Cyntia Poggy, de Lisicki, Litvin & Abelovich: “Se percibe un cambio profundo en el perfil del talento que buscarán las empresas”
La convivencia entre generaciones, la transformación cultural y la incorporación de nuevas tecnologías obligan a las empresas a repensar cómo atraer, desarrollar y potenciar talento en un contexto cada vez más dinámico.

Por Cyntia Poggy (*)
La transformación del trabajo ya no está impulsada solamente por la tecnología, sino también por un cambio profundo en las expectativas, los vínculos y la forma de liderar. En ese escenario, uno de los grandes desafíos para las áreas de Recursos Humanos es construir culturas capaces de integrar generaciones, potenciar habilidades y acompañar el cambio sin perder identidad.
Uno de los principales desafíos es gestionar equipos con visiones, edades y expectativas cada vez más heterogéneas. La diversidad no se administra desde la teoría, sino desde la comprensión real de las personas y de sus distintas trayectorias. Hoy conviven formas muy diferentes de aprender, comunicarse y proyectar el trabajo, y eso impacta directamente en cómo se lidera, cómo se construyen los vínculos y cómo se desarrollan los equipos.
Muchas empresas todavía subestiman el valor del encuentro entre generaciones. Mientras los perfiles más experimentados aportan contexto, criterio y visión de largo plazo, las generaciones más jóvenes suman adaptación, nuevas dinámicas de trabajo y una relación natural con el cambio y la tecnología. Cuando esos mundos logran complementarse, la experiencia se vuelve relevante y el propósito se vuelve sostenible.
Desde esa mirada, el liderazgo actual requiere una lógica distinta. Ya no alcanza con estructuras verticales o modelos homogéneos de conducción. El desafío pasa por construir equipos más autónomos, colaborativos y abiertos al aprendizaje mutuo, que permitan que cada persona sienta que tiene algo valioso para aportar y también para aprender.
Profundo cambio en el perfil del talento
Otro de los grandes debates actuales gira en torno a la cultura organizacional y su capacidad de transformación. La cultura puede evolucionar, pero existe una condición indispensable: la apertura al cambio por parte de quienes conducen la organización. La cultura no cambia con discursos o declaraciones de valores, sino en las prácticas cotidianas; cómo se toman decisiones, cómo se lidera y qué conductas se reconocen.
En esa línea, las culturas más saludables son aquellas que desarrollan activamente su capacidad de escucha y adaptación, promoviendo espacios de participación reales, comunicación transparente y entornos en los que las personas puedan proponer ideas sin temor al error. Especialmente entre las generaciones más jóvenes, existe una expectativa cada vez más fuerte de participación e impacto. Cuando la cultura habilita esa voz, el talento no solo se retiene, sino que se potencia.
La incorporación de inteligencia artificial también aparece como uno de los grandes desafíos para las compañías. Sin embargo, el principal obstáculo no es tecnológico, sino cultural. Implementar IA implica revisar prácticas que durante años funcionaron y animarse a desaprender hábitos profesionales muy instalados.
Aun así, las organizaciones que logran atravesar esa primera barrera descubren rápidamente el valor estratégico de estas herramientas. La inteligencia artificial no reemplaza el criterio profesional, sino que lo amplifica. Permite liberar tiempo operativo y concentrar energía en tareas de mayor valor agregado.
De cara a los próximos años, se percibe un cambio profundo en el perfil del talento que buscarán las empresas, especialmente en sectores técnicos. Durante mucho tiempo el foco estuvo puesto casi exclusivamente en la formación académica y el conocimiento específico. Hoy eso ya no alcanza.
Actualmente, las compañías valoran cada vez más habilidades vinculadas con la curiosidad, la adaptabilidad y la capacidad de incorporar tecnología en el trabajo cotidiano. La tendencia es que el talento que marcará la diferencia será el que logre combinar expertise técnico con mentalidad innovadora.
En un mercado en el que el conocimiento técnico tiende a comoditizarse cada vez más rápido, la verdadera ventaja competitiva estará en las organizaciones capaces de integrar experiencia, adaptación y capacidad de transformación.
(*) Directora de Recursos Humanos de Lisicki, Litvin & Abelovich
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