticente al ingreso de capital financiero foráneo. Con esta
situación de estabilidad ya consolidada, ¿se puede prever
el levantamiento progresivo de las restricciones?
– En Chile la inversión extranjera representa entre 9 y 10%
del PBI, una de las tasas más altas del mundo. Lo que hemos
querido evitar es el ingreso de capital especulativo, que no hace una
contribución clara al desarrollo nacional y que, en las
condiciones de gran acceso de la inversión extranjera a Chile,
puede ejercer una presión desmedida sobre el valor de nuestra
moneda.
Por eso, nuestra intención es seguir aislando al
país de las corrientes de capital especulativo. Prevemos que,
todavía por un tiempo, vamos a mantener diferenciales de tasas
de interés con los países desarrollados (lo cual
representa un incentivo al ingreso de capital financiero), por lo que
se justifica mantener las medidas de control.
– En cuanto a la inversión directa, ¿se plantean la
alternativa de privilegiar sectores donde la economía chilena
puede ser más competitiva?
– No, nosotros tenemos una política de inversión
extranjera absolutamente no discrecional. Es bienvenida toda
inversión de largo plazo.
– En materia de acuerdos regionales se le ha reprochado a Chile
una actitud de ambivalencia, marcada por su interés en
ingresar al Nafta y, al mismo tiempo, mantener una presencia activa
en el Mercosur. Quizá por eso sorprendió tanto,
aquí, su afirmación de que el proceso del libre
comercio continental avanzará con o sin Estados Unidos.
– Para empezar, no creo que exista tal contradicción. La
incorporación como miembros asociados de Chile y Bolivia al
Mercosur es un paso importante hacia la constitución del
acuerdo de libre comercio del continente. Dado que el Mercosur con
Chile y Bolivia avanza tan rápido, debemos asumir un papel de
liderazgo en el proceso de integración del conjunto de las
Américas.
Ahora bien, Chile ha sido invitado a ser miembro del Nafta.
Nosotros vemos esto como una posibilidad atractiva, que no ha podido
concretarse hasta ahora porque el gobierno de Estados Unidos, al no
contar con el instrumento del fast track, tiene grandes dificultades
para negociar en esta materia.
Mientras tanto, ya hemos firmado un acuerdo de libre comercio con
Canadá y estamos profundizando el que tenemos con
México en el mismo marco del Nafta. De modo que las
condiciones están dadas para negociar con Estados Unidos. No
nos parece que éste sea un proceso contradictorio, sino
complementario con el del Alca.
El proceso de integración de las Américas
adquirió ya tal dinamismo que no se va a detener. La forma que
adquiera esto dependerá en gran medida de la capacidad de cada
socio de participar en el proyecto. Hasta ahora hemos visto una gran
voluntad y dinamismo de todos los países de América,
con excepción de Estados Unidos, que se ha visto inhabilitado
porque su gobierno no cuenta con la facultad necesaria para negociar.
Pero no me cabe ninguna duda de que, aunque el Congreso no se la
otorgara al presidente Clinton, esta circunstancia no
detendría el dinamismo de este proceso. Probablemente no
sería el acuerdo al que nos invitó el propio presidente
Clinton en Miami, pero seguiría avanzando la
integración americana. Por cierto, creo que hay que ser
optimistas con respecto a que el Congreso norteamericano
aprobará el mecanismo de fast track, para que se logre
concretar el Alca con todos sus miembros, que es el deseo de Chile.
– Con una economía de fuerte signo exportador, la
elección de socios comerciales es una cuestión vital
para Chile. Además de América latina, Estados Unidos y
la Unión Europea, ¿que gravitación tiene en esa
estrategia la cuenca del Pacífico?
– Chile ha establecido una red de acuerdos comerciales que cubre
prácticamente todo el continente americano. Estamos en la
última fase de una negociación con Perú, que era
el último país con el que no teníamos acuerdo de
libre comercio en América. El Mercosur absorbe 18% de nuestras
exportaciones, una porción similar a Estados Unidos.
Pero todo esto, con su importancia, no nos hace olvidar la enorme
perspectiva que se nos abre en la región Asia-Pacífico,
que ya es el destino de un tercio de nuestras exportaciones.
Y no se trata de escenarios aislados. Lo que queremos, justamente,
es que Chile participe en la creación de un corredor
bioceánico que les permita a los países de la
región el acceso a los mercados asiáticos. Vale la pena
tener en cuenta, en este sentido, que a fines de septiembre el PEC
(el foro económico de la cuenca del Pacífico) se
reúne por primera vez en una capital latinoamericana,
Santiago. Y que en sus tres años de gobierno, el presidente
Frei ha hecho tres visitas a Japón.
– ¿Qué lugar tiene reservado la Argentina en los
planes chilenos? Las empresas de su país han hecho fuertes
inversiones al otro lado de la cordillera, y avanzan los proyectos de
integración en energía y minería.
– Creo que, afortunadamente, se está construyendo una
comunidad empresarial latinoamericana, especialmente en el Cono Sur,
y este proceso continuará. Si bien algunas empresas chilenas
han sido más dinámicas en su inversión externa,
siempre lo hacen en conjunto con socios locales, y en Chile
también vemos un creciente flujo de inversiones argentinas y
brasileñas.
Como dije antes, una de las grandes posibilidades que existen en
la región es que nuestras economías asuman el
desafío conjunto de fortalecer sus vínculos con Asia, y
eso requiere tamaños de empresas y presencia en esos
países que en general exceden las posibilidades de las
compañías nacionales. De modo que es natural que se
profundice el proceso de integración empresarial que estamos
viviendo, no sólo para abastecer los mercados de la
región sino para tener creciente presencia internacional.
La evolución de nuestro comercio con la Argentina ha
exhibido una de las mayores tasas de crecimiento dentro de la
región. A eso hay que sumarle los flujos bilaterales de
inversión y el fuerte proceso de integración
física y energética que está teniendo lugar en
este momento. Tenemos condiciones naturales que nos invitan a
integrarnos más rápido, y una gran disposición
por parte de los gobiernos y los empresarios.
(En San Pablo)
Dolores Valle
FRASES DESTACADAS
Nuestro horizonte está en el norte de Europa más
que en el sudeste asiático.
Seguiremos aislando al país de las corrientes de capital
especulativo.
