El músico Rodrigo Flores se propuso a principios de este año maridar lo que, a priori, parecía imposible: el espíritu bohemio y tanguero de los barrios más populares de Buenos Aires con una propuesta gastronómica de autor en un barrio exclusivo. De esta fusión nacieron cenas-show originales que prueban que la cultura del tango se puede encontrar en otros lugares.

Foto: Gabriel Reig
Por Florencia Pulla
¿Cómo logra un restaurante hacer sentir a sus clientes como en casa? ¿Se trata de la ambientación, del servicio, de la comida casera? Al entrar al resto-bar Che… Flores! (Arce 235, Las Cañitas) se puede formular una teoría: que ese sentimiento de familiaridad y comodidad que envuelve al comensal no tiene que ver con vasos de cristal o platos minimalistas y sofisticados sino con la determinación de sus dueños de que el cliente pase un momento extraordinario.
En este local de Las Cañitas, más galpón que restaurante con ventanales, se puede disfrutar de una propuesta gastronómica innovadora, el autodenominado tapeo argentino, mientras se escucha a músicos de la talla de Ariel Ardit y Jesús Hidalgo. Tangueros, todos ellos, porque es ese el denominador común entre “Che… Flores!” y las milongas de Almagro y Boedo. Pero claro, con algunas diferencias.
Sabor a lo nuestro
La idea del resto-bar nació en la cabeza de Rodrigo Flores, un músico argentino trotamundos que se asentó en Buenos Aires hacia 2009. Luego de vivir 17 años fuera del país –cinco en Boston, otros 12 en Barcelona– decidió emprender el largo camino a casa, como tantos otros antes. “Allá tenía un local de comidas pero siempre tuve ganas de tener un lugar donde presentar shows en vivo. Soy músico y mi profesión real es cantar. Así pude viajar, conocí el mundo cantando. Pero la gastronomía es mi segunda gran pasión y quise combinar las dos cosas. Buena comida con buenos espectáculos”.
Así que empezó a mirar. Primero en Barcelona, después en microcentro. La primera aproximación a lo que luego sería “Che… Flores!” fue en una galería en Marcelo T. de Alvear y Esmeralda. “Era un local al lado de una galería de arte y queríamos combinarlo. Era una propuesta muy artística pero no pudimos llegar a un acuerdo”.
Siguió buscando por su cuenta. Como Cortázar supo decir sobre el amor: “Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”. Cuando encontró el galpón de Arce 325 supo que lo había hallado. “Los locos como yo nos lanzamos sin pensarlo”, aclara.
El local es espacioso –tiene lugar para 150 personas y un escenario– y cálido, decorado en tonos de violeta. Pero el diferencial de “Che… Flores!” no es la ambientación, con luces bajas, y mesas y sillas de metal, sino su propuesta gastronómica y su música de calidad.
Obsesionado con fusionar parte de sus raíces adoptivas con los gustos locales, la idea del tapeo argentino es llenar la mesa de platos pequeños y disfrutar de buenos tragos. “Tiene que ver con mi experiencia española. Me traje la idea del tapeo pero adaptándolo al paladar local. Al principio el menú degustación era de cuatro pasos pero entendimos que era más dinámico ofrecer uno de dos. Juntamos los platos fríos, por un lado, y los calientes, por el otro. Las opciones más apreciadas tienen que ver con el achureo, como los riñoncitos al vino blanco”, explica. El tapeo argentino es, por lejos, lo más original de “Che… Flores!” porque no tienen competencia. Así, con estilo propio, logran combinar las croquetas de papa argentinas con salsa brava y alioli al mejor estilo catalán.
Hay otros platos estrella para los que no se animen a “picar”. El ojo de bife a dos pimientas con un mil hojas de papas es de los más populares aunque también tienen éxito las pastas: los bocatini de pollo con salsa de crema y los ñoquis de espinaca rellenos de muzzarella con salsa de cuatro quesos pueden parecer pesados pero son, también, deliciosas creaciones del chef Héctor Espíndola.

Ricardo Flores
Foto: Gabriel Reig
El tango es el diferencial
No se espera de los sofisticados restós de Las Cañitas el sonido poderoso del tango; su nostalgia perfecta que remite a lo bohemio, al puerto y a las peleas de barrio de principios del siglo anterior. Se espera, más bien, música de ambiente que pase desapercibida, mozos que pueden explicar a la perfección la diferencia entre rúcula y radicheta, platos cuadrados con reducciones varias decorando sus líneas rectas.
Sorprende la energía positiva y el ánimo a fiesta de “Che… Flores!”. Tal vez tenga que ver con el gran porfolio de músicos profesionales que han tocado aquí desde su apertura, en abril de este año.
“Ofrecemos conciertos de calidad. Acá nadie viene a escuchar malos músicos. Decidimos no cobrar entrada porque, para mi, ofrecer un buen show es un gasto tan básico como prender la luz. Queremos darles un lugar a los músicos argentinos de tango, que no se quedan en lo tradicional sino que hacen cosas originales. Es un sonido que ya de por sí es bien under, independiente, porque no hay muchos lugares en donde puedan tocar con tanta libertad”, dice. En realidad omite que los espectáculos de tango a veces vienen acompañados de lo mejor del jazz y del folk local y que los mismos artistas arrastran una masa crítica de seguidores que forman, también, su público fuerte.
Para los demás, que disfrutan del show pero que no son fanáticos, “Che… Flores!” no discrimina. “Hay gente que valora más la propuesta porque es conocedora de la música argentina pero todos los demás, sin excepciones, se van contentos porque han comido bien y han pasado un buen momento. Lo mejor es cuando alguien que no forma parte del mundo del tango se acerca y pregunta qué otros shows están en la agenda del mes. La clave es dejarse sorprender por una experiencia diferente”.
Cenas ejecutivas y acercamiento al turista
Con el fin de año cerca, “Che… Flores!” tiene dos apuestas fuertes. Por un lado, ofrece cenas ejecutivas de fin de año para las empresas. Por el otro, pretende lanzar una oferta para el turista los días de semana pero alejado de las fórmulas comerciales de otros espectáculos de tango con más producción. Con la idea de que, principalmente, es un restaurante, apuesta a estos dos públicos para captar nuevos adeptos.
“Para fin de año estamos lanzando eventos que necesiten catering. La idea es ofrecerles un menú basado en nuestra carta con entrada principal, postre y un servicio de banquetería al principio, ya con grupos más reducidos sin cerrar el local o, si así lo desean, cerrándolo para uso de una empresa. Hay diferentes opciones que van variando de acuerdo al precio. También ofrecemos excelentes tragos a cargo de nuestro barman cubano y se puede elegir barra libre. Aunque no incluye show tenemos una cartera de artistas y se puede armar una noche muy especial”, argumenta Flores.
Lejos de “Señor Tango” u otros espectáculos especialmente diseñados con el turista en mente, “Che… Flores!” planea ofrecer una opción para el diferente: el que quiere escuchar tango y tener una experiencia porteña sin toda la producción que encarece y desprecia la verdadera experiencia. El 2013, tal vez, encuentre al local lleno de gringos y locales compartiendo un Malbec argentino y disfrutando, hermanados, la música que en el mundo mejor nos representa.
Claves ¿Qué? “Che… Flores!” es un lugar atendido por su dueño. Las creaciones del chef Héctor Espíndola mezclan la idea del tapeo de la cocina española con productos y propuestas locales. El barman, el cubano Damián Aguado, prepara tragos que maridan bien con los platos. |

