Rusia interfiere el GPS desde satélites: cómo funciona la amenaza que preocupa a la aviación
Un estudio de investigadores de la Universidad de Texas identificó una campaña de interferencia de señales GNSS atribuida a satélites rusos en órbita. El fenómeno se suma al aumento del jamming en Europa y reabre el debate sobre la dependencia mundial del GPS, incluida la infraestructura crítica de Argentina.

En octubre de 2024, un artículo de opinión en SpaceNews advirtió sobre un riesgo que parecía teórico: el GPS podía ser interferido desde el espacio. Poco más de un año después, el riesgo dejó de ser una hipótesis. Un año después de seguir la pista, Todd Humphreys y su estudiante Zach Clements confirmaron que la interferencia provenía del espacio y presentaron sus hallazgos en un trabajo difundido en septiembre de 2025 durante un congreso del Institute of Navigation. Según esa investigación, Rusia interfiere señales de navegación satelital desde órbita desde 2019.
De la advertencia a la prueba
La primera alerta provino de un especialista británico que pidió no ser identificado. Según relató el autor del artículo original en SpaceNews, al examinar datos de estaciones de referencia terrestres del Servicio Internacional de GNSS detectó caídas abruptas en la potencia de la señal de GPS, siempre inferiores a diez segundos, registradas simultáneamente por estaciones distribuidas en una amplia franja del norte de Europa. La información llegó a funcionarios de Estados Unidos durante varias reuniones realizadas en noviembre de 2024, incluida una con personal del Congreso.
Un equipo de la Universidad de Texas tomó el caso. En el preprint Chasing Lightning, Humphreys y Clements, junto con Argyris Kriezis, de la Universidad de Stanford, explican cómo identificaron como fuente una pequeña constelación de satélites rusos de alerta temprana en órbitas Molniya. Conviene una aclaración metodológica: la conclusión de que la fuente estaba en el espacio fue presentada en un congreso científico en septiembre de 2025; el preprint que identifica a los satélites concretos todavía no fue revisado por pares.
Humphreys sostuvo ante SpaceNews que la interferencia es deliberada y no responde a una falla de hardware ni a emisiones accidentales.
El patrón delata el origen
Las cifras sostienen esa hipótesis. Según Inside GNSS, los investigadores analizaron datos de 165 estaciones de referencia e identificaron 75 episodios simultáneos de caída de potencia, con al menos una estación que registró una disminución superior a cinco decibeles. El medio destaca que los eventos fueron transitorios, inferiores a diez segundos, y no siguieron un patrón periódico compatible con una falla técnica.
El portal Gizmodo agregó otro dato relevante. Entre enero de 2019 y abril de 2026 se detectaron 75 eventos de interferencia de gran cobertura geográfica, desde España y Polonia hasta Canadá. Las emisiones aparecieron concentradas en la frecuencia de 1.577,5 megahercios, utilizada por el GPS, y ocurrieron mayoritariamente los martes, miércoles y jueves en horario laboral, un comportamiento consistente con operaciones programadas. A partir de esos registros, el equipo calculó que la fuente debía encontrarse al menos a 1.200 kilómetros de altura.
La capa terrestre: Kaliningrado
La interferencia orbital representa una dimensión nueva del problema. La terrestre lleva varios años documentándose. Según un informe de Spire, el enclave ruso de Kaliningrado se convirtió en uno de los principales focos de jamming de GNSS en Europa. Diversos reportes vinculan esas operaciones con el sistema ruso Tobol.
La Unión Europea respondió con sanciones contra integrantes del 841º Centro de Guerra Electrónica, incluidos oficiales responsables de operaciones en Kaliningrado, por interferir y falsificar señales GNSS que afectan a la aviación civil y la navegación marítima en los países bálticos.
Los números muestran la magnitud del fenómeno. Según Euronews, Lituania registró más de 1.000 casos de interferencia en junio de 2025, veintidós veces más que un año antes. El regulador estonio informó que actualmente el 85% de los vuelos del país sufre algún tipo de interferencia. Letonia contabilizó 820 casos durante 2024.
El episodio más conocido también fue el más controvertido. A fines de agosto de 2025, el avión que transportaba a la presidenta de la Comisión Europea aterrizó en Plovdiv utilizando cartas de navegación en papel, según informó el Financial Times. Sin embargo, el primer ministro búlgaro afirmó posteriormente que no existían pruebas de una interferencia prolongada alrededor del aeropuerto, mientras que Flightradar24 sostuvo que el avión mantuvo buena calidad de señal GPS durante todo el vuelo. Bulgaria tampoco abrió una investigación oficial. El episodio muestra que la amenaza existe, pero también que la atribución de responsabilidades requiere evidencia técnica rigurosa.
El daño excede lo militar
Los sistemas GNSS no solo permiten determinar la posición de un vehículo o una persona. También proporcionan una referencia de tiempo extremadamente precisa utilizada por redes eléctricas, telecomunicaciones, sistemas financieros y numerosas infraestructuras críticas.
La degradación de esa señal puede afectar la aviación, la navegación marítima, la logística, las comunicaciones y múltiples procesos industriales que dependen de una sincronización precisa.
Como señala un trabajo académico argentino, cuando una infraestructura estratégica depende de una única fuente externa de posicionamiento y tiempo, esa dependencia se transforma en un punto de falla estructural. Rusia no creó esa vulnerabilidad. La puso en evidencia.
Tres planos de un mismo problema
Jamming. Bloquea la señal mediante ruido electromagnético. El receptor deja de recibir información válida.
Spoofing. Sustituye la señal auténtica por otra falsa. El receptor continúa funcionando, pero calcula una posición incorrecta.
Interferencia orbital. Emite desde satélites capaces de cubrir regiones muy extensas. Es la modalidad que la investigación de la Universidad de Texas documentó por primera vez.
Argentina no puede mirar de costado
Argentina depende del GPS para la agricultura de precisión, la aviación, el transporte, las telecomunicaciones y la sincronización de redes críticas. El país dispone de capacidades espaciales desarrolladas por la CONAE, INVAP y los satélites ARSAT y SAOCOM, pero la referencia de posicionamiento y tiempo continúa dependiendo de constelaciones extranjeras.
Esa dependencia también alcanza a buena parte de América Latina. Diversos estudios sobre soberanía espacial advierten que la información sobre posicionamiento y seguimiento de objetos en órbita proviene, en gran medida, de sistemas controlados por potencias extranjeras.
Hoy Argentina no cuenta con un plan nacional específico para garantizar la continuidad de los servicios de posicionamiento y tiempo ante una degradación del GNSS. Una estrategia de resiliencia debería comenzar con tres medidas: identificar qué infraestructuras críticas dependen del sistema, incorporar mecanismos redundantes de posicionamiento y sincronización, y asignar a un organismo del Estado la responsabilidad de coordinar esa capacidad.
La experiencia del Báltico muestra que la guerra electrónica dejó de ser un escenario hipotético. También demuestra que la preparación comienza antes del primer incidente.
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