domingo, 5 de abril de 2026

    Gobiernos: nuevo uso del poder económico

    A primera vista, parece otra noticia más del ámbito de los negocios internacionales. Importante por el monto y por los actores involucrados. Pero estrictamente de negocios. Sin embargo, es obligado mirar un poco más allá para percibir que se confirma una tendencia global: el avance del capitalismo de Estado.
    Tras dos años de duras negociaciones, la británica BP vendió a la rusa Rosneft, 50% de TNK-BP. Rosneft es una empresa estatal. El otro 50% está en manos de “oligarcas” rusos desde 2003, cuando comenzó el joint venture. BP recibirá US$ 27.000 millones por su parte, lo que le permite salir bien parada del nuevo riesgo que algunos advierten en los mercados emergentes.
    Rosneft pasará ahora a producir 3,15 millones de barriles diarios de petróleo, frente a los 2,3 millones b/d de ExxonMobil, el mayor productor de Estados Unidos y el mayor del mundo entre petroleras en manos privadas. La petrolera estatal rusa, con esta compra, pasará a competir con las mayores compañías mundiales del sector.
    Como se advierte en esta edición (ver página 26), “a todo lo largo y lo ancho de Asia, Rusia y Medio Oriente, los Gobiernos están usando su creciente poder económico de formas novedosas”.
    Los fondos de riqueza soberana del Golfo, Asia y otras partes están comprando acciones en los debilitados bancos de inversión de Wall Street; y los recursos naturales se concentran bajo control del Estado. Para algunos, estos acontecimientos son señal de que la era de los mercados libres, de la privatización y la desregulación desencadenada en los años 80 está dando paso a un mundo en el cual los Gobiernos usan su poderío económico para comprar activos estratégicos o ejercer influencia en el mundo.
    Estos Gobiernos, de naciones emergentes, han resuelto que si todo queda librado a las fuerzas del mercado para ver quién gana y quién pierde, corren el riesgo de enriquecer a aquellos que van a usar su nueva riqueza para desafiarlos.
    Si se repara en la profundidad de la crisis de Europa, en la frágil estabilidad de Estados Unidos, en la larga parálisis de Japón, no hay duda de que el ejemplo de China, India y otras naciones emergentes torna muy atractiva la experiencia de este capitalismo de Estado y puede despertar su emulación.
    La pregunta del millón es: ¿los capitalistas de Estado serán los ganadores y los que apoyen el libre mercado perderán? Como dice el ensayista Ian Bremmer: “Vamos a ver Gobiernos en todo el mundo que ya no se sientan obligados a seguir los lineamientos occidentales de las últimas décadas. Veremos corporaciones multinacionales luchando por adaptarse, porque la inversión extranjera se volverá mucho menos predecible y mucho más complicada. Y el apoyo que obtengan de sus propios Gobiernos no tendrá demasiado peso”.
    “En los próximos cinco, 10, 20 años, los Gobiernos capitalistas de Estado y las compañías e instituciones que ensalzan serán una fuerza global muy seria que habrá que tener en cuenta”.

    Las 100 empresas
    más responsables

    En la nueva edición de “El Libro Blanco de la RSE”, que Mercado publica cada año, y que estará en los puestos de venta a mediados de noviembre, se incluye por primera vez un ranking multistakeholders de las mejores empresas en responsabilidad y gobierno corporativo. La obligación de innovar es un imperativo insoslayable. Y en esta octava edición de este producto periodístico aparece una novedad de la mayor relevancia.
    La estructura tradicional, que ha registrado mejoras a lo largo de los últimos ocho años constaba siempre de cinco capítulos: el primero, que se ocupa del estado del debate global en este campo. El segundo, con una encuesta centrada exclusivamente en opinión pública, para saber con precisión lo que la gente opina sobre la RSE. El tercero, con otra encuesta, esta vez entre empresarios para detectar la opinión de directivos y gerentes sobre las prácticas de responsabilidad social (ambas encuestas a cargo de Datos Claros, bajo la dirección de Natalia Gitelman).
    El cuarto capítulo es el que registra usualmente los testimonios, declaraciones y entrevistas de responsables del área en docenas de empresas, que explican cómo entienden y practican la RSE, a qué ideas le dan énfasis, qué materias privilegian, y cómo rinden cuentas de lo actuado.
    Finalmente, el quinto capítulo es el más completo directorio existente en la Argentina, de las empresas que declaran participar activamente de programas de RSE. Una cifra que supera las 250 firmas, con los datos centrales de su accionar.
    Pero este año, “El Libro Blanco” tiene un capítulo más, el sexto, que se podrá consultar en las primeras páginas de la edición. Es una investigación inédita en nuestro país, y fruto de la asociación con Villafañe & Asociados, una consultora española que elabora este estudio desde hace varios años, junto a otros productos Merco ((Monitor Empresarial de Reputación Corporativa).
    El mérito de “Las 100 mejores empresas” es que consulta la opinión de diferentes públicos especializados –de allí lo de monitor multistakeholder– con foco en cinco variables de primer nivel: el comportamiento ético; la transparencia y el buen gobierno; la responsabilidad con los empleados; el compromiso con el medio ambiente y el cambio climático, y finalmente la contribución a la comunidad.

