La salud mental y los negocios se cruzan
Las empresas deben tener en cuenta que los factores sociales que ya venían afectando el desempeño del personal, se agravan con la pandemia y eso las afecta directamente.

La crisis que ha provocado la enfermedad Covid-19 ha obligado a organizaciones de todo el mundo a tomar decisiones que buscan proteger a sus empleados de un misterioso patógeno que se propaga con rapidez y muchas veces mata. Algunas de esas medidas exigen el uso de tapabocas, testeos, la adopción de prácticas de higiene y el tele-trabajo entre otras cosas. O sea que las empresas actuaron sobre los determinantes de salud adaptando sus políticas y sus entornos físicos. La salud mental ya era un importante determinante social antes de la pandemia. 100.000 millones de personas sufren algún tipo de desorden mental en todo el mundo, 3 millones mueren anualmente por abuso de alcohol y en el mundo se suicida una persona cada 40 segundos, según datos de la Organización Mundial de la Salud. Y sin embargo, en promedio, los países gastan 2% de su presupuesto sanitario en salud mental. En los países de ingresos medianos y bajos más de 75% de las personas con desórdenes mentales, neurológico o se abuso de drogas no recibe tratamiento. Este problema, que alguna vez estuvo en el ámbito de los gobiernos y de las organizaciones de servicios sociales, en los últimos años ha comenzado a atraer la atención de los empleadores. Según el informe 2019 de PwC las empresas tienen un rol que jugar acá, no solamente como actores individuales que se ocupan de factores sociales que afectan la salud de los empleados sino como socios que se ocupan de las necesidades de la comunidad. Y la Covid-19 intensifica la urgencia de atender esos problemas. Y eso es porque más allá del peligro que afecten directamente a su personal, la pandemia agrava muchos factores sociales que pueden dañar el bienestar de la fuerza laboral y de la comunidad. Porque la salud mental y los negocios se cruzan. Aun antes de que apareciera el coronavirus la salud mental era reconocida como un problema social con consecuencias para el mundo de los negocios. La ansiedad y la depresión de un trabajador se conecta con mayor ausentismo , con distracción, con rotación de empleados y con pobre desempeño en la labor. Según el Banco Mundial la economía global pierde US$ 1 billón (un millón de millones) al año en productividad debido a depresión y ansiedad. Dada la magnitud del impacto de la pandemia sobre la salud mental muchos empleadores se embarcan en nuevas iniciativas para fortalecer sus actuales programas. El costo de la inacción es menor productividad, más rotación de empleados y ausentismo.
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