
Ilustración: Agustín Gomila
Según la sabiduría convencional los empresarios están
irritados y asustados. Temen al estilo agresivo del Presidente Kirchner, y por
eso tratan de silenciar sus opiniones y pasar desapercibidos. Saben que a las
voces disonantes se las corrige con represalias dolorosas.
Es decir, según esta visión, campea un clima anti-negocios en
el país y nadie se anima a invertir, con lo que se compromete el ritmo
de crecimiento.
Sin embargo, según las cifras que nadie cuestiona, en el último
trimestre de 2005 la inversión llegó a niveles desconocidos en
más de dos décadas (la inversión bruta interna fija fue
28,18% del PBI).
¿Cómo se compagina aquella percepción con este dato?
Tal vez los empresarios no tienen tanto miedo y aceptan que las reglas del juego
puestas por Néstor Kirchner pasan por soportar un gobierno agresivo y
vocinglero, a cambio de algunas ventajas que aparecen disimuladas. O quizás
tienen otros convencimientos que no vocean. En público, insisten –aunque
en voz baja– con que no hay seguridad jurídica, ni previsibilidad
ni interlocutores razonables. Motivos todos por los que sería difícil
invertir.
Lentamente se abre camino, con mucha fortaleza, una idea diferente. Se acabaron
las “maldiciones argentinas”. El inevitable stop and go
ya no es una certeza.
Hay varios interrogantes que se contestan por la afirmativa en esta tesis.
Primero. ¿Sobran los dólares necesarios para pagar la deuda externa
y adquirir bienes de capital que permitan el crecimiento? Sí, sobran.
Segundo. Las circunstancias internacionales favorables, como valor de los productos
básicos, compras de China e India, o tasas de interés, ¿continuarán?
Sí, continuarán.
Tercero. ¿Dispondrá el sector público de los pesos necesarios
para pagar la deuda externa? Sí, dispondrá.
Cuarto. ¿Es la superposición entre la canasta de exportaciones
y la de consumo popular tan fuerte como lo fue en el pasado? No, no lo es (antes,
20% de las exportaciones eran bienes de consumo; ahora apenas 8%. La disputa
por el precio de la carne es tal vez, el “canto del cisne” de este
paradigma).
Si los aumentos salariales no exceden demasiado de 20% que es la meta oficial,
la inflación estará bajo control y el crecimiento seguirá.
Es altamente posible que estemos entonces frente a un cambio sustancial del
régimen económico. M
Logros y fracasos en la economía

Ilustración: Agustín Gomila
Según la perspectiva del observador, el vaso está medio lleno
o medio vacío. Para algunos el gobierno ha logrado resultados extraordinarios.
Para otros, se los debe a decisiones que no tomó y a excepcionales circunstancias
favorables del contexto global.
Hacer el balance no es tan sencillo. El default es responsabilidad
del breve interregno de Adolfo Rodríguez Sáa y la devaluación
–se juzgue mal o bien hecha– fue una decisión que debió
tomar Eduardo Duhalde.
Con todo, pocos gobiernos han podido acumular tal cantidad de buenas noticias
económicas en todos los frentes. Es interesante hacer un repaso de las
principales, las que son plenamente responsabilidad del período Kirchner
y de las otras, las que se pueden atribuir a factores externos o incluso a la
buena suerte. Aunque en un inventario de esta naturaleza no pueden omitirse
tampoco las amenazas o debilidades que se visualizan en este terreno.
Tras la crisis de finales de 2001, el comportamiento económico fue no
sólo muy distinto al pronosticado por los gurús tradicionales
sino que, además, generó resultados impensables en relación
con los antecedentes históricos. El PBI del año pasado es más
elevado que el del 2001 y también que el de 1998, el más alto
hasta entonces. La magnitud del superávit fiscal durante estos años
y el crecimiento de las exportaciones asombran a los estudiosos.
El inventario de los logros
En el campo productivo, el sector industrial resultó favorecido por la
estrategia del Banco Central de mantener el tipo de cambio elevado.
Hay que computar en el haber del gobierno el tiempo ganado en la negociación
con Brasil en torno al sector automotriz, como también la vigencia de
una nueva herramienta, el Mecanismo de Adaptación Competitiva.
En general, desde el campo industrial se valora y reconoce la intención
del gobierno de mantener las variables que juegan a favor de la competitividad
del sector.
