
Ilustración: Agustín Gomila
El presidente Néstor Kirchner instruyó al ministro de Economía,
Miguel Peirano, y al titular del Banco Central, Martín Redrado, para
que informen reservadamente a las empresas y a los bancos que, según
lo acordado con su esposa, después de octubre se hará un fuerte
recorte al gasto público y que los anuncios de obras hechos durante la
campaña se irán diluyendo con el paso del tiempo.
La idea planteada en la cima del Gobierno es que el superávit fiscal
retorne en 2008 a 4 puntos del PBI, cuando el año pasado ya había
descendido a 3,5 puntos y este año llegará a 2,6 puntos, de acuerdo
con las previsiones que circulan en el mercado.
En consecuencia, la meta de volver a los 4 puntos ya acredita el traspaso de
afiliados a las AFJP al régimen estatal, que en abril y mayo últimos
representaron un ingreso para el fisco de nada menos que $2.827 millones. Según
trascendió de la reunión que el primer mandatario tuvo con los
conductores de la economía y las finanzas del país, ahí
se habló de cortar los subsidios en cuanto se aquiete el clima electoral,
lo cual en el número total suma como $12.000 millones.
En ese sentido, lo que se pretende es reconsiderar todos los subsidios que se
otorgan actualmente y determinar las prioridades para ser mantenidos, y en ese
caso, se revisarán los montos.
Los transportes y la energía serían los dos grandes rubros más
afectados por el replanteo de las asignaciones estatales.
El gasto público aumentó este año 42% mientras que los
ingresos sólo lo hicieron en 30%, sin contar el traslado de fondos desde
las AFJP.
Desde el Banco Central se tomó nota de que la crisis financiera internacional
ha golpeado en forma más virulenta que lo previsible a la economía
nacional, cuando en el mercado local no se negocian hipotecas securitizadas,
que fueron el factor que desencadenó la corrida en las bolsas del mundo.
Es que sólo la onda expansiva hizo aflorar el conflicto paralelo que
los mercados traían un poco sordamente hasta ese momento respecto de
la inflación escondida dentro del Indec y la complicación de las
cuentas fiscales imputable al costo de imponer la candidatura de Cristina para
suceder a su esposo en el sillón de Rivadavia.
Las alianzas transversales con los gobernadores que comprometieron su apoyo
y con los radicales que saltaron el cerco partidario insumieron al fisco fuertes
erogaciones e ingentes promesas de obra pública.
Esos 4 puntos de superávit fiscal, llevar a US$ 15.000 millones el superávit
comercial y pautar un crecimiento de 6% anual acumulativo en todo su período
de gobierno serían los pilares propuestos por Cristina Kirchner, si resultara
electa presidenta, para llamar a una concertación de la que surjan las
políticas públicas que serán necesarias para asegurarlos.
No sólo entrarían en ese debate los gastos (sobre todo los subsidios),
sino los impuestos, tanto en cuanto a mejorar la recaudación a través
de un apriete de tuerca más desde la AFIP, como también de una
reforma total en ganancias y de modificaciones en el IVA que eliminen las exenciones.
Negociar con el Club de París
La volatilidad de los mercados ha regresado también al primer plano la
necesidad de negociar una salida del default con el Club de París. Miguel
Peirano pidió informes a los acreditados en las plazas europeas para
consensuar una estrategia de repago que sea aceptada por los países que
lideran el Club de París.
Según recogió como repercusión, el sondeo tuvo buena acogida
diplomática en Estados Unidos, Francia, Japón y Alemania, y ello
habría animado al ministro de Economía para gestionar en el Fondo
Monetario Internacional un aval a la marcha de la economía argentina
para que el G7 luego respalde una eventual decisión favorable de los
principales acreedores europeos.
Peirano aprovecharía la visita que al país del director gerente
del FMI, el francés Dominique Strauss-Kahn, para requerirle su espaldarazo.
El ministro sabe que en el Fondo no le son indiferentes los comentarios que
se hacen en Wall Street sobre la Argentina, y que en ese sentido se pondera
el notable crecimiento pero se encienden luces amarillas sobre el superávit
fiscal y el escándalo del Indec.
Los subsidios, el gran debate
A quien gane las elecciones lo espera la reposición del superávit
fiscal al nivel con que arrancó el modelo económico en curso.
Los economistas Nicolás Bridger y Osvaldo Cato, de la consultora Prefinex,
dieron a conocer un informe que analiza las posibilidades postelectorales para
bajar el gasto público, de las que surge claramente que los rubros que
más aumentaron en el último año han sido las prestaciones
a la seguridad social y las transferencias al sector privado, lo cual anticipa
el gran debate que se viene: la política de subsidios.
