Top 5 de los peores jefes de la historia

Ser conocido como uno de los peores jefes debe ser un puñal en el CV de un CEO. Por suerte, no clasificó ningún Argentino. 

Luego de un largo día de trabajo, quizás en un after office o compartiendo una cena, el deporte favorito de nuestros compañeros de trabajo es hablar de los jefes. Una competencia espontánea se da entre los trabajadores mientras comparten anécdotas de horas extras trabajadas y proyectos fallidos por culpa del jefe. ¿Realmente pensás que tu jefe es tan malo? Mirá esté TOP para enterarte cuáles fueron algunos de los peores jefes de la historia.

 

Jeff Skilling

Jeff fue CEO de una de las más grandes compañías de EE.UU., Enron. Trabajó en la empresa durante muchos años, pero llegó a CEO poco tiempo antes de que la empresa quebrará. ¿Coincidencia? Para nada. Skilling usó información interna y fraude empresarial para retirarse de Enron antes de su colapso, vendiendo todas sus acciones al poco tiempo de dejar la empresa. Jeff incluso movía acciones de la corporación de una empresa a otra para que ni los trabajadores ni sus compañeros supiesen de la inminente quiebra. Estó le costó el trabajo a 20.000 empleados y millones de dólares a los inversores.

En el 2006 Skilling fue encontrado culpabe de conspiración, transacciones fraudulantes dentro de la empresa, mentirle a los auditores y al fisco. Fue condenado a 24 año de prisión y a pagar 45 millones de dólares. Además, Jeff adoptó el método “revisión sistemática” que según él entendió era el más correcto luego de leer el best seller “El gen egoísta” del etólogo Richard Dawkins. El método consiste en dar un puntaje de 1 a 5 (5 es el peor) a los empleados. El truco era que siempre debía haber un 15% de evaluados que obtuvieran un 5, independientemente de su buen desempeño. Luego el jefe les daba 15 días para encontrar otro trabajo en Enron o ser despedidos.

 

Max Blanck y Thomas Harris

Los dueños de la fábrica de ropa Triangle Shirtwaist, Max y Thomas, supieron tener una política a “puertas cerradas” en su empresa. Literalmente. Los empleados, en su mayoría mujeres e inmigrantes con un horario de nueve horas diarias más siete los sábados, ganando por sus 52 horas de trabajo entre $ 7 y $ 12 por semana, tenían imposibilitada la salida de su espacio de trabajo porque se cerraban las puertas del edificio. Cuando el 25 de Marzo de 1911 el edificio la fábrica se incendió, muy pocos lograron sobrevivir al no podes escapar por la puerta principal. La muerte de éstos 146 trabajadores fue la peor tragedia de Nueva York hasta el ataque a las Torres Gemelas.

 

Alex Campbell

Alex era el dueño de un spa de 24hs. Bajó el lema de “dinero fácil y muchas promesas” conseguía chicas jóvenes para trabajar en su negocio. A las que luego obligaba a tatuarse detrás del cuello su fecha de nacimiento. ¿El motivo? Alex Campbell construyó, detrás de la fachada de su negocio, una inmensa red de tráfico de humanos y de prostitución.

 

James Dolan

Quién supó ser presidente de Madison Square Garden es un hueso duro de roer. No sólo echó a un empleado por servirle un vaso de gaseosa sin gas y otro, un guardia de seguridad, por simplemente no reconocerlo cuando lo vió; sino que se le ocurrió que sería una buena idea saludar a sus empleados, y que ellos se saluden entre ellos, con insultos. En particular, misóginos.

 

George Pullman

Fue un ingeniero e industrialista norteamericano del SXIX. Inventor del “coche cama” y uno de los cerebros detrás de los sistema sanitarios, de alcantarillas y residuales de Chicago. También fue un reconocido tirano de su propia ciudad poblada casi enteramente por sus propios trabajadores. En 1880 Pullman adquirió 16 km² cerca del Lago Calumet, unos 22 km al sur de Chicago, sobre la autopista central de Illinois, por 800.000 dólares. La idea de Pullman era construir un complejo para resolver los problemas de los trabajadores, a saber: su tiempo de ocio y la pobreza, construyó también junto a la fábrica viviendas para los operarios, zonas comerciales, iglesias, teatros, parques, un hotel y una biblioteca. La ciudad Pullman contó con 1300 edificios originales y llegó a estar valuada, en 1892, en cinco millones de dólares. Sin embargo, gobernó la ciudad como un barón feudal: prohibió los periódicos independientes, los discursos públicos, las reuniones y las discusiones abiertas. Sus inspectores regularmente ingresaban a las viviendas para inspeccionar la limpieza y se podía instar a la desocupación de la vivienda si no se cumplía con los standares de Pullman. El jefe incluso obligó a los trabajadores a ganar su salario en “dinero Pullman”, una moneda que sólo servía para comprar bienes y servicios en su ciudad. Cuando en 1894 bajó la demanda de los productos manufacturados que vendía Pullman, el jefe decidió bajar los salarios y aumentar los precios en su ciudad al tiempo que aumentaba las horas diarias de trabajo. El desenlace fue un gran paro por parte de los trabajadores que Pullman aplacó usando las tropas federales. Cuando Pullman murió en 1897 por complicaciones cardíacas, su familia decidió cubrir su tumba con concreto y acero para impedir que se profanara su cuerpo.

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