    La economía ante 1.000
    millones de mujeres

    Mientras los líderes de la política mundial luchan con sus problemas económicos, muchos pasan por alto una de las mayores oportunidades: elevar el estatus de las mujeres, especialmente en las economías emergentes. Casi 1.000 millones de mujeres van a estar en condiciones de entrar a la economía global en la próxima década, sea para trabajar como empleadas, ejecutivas o emprendedoras. Hasta ahora, muchas permanecen desaprovechadas al punto de ser prácticamente invisibles. El estudio de Booz & Company afirma que al cortarles el camino, los países están desaprovechando un recurso humano de gran valor.
    ¿Quiénes son ellas y por qué su estatus es tan importante? Según informa la Organización Internacional del Trabajo (OIT; Naciones Unidas) aproximadamente 865 millones de mujeres estarán en edad de trabajar (entre 20 y 65 años) para 2020 y sin embargo carecerán de los requisitos fundamentales para aportar a las economías de sus países. O bien por no tener la educación necesaria y capacitación para el trabajo, o, más frecuentemente, por no poder trabajar debido a limitaciones legales, familiares, logísticas y financieras. De esos 865 millones de personas, 812 millones viven en naciones emergentes y en desarrollo.
    DeAnne Aguirre y Karim Sabbagh, ambas de Booz & Company, realizaron un trabajo donde llaman a este grupo “El Tercer Billón” (recuérdese que billón en inglés equivale a 1.000 millones y no a millón de millones). Lo llaman así porque estiman que su impacto económico será tan importante como el que generan las poblaciones de China e India. La diferencia está en que este tercer billón formado por mujeres es olvidado en algunos países y activamente obstaculizado en otros.
    Se trata de un problema mucho más complejo que fomentar el crecimiento económico en un solo país, porque las mujeres están desparramadas por todo el mundo y encuentran una cantidad de obstáculos diferentes. Tanto en economías en vías de desarrollo como en las desarrolladas las mujeres tienen tasas menores de inserción laboral y, a igual trabajo, reciben sueldos inferiores a los de los hombres. Hasta ahora, las ganancias económicas de este grupo se han generado a pesar de poderosas fuerzas sociales en su contra. Es más, los factores que las mantienen fuera de las economías nacionales son tan generalizados e interconectados que los Gobiernos y empresas que buscan ayudarlas no saben por dónde empezar.
    El proyecto de investigación de Booz & Company evalúa el desempeño de más de 100 países en la tarea de potenciar económicamente a las mujeres. Los investigadores trabajaron con datos del World Economic Forum y de la Economist Intelligence Unit. Estas dos instituciones estudian la brecha de género en la fuerza laboral y todos los temas que hacen al bienestar de la mujer, como acceso a la medicina, derechos legales y participación política. Para este estudio específico, sin embargo, el modelo de Booz, tomó en consideración dos parámetros: “inputs,” o políticas aplicadas para potenciar económicamente a las mujeres: como igualdad de oportunidades educativas, leyes de acceso al trabajo y apoyo a emprendedoras. Luego miraron “outputs,” o indicadores del alcance de la integración de la mujer a la economía nacional. Aquí evaluaron inclusión (participación en la fuerza laboral) ascensos (número de mujeres entre profesionales, líderes de empresas y dueñas de empresas) y la práctica de igual salario por igual trabajo.
    Los resultados confirmaron la hipótesis central del Third Billion Index: que hay una relación fuerte entre mayores inputs y mayores outputs. Cuanto más fuertes las políticas para dar a las mujeres capacidad de decisión, mayor es su estatus económico.
    Países con una base sólida de inputs de potenciación –políticas tendientes a poner a las mujeres en un pie de igualdad con los hombres en el trabajo y la economía nacional– han mostrado resultados notablemente mejores. La conexión es clara y los Gobiernos no deben dudar de que funcione.
    Algunos países ya han implementado políticas de este tipo y están generando resultados. Por ejemplo, la Argentina, uno de los países que mostró una fuerte correlación entre inputs y outputs, se ubicó entre las primeras naciones latinoamericanas en promulgar legislación que regula las condiciones de trabajo para mujeres y niños. Tiene un fuerte sistema educativo en el que es mayor el número de mujeres que termina la educación secundaria y terciaria. También han avanzado en la esfera política: en el parlamento nacional las mujeres representan 24% de las bancas, la proporción más alta del mundo.