Hasta ahora, los índices de rentabilidad obtenidos por las AFJPs fueron bastante parejos, como consecuencia de la
política adoptada por la mayoría de ellas, especialmente las más importantes, de centralizar las inversiones en los
títulos de renta fija y en los certificados de depósitos en los bancos. Las de menor envergadura intentaron diferenciarse
de las más grandes a través de la concertación de inversiones con un mayor grado de riesgo.
En el supuesto de un vuelco sustancial de las condiciones imperantes en los mercados, estas AFJPs, por su menor
tamaño, disponen de una mayor movilidad y, por lo tanto, están en condiciones de capear el temporal con mayor
facilidad que las grandes, que por su mayor dimensión no siempre pueden maniobrar con fluidez. Por eso optan por
canalizar las inversiones hacia operaciones que le aseguren una rentabilidad razonable con muy escaso riesgo.
Sin embargo, la mayoría de los especialistas coincide en pronosticar que, a medida que transcurran los meses y la
cartera de inversiones se amplíe, las AFJPs no tendrán otra alternativa que comenzar a dirigir una parte de sus
inversiones hacia el mercado accionario.
Al principio, vaticinan los analistas, esa participación será muy tenue, con la intención, por lo menos por parte de las
líderes, de que las oscilaciones bursátiles no incidan demasiado en la rentabilidad promedio de la cartera.
Pero el interrogante es qué pasará si una AFJP de mediana envergadura decide jugarse a las acciones y compra por el
máximo permitido por las disposiciones vigentes, con la intención de distanciarse sustancialmente del resto en la
valorización de la cuota.
Si la apuesta sale bien, conseguirá una poderosa herramienta de promoción para utilizarla en la captación de nuevos
afiliados, tanto entre los que aún permanecen adheridos al régimen de reparto como entre aquellos que ya optaron por
una AFJP, pero no se encuentran conformes con la rentabilidad obtenida.
La guerra de la rentabilidad probablemente alcanzará su máximo nivel publicitario a partir de junio o julio, cuando las
entidades rindan cuentas a los afiliados de las rentas obtenidas en el primer año de gestión.
La Hora de Flexibilizar
Para esa época es muy probable que la Superintendencia que las supervisa haya tomado alguna decisión destinada a
flexibilizar la forma en que las AFJPs pueden canalizar las inversiones; con las limitaciones actuales, las posibilidades
de colocación comenzarán a mostrar ciertos síntomas de saturación.
La flexibilización podría darse incorporando nuevos rubros que favorezcan una mayor dispersión de las inversiones, en
un marco de creciente competencia, que obligará a las empresas administradoras de las AFJPs a explorar nuevas
posibilidades que las distingan del resto, aunque ello implique dotar a la cartera de una mayor dosis de riesgo calculado.
La mayor fluidez en la selección de la cartera podría venir del sector inmobiliario, un rubro que el gobierno tiene
especial interés en desarrollar. Con un adecuado encauzamiento de los fondos de las AFJPs, a través de la
securitización y de las cédulas hipotecarias emitidas por los bancos privados, se contribuiría a paliar el problema de
vivienda de amplios sectores de la población y además favorecer una diversificación razonable de las carteras de las
AFJPs.
En una etapa posterior, podrían ser autorizadas a expandir sus inversiones en el exterior, tanto en títulos públicos como
privados, como ocurrió recientemente en Chile, que permitió a estas entidades expandirse a través de las importantes
inversiones que las empresas de ese país efectuaron en el exterior, sobre la base de los abundantes fondos suministrados
por las AFJPs, como las conocen en Chile.
Nación
La Garantía Es la Diferencia
La AFJP del Banco de la Nación concluyó 1994 con 384.000 afiliados, equivalentes a 12% de los aportantes al sistema
de capitalización.