Los aportes estatales a los privados totalizan este año $27.134 millones,
contra $16.212 millones que se entregaron en total a las provincias y $18.043
millones que se pagan en remuneraciones al personal. Sólo supera esa
suma las prestaciones a la seguridad social, con $49.724 millones.
Este último ítem subió 76,5% este año.
Continúa el informe:
Los desafíos inmediatos en materia económica para quien resulte
victorioso en octubre son:
• Ponerle un freno a la inflación creciente, normalización
del Indec mediante.
• Establecer un horizonte temporal de provisión energética,
lo cual exigiría una corrección en las tarifas residenciales.
• Controlar un gasto público que experimentó una suba explosiva
en 2007.
La manera en que se encaren estos temas durante los primeros 100 días
de gobierno será una señal clara del perfil de la administración
entrante y dará una pauta sobre la dinámica de la economía
en los próximos años.
En este sentido, el informe cree conveniente analizar en detalle la evolución
de las cuentas fiscales en el último año, para intentar determinar
la factibilidad de una eventual vuelta a la disciplina fiscal, uno de los pilares
fundamentales de la sustentabilidad del actual modelo.
Desde la salida de la Convertibilidad, el cuidado de la caja ha sido una de
las prioridades del Gobierno. En 2004 el superávit primario nacional
alcanzó 3,9% del PIB y, si bien observó un descenso en los dos
años subsiguientes, se ubicó en niveles casi inéditos en
la historia argentina.
Sin embargo 2007 marcó un quiebre.
El crecimiento del gasto primario fue de 42%, muy por encima del sólido
30% que registró la recaudación. Así, el año estaría
cerrando con un superávit primario de 2,5% del PIB, 1 punto menos que
en 2006. Habría que mencionar que este último guarismo incluye
cierto “maquillaje contable” con el objeto de ocultar el deterioro
fiscal.
Analizar los rubros que impulsaron la suba del gasto es un ejercicio que debe
hacerse para evaluar la posibilidad de una vuelta a la racionalidad fiscal el
año próximo.
De acuerdo con el esquema ahorro/inversión publicado por el Ministerio
de Economía, las partidas que registraron mayores subas fueron:
• Prestaciones de seguridad social (+77%). Explica más
de la mitad del aumento del gasto primario. Responde a las consecuencias de
las reformas al sistema previsional impuesto por las leyes 24.476 (moratoria
provisional), 25.944 (jubilación anticipada) y 26.222 (reforma previsional)
que implicaron una suba tanto en los receptores (1 millón adicional de
jubilados y pensionados) como en el haber promedio (25% de aumento) respecto
a 2006.
• Transferencias al sector privado (+62%). Explica 25%
de la suba del total del gasto primario. En este caso la expansión responde
a los subsidios crecientes que exige el mantenimiento de las tarifas de los
servicios públicos (energía residencial y transporte). Un ejemplo
fue la importación de gas para paliar la crisis energética a un
precio de US$ 5 por BTU, cuando el precio local es de US$ 1 por BTU.
• Remuneraciones (+33%). Consecuencia de una suba en
la remuneración promedio (+19%) y un aumento de la cantidad de empleados
(+11%).
Escenarios post-electorales
Suponiendo una leve desaceleración en la recaudación impositiva
hacia niveles de 25% interanual, recuperar una mayor solidez fiscal en 2008
(superávit primario por encima de 3% del PIB) exigiría que la
tasa de crecimiento del gasto primario se reduzca a un ritmo de 21% interanual.
¿Cuál es la factibilidad de este ajuste?
En términos generales, no quedan dudas de que reducir la tasa de crecimiento
no debería ser problemático. Veamos los conceptos con mayor incremento
en 2007:
Luego de las reformas aplicadas al sistema previsional, en
2008 no debería observarse un alza por encima de 20% (este guarismo incluye
el reciente aumento de 15% y una suba adicional de 10% en septiembre del año
próximo).
Respecto a las remuneraciones, un incremento de 20% es razonable,
suponiendo que no se produce una expansión en la planta de empleados.
El punto más problemático es el referente a las transferencias
al sector privado. Desacelerar la tasa de crecimiento demandaría
una modificación en la política de subsidios. Una posible solución
políticamente aceptable sería reducir por debajo de 20% la suba
de estos subsidios, y el resto otorgarlo en incrementos de tarifas.
Lograr este nivel de superávit tendría varios impactos positivos.
Por un lado, reduciría la demanda lo cual traería aparejado una
menor presión inflacionaria liberando, al mismo tiempo, fondos para la
compra de dólares. Esto implicaría mantener el tipo de cambio
real elevado, lo cual dejaría conforme al sector productivo local y mantendría
estable las finanzas públicas. La capacidad de repago de la Argentina
mejoraría, generando mayor confianza. M