En lo que se refiere al abultado capítulo de la deuda externa, hay logros
significativos. Se logró la renegociación de tres cuartas partes
de lo adeudado en buenas condiciones; se canceló el total de la deuda
pendiente con el FMI –cualquiera sea la interpretación que se dé
a esta medida– y hay atisbos satisfactorios de que se está colocando
deuda nueva.
En cuanta a la famosa puja distributiva, hubo señales positivas aunque
no alcancen a revertir una tendencia peligrosa.
Pero entre los logros pueden citarse la readecuación del plan jefes de
hogar y el aumento del salario mínimo.
Con relación al crecimiento y a la fortaleza de la economía hay
algunos datos inéditos: se registraron tres años con altas de
crecimiento en torno a 9% anual; persiste el superávit fiscal, el de
la balanza comercial y del balance de pagos; hubo consolidación del sistema
financiero; y se observan importantes tasas de inversión pública
y privada.
Desafíos para 2006
A pesar de que se continuará creciendo a tasas elevadas, en forma paulatina
hay que tener éxito en el aterrizaje suave de la economía para
lo cual se requiere:
controlar el actual proceso inflacionario; quebrar las expectativas, y reducir
los incentivos al consumo privado; evitar presiones salariales que excedan los
límites lógicos en un período de altas expectativas de
inflación; promover la inversión (para aumentar los niveles de
oferta es necesario aumentar los niveles de inversión en términos
del producto); y mantener la brecha externa y el superávit fiscal.
Los temas postergados
Hacia adelante hay otros temas que hoy ni siquiera figuran en la agenda, pero
que en algún momento impondrán su tratamiento:
a) los impuestos distorsivos (las retenciones a las exportaciones y el impuesto
al cheque). La importante recaudación generada por las retenciones se
vincula a los niveles de rentabilidad del sector agropecuario y a los precios
internacionales de los commodities;
b) los contratos de servicios públicos, ajustes de tarifas y los juicios
en el CIADI. Quedan pendientes de finalización acuerdos con empresas
privatizadas. Es necesario avanzar en el aumento de tarifas para incentivar
las inversiones e ir reduciendo los problemas de distorsiones de precios relativos.
Habrá que reducir el impacto de los juicios en el CIADI;
c) encarar el tema pendiente de los hold outs (la porción de
la deuda externa que no entró en la renegociación) ante la necesidad
de colocar deuda en el exterior;
d) las finanzas públicas provinciales y la ley de coparticipación.
Los excedentes provinciales ya comienzan a mostrar debilidades por lo que será
cada vez más difícil avanzar en una ley de coparticipación;
e) relacionamiento externo. Ante los cambios en todos los frentes de negociación
(multilateral, regional y bilaterales), se requiere una postura clara del país
en cada uno de estos escenarios y una mayor coordinación desde el interior
del Mercosur, en especial con Brasil;
f) las inversiones. Además de ser tema de la agenda económica
en 2006, son la condición necesaria para el crecimiento sostenido en
el largo plazo. Se necesitan grandes inversiones en sectores clave;
g) el problema energético. Es necesario que se solucionen las distorsiones
de precios. Se requieren US$ 2.000 millones de inversión en el campo
energético en los próximos 15 años;
h) situación social. La elevada informalidad del mercado de trabajo es
una deuda a futuro. La pobreza, la inequidad en la distribución del ingreso,
son los mayores desafíos.
A pesar de la intensidad del crecimiento de los últimos años,
la corrección de la inequidad social no se ha producido en la proporción
correspondiente. Hay más desempleo, más trabajadores “en
negro”, salarios más bajos, y jubilaciones más bajas
en 2005 que previo a la crisis.
La vieja puja distributiva precios-salarios está en el centro de la escena
y corregir la situación de inequidad social sin permitir una disparada
de la inflación ni comprometer el crecimiento, es el verdadero desafío
de la gestión gubernamental.
Una conclusión que surge de lo ocurrido en estos años es que el
mercado, aún en un contexto de fuerte crecimiento económico, no
necesariamente corrige por sí sólo la inequidad social. Se requieren,
además, políticas activas del gobierno. Por ejemplo, no existen
programas orientados a atacar el problema de los trabajadores “en negro”
que den solución a la posibilidad de acceder en el futuro al sistema
jubilatorio y al PAMI. Tampoco existen propuestas orientadas a corregir la inequidad
de la actual estructura impositiva.
Esta distancia entre el comportamiento de los indicadores económicos
y los sociales pone de relieve que la política social es una asignatura
pendiente para el Gobierno actual. Puede el gobierno corregir esta inequidad
distributiva en el actual contexto de mayores presiones inflacionarias? M