La AFJP Nación, cuyo capital se encuentra en 99,9% en poder del Banco de la Nación, se diferencia de las restantes por
asegurar a sus afiliados una renta anual en pesos. La garantía es uno de los aspectos que contribuyó a que la AFJP
chilena Provida desistiera de su intención de participar en el proyecto como socia. Actualmente cumple sólo una
función asesora y de producción de software, a través de un convenio con el Banco de la Nación. Las posibilidades de
que al finalizar el contrato, en 1999, Provida se incorpore como socia se consideran bastante remotas; debería suplantar
por otro medio la actual garantía que el artículo 40º de la ley de creación del régimen de capitalización otorga a los
afiliados por intermedio del Banco de la Nación.
A fines de junio, cuando culminó el proceso de afiliación, Nación contaba con 155.000 afiliados, que al 30 de
noviembre último se elevaron a 370.000, incluyendo los 45.000 que le correspondieron por la cuota de indecisos que a
partir del 30 de septiembre fueron prorrateados entre todas las AFJPs del sistema. En diciembre sumó otros 15.000,
con lo que la cifra final del año llegó a 385.000 afiliados, equivalentes a 12% de los 3,2 millones que se encuentran en
el sistema de capitalización.
Según el gerente general, Julio R. Valdés, en los tramos finales de diciembre se observó una caída en el ritmo de
afiliación que venía registrándose hasta noviembre.
Los cálculos originales de la empresa preveían alcanzar para esa fecha un nivel de 500.000 aportantes, sobre la base de
captar 10% del mercado potencial, estimado entonces en 5 millones de afiliados. Lo que ocurrió, sostiene Valdés, es
que el mercado inicial resultó muy inferior al esperado, a pesar de lo cual mejoramos nuestra participación de 10 a
12%.
Expectativas de Crecimiento
Valdés considera que durante este año el mercado continuará creciendo a un ritmo promedio de 70.000 afiliados mensuales,
que provendrán de los que se incorporan por primera vez a la fuerza laboral y de los que optaron por el régimen de reparto y
que paulatinamente se pasarán al de capitalización. En estas condiciones, estima, se encuentran 500.000 personas, con edades
que oscilan entre 18 y 45 años. Con respecto a las de mayor edad, que optaron por el régimen de reparto, las posibilidades de
que se trasladen al régimen de capitalización son más difíciles de prever, aunque a medida que el nuevo sistema se consolide es
factible que una parte de esa franja de afiliados también decida incorporarse al régimen de capitalización.
Sobre la base de estas consideraciones, Valdés opina que a fines de 1996 los afiliados a las AFJPs se elevarán a más de
5 millones. Nuestra intención es continuar manteniendo la actual participación. Si eso se cumple, para esa fecha los
afiliados a Nación se elevarían a 600.000.
De la actual masa de afiliados, 24,4% son autónomos con ingresos medios mensuales que oscilan entre $ 350 y $ 400,
aunque el promedio general de la cartera se eleva a $ 620.
En materia de rentabilidad, Valdés sostiene que la política de Nación es asegurar a los afiliados un crecimiento
sostenido, que para el primer año de actividad se estima entre 9,5% y 10%. Una parte significativa de sus inversiones
(47%) está integrada por cédulas hipotecarias rurales emitidas por el Banco de la Nación, el único instrumento
financiero existente en el mercado que, según Valdés, cumple con el objetivo de contribuir a fomentar las actividades
regionales. El resto de la cartera está constituida por títulos públicos (14%), certificados bancarios de plazo fijo (27%) y
cuotas partes de fondos comunes de inversión de renta fija.
En la constitución de esta AFJP el Banco Nación invirtió $ 40 millones. El pico máximo de empleados alcanzó a 2.000,
a los que se agregaron 1.500 contratados entre el personal del banco. Actualmente esa cifra se redujo a 900 (600
promotores y 300 empleados).
A fines de noviembre la cartera de inversiones de Nación ascendía a $ 34 millones, que al 31 de diciembre Valdés
estimaba en $ 47 millones.
