El trabajo que no vuelve
Nueve meses consecutivos de caída del empleo formal, 206 mil puestos privados menos que en noviembre de 2023 y un salario mínimo en su nivel real más bajo desde antes del fin de la convertibilidad. La economía crece; el empleo no acompaña.

En enero de 2026 había 6,17 millones de asalariados formales en el sector privado argentino. Es prácticamente la misma cifra de julio de 2016. Diez años después, con una pandemia y dos recesiones de por medio, el país tiene la misma cantidad de trabajadores registrados en empresas privadas que entonces. El dato lo aporta el último Informe del Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales (EDIL) del IIEP-UBA-Conicet, coordinado por Roxana Maurizio y Luis Beccaria.
El empleo asalariado formal total acumuló en enero su novena caída mensual consecutiva. El privado, la octava. Desde noviembre de 2023 se perdieron 304 mil puestos formales, 206 mil de ellos en el sector privado registrado. No es una caída de gran magnitud en términos relativos —apenas 3% del total—, pero se prolonga sin interrupción y se profundiza mes a mes.
“Hay 10 millones de asalariados registrados en enero de 2026. La misma cifra que en junio de 2022.”
La paradoja del PBI sin empleo
Lo distintivo del momento es el desacople. Desde abril de 2024 el nivel de actividad económica recuperó terreno y superó los registros de noviembre de 2023. El empleo, en cambio, hizo el camino inverso. La divergencia es más marcada en algunos sectores: la intermediación financiera creció 26% en actividad y perdió 3% de su nómina; el agro, 41% y −1%; la minería, 17% y −8%; los servicios inmobiliarios, 4% y −2%.
La industria manufacturera es el caso opuesto: cae la producción y cae el empleo en simultáneo, todos los meses, desde septiembre de 2023. Setenta y tres mil puestos manufactureros menos en poco más de dos años, de los cuales 43 mil corresponden al último año y 3.500 al último mes. El comercio acumula ocho meses consecutivos de caída tras interrumpir en junio de 2025 una tendencia creciente que arrastