Los precios mayoristas aceleraron fuerte en abril y reabrieron dudas sobre la inflación
El índice mayorista de abril marcó 5,2%, el registro más alto del año. El petróleo y los combustibles explicaron buena parte de la aceleración y reabrieron interrogantes sobre la dinámica de costos de la economía.

La inflación mayorista volvió a acelerarse en abril y profundizó una tendencia que comenzó a consolidarse durante la segunda mitad de 2025. El índice de precios internos al por mayor (IPIM) registró una suba de 5,2% mensual, muy por encima del 2,5% registrado en marzo. La variación interanual alcanzó 30,8%, mientras que el acumulado del primer cuatrimestre llegó a 11,6%, según informó el Indec.
El contraste con el año anterior refuerza la señal de aceleración. En el primer cuatrimestre de 2025, el IPIM había acumulado 7,7%; en igual período de 2026, el avance llegó a 11,6%. La diferencia, de 3,9 puntos porcentuales, muestra que la inflación mayorista del inicio de 2026 fue alrededor de 50% superior a la registrada un año antes.
El dato confirmó un fenómeno que Revista Mercado había señalado en notas previas: el proceso de desaceleración inflacionaria se interrumpió después de mediados de 2025 y comenzó a dar lugar a una dinámica más inestable, atravesada por recomposición tarifaria, ajustes de precios relativos y tensiones sobre los costos productivos.
La aceleración mayorista no fue homogénea. El principal factor detrás del salto estuvo en energía y combustibles. Dentro de los productos nacionales, el rubro “Petróleo crudo y gas” aumentó 22,9% mensual y explicó, por sí solo, 2,09 puntos porcentuales del índice general. A eso se sumó una suba de 13,6% en “Productos refinados del petróleo”, con una incidencia adicional de 1,63 puntos.
Energía y costos
El comportamiento de los precios primarios fue el núcleo de la aceleración. Los productos primarios subieron 9,8% mensual en el IPIM y acumulan un aumento de 24,6% en apenas cuatro meses. Dentro de ese universo, petróleo y gas explican prácticamente toda la dinámica.
La magnitud del movimiento contrasta con la evolución de los bienes importados, que aumentaron 2,5% en abril. Esa diferencia vuelve a mostrar un fenómeno que comenzó a observarse desde mediados del año pasado: la inflación doméstica pasó a responder más a precios relativos internos —particularmente energía, combustibles y servicios regulados— que al traslado directo de movimientos cambiarios.
En términos interanuales, los números son todavía más significativos. El rubro “Petróleo crudo y gas” acumula una suba de 69,2% frente a abril de 2025, mientras que los productos refinados del petróleo muestran un aumento de 58,9%.
La dinámica refleja una economía en la que la estabilidad cambiaria no alcanzó para contener toda la estructura de costos. Mientras el dólar oficial mantuvo una trayectoria relativamente previsible, distintos sectores comenzaron a corregir precios rezagados y márgenes acumulados durante los meses previos.
El impacto sobre la actividad
El dato mayorista suele anticipar movimientos posteriores sobre la inflación minorista. No existe una transmisión automática, pero históricamente funciona como un indicador adelantado de costos industriales y comerciales.
En abril, además del petróleo, también crecieron por encima del promedio los productos químicos (5,1%), caucho y plástico (7,4%) y minerales no metálicos (3,1%). Estos sectores tienen fuerte presencia en cadenas industriales y construcción, dos áreas sensibles para la actividad económica.
Al mismo tiempo, algunos rubros vinculados a bienes durables comenzaron a mostrar caídas o estabilidad. Vehículos automotores descendieron 1%, máquinas y equipos retrocedieron 0,1% y aparatos eléctricos bajaron 0,8%. El contraste sugiere que el consumo masivo y la producción básica enfrentan tensiones distintas a las de sectores más vinculados al crédito o a bienes importados.
En paralelo, el índice de precios básicos del productor (IPP), que excluye impuestos y bienes importados, también subió 4,8% mensual. El dato refuerza la idea de que la aceleración no respondió únicamente a cambios tributarios ni a costos externos, sino a una presión más amplia sobre la estructura productiva local.
Señales para el segundo trimestre
El comportamiento de abril introduce una nueva señal de alerta para el escenario macroeconómico de 2026. La inflación mayorista volvió a ubicarse claramente por encima de los registros minoristas y mostró que la nominalidad sigue siendo elevada en sectores estratégicos de la economía.
La cuestión central pasa ahora por determinar si el salto responde a un ajuste puntual de energía y combustibles o si anticipa una aceleración más extendida sobre otros componentes de costos. En la experiencia argentina, los shocks energéticos suelen trasladarse parcialmente al resto de los precios con algunos meses de demora.
Por ahora, el índice mayorista dejó una señal que el mercado seguirá de cerca durante los próximos meses.
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