¿Aprenderemos algo antes de la próxima pandemia?

En diciembre de 2019 se empezó a hablar de que había un tipo nuevo de enfermedad respiratoria que afectaba a personas en Wuhan, China. Nunca imaginaríamos entonces que en el 2020 el mundo cambiaría.

13 agosto, 2021

Por: Elizabeth Minda Aluisa (*)

En enero del 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el nuevo brote de coronavirus como una emergencia de salud pública de importancia internacional. Posteriormente, en marzo del mismo año, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, anunciaba que esta enfermedad, a la que conocemos hoy día como covid-19, se establecía por todo el mundo apresuradamente, por lo que la llamó pandemia.

Pero ¿sabíamos que esto sucedería? Lamentablemente sí. Muchas han sido las señales o avisos que nos lo indicaban. La historia de la humanidad ha estado plagada de patógenos que se originan en especies animales.

La Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) indica que cada año aparecen cinco nuevas enfermedades humanas, tres de las cuales son de origen animal o zoonóticas, entendiendo como zoonosis aquellas infecciones que se producen de forma natural entre animales y humanos. Estas enfermedades son el resultado de una coevolución del patógeno y de uno o varios hospederos, convirtiéndose en ciclos muy complejos entre el patógeno y el hospedero.

Los patógenos que ahora son endémicos en los seres humanos, como el sarampión o la viruela, evolucionaron a partir de vida silvestre. De la misma forma que los humanos se han extendido por todo el mundo, también lo han hecho las enfermedades infecciosas.

Incluso en esta era moderna, los brotes son casi constantes, aunque no todos alcanzan el nivel de pandemia como lo ha hecho la covid-19.

Casos previos

De la misma forma que las sociedades humanas se han desarrollado, los patógenos de hospederos animales también se han extendido en nuestra población, sobre todo con la aparición de las comunidades agrarias, cambios ecológicos y demográficos a gran escala. Ejemplos de esto lo constituye la domesticación del ganado, cerdos y aves entre otros, y, con esto, la formación de urbes, trayendo consigo un comercio generalizado con nuevas oportunidades para la interacción entre humanos y animales, que aceleraron la aparición de esas epidemias.

Malaria, tuberculosis, lepra, influenza y viruela llevan muchos siglos conviviendo con los humanos. La peste negra (1347-1351) causada por Yersinia pestis, el cólera (1817-1923) causada por Vibrio cholerae, la gripe española (1918-1919) causada por el virus de la influenza H1N1 son solo algunas de las pandemias o epidemias que constan en la historia de la humanidad.

Sin embargo, en la actualidad la aparición de eventos zoonóticos es más frecuente. Por ejemplo, la de covid-19 es la sexta pandemia global desde la de gripe de 1918.

Varias zoonosis emergentes ocuparon los titulares mundiales causando gran alarma. Estas enfermedades incluyen el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), el síndrome respiratorio agudo repentino (SARS), las gripes porcina y aviar, el síndrome respiratorio del Medio Oriente (MERS), el virus de ébola, el virus del Nilo Occidental o el virus del Zika.

Causas

Muchos son los factores que conducen a la aparición de enfermedades zoonóticas, todos enfocados a las actividades antropogénicas como las prácticas agrícolas, la destrucción del hábitat, la invasión humana de los bosques, el consumo y tráfico de fauna silvestre y el cambio climático, entre otras.

Según el reporte del UNEP FRONTIERS 2016, si bien es cierto que las enfermedades zoonóticas se originan en la vida silvestre, la transmisión zoonótica de los hospedadores de vida silvestre directamente al hospedador humano es poco común. Así, los animales domésticos se han convertido en un ‘puente epidemiológico’ entre la fauna silvestre y las infecciones humanas.

La demanda de proteína de origen animal requiere una producción más intensiva, o sea, mayores poblaciones de ganado de alto rendimiento y genéticamente similares, disminuyendo así la diversidad genética. Esta homocigosis ayuda a la propagación de enfermedades, una vulnerabilidad conocida como ‘efecto del monocultivo’.

¿Estaban ahí las señales?

La respuesta es nuevamente sí. Después de los acontecimientos ocurridos de 2014 a 2016 con el brote de ébola más devastador y difícil de contener, debimos aprender muchas lecciones. A pesar de ello, los humanos tenemos una memoria muy frágil.

El brote de ébola de 2014-2016 en África Occidental fue el más extenso y complejo desde que se descubrió el virus en 1976. Hubo más casos y más muertes en este brote que en todos los demás juntos. Además, se extendió a diferentes países: empezó en Guinea y después se propagó a través de las fronteras terrestres a Sierra Leona y Liberia.

Cerca de 28 000 infectados y más de 11 000 muertos fueron consecuencia de este brote. Además de poner en evidencia un sistema de salud muy debilitado y plantear problemas económicos importantes.

El brote terminó cuando los sistemas médicos y de protección civil comenzaron a actuar en conjunto con la población, dejando en claro la necesidad de la colaboración de todos para detener la catástrofe.

Entonces, si teníamos muchas señales, ¿por qué la covid-19 nos ha afectado tanto? ¿Cómo nos recuperaremos de esto? ¿Estamos preparados para una nueva pandemia? Son muchas preguntas ante las que debemos ser más críticos.

La próxima amenaza

A medida que la población humana se expanda y siga causando daño a la naturaleza, las amenazas que están ocultas saldrán. Por cada patógeno que aparezca, muchos más serán potenciales amenazas circulando en la naturaleza.

Según el nuevo reporte de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), se estima que 1,7 millones de virus actualmente “no descubiertos” existen en mamíferos y aves, de los cuales hasta 850 000 podrían tener capacidad de infectar a las personas. Además, se pronostica que habrá pandemias más frecuentes, mortales y costosas.

En consecuencia, parece evidente que debemos comprender y asumir que nuestra salud y la de los animales (domésticos y salvajes) son interdependientes y están unidas a la salud de los ecosistemas en los que vivimos. Solo tenemos un mundo y una única salud: la de todo el planeta.

La sociedad tuvo la opción de aprender de las epidemias previas, para prepararse y guiar de mejor manera la COVID-19, pero no aprendimos esa enseñanza y ahora estamos sumergidos en una pandemia con terribles consecuencias económicas y sociales.

Si no cambiamos y no aprendemos de lo que ha ocurrido con la pandemia actual, tomando en cuenta la prevención, la próxima pandemia nos arrojará al mismo destino en el que nos encontramos hoy día.

(*) Investigadora en Enfermedades Zoonóticas, Universidad Central del Ecuador.

 

 

 

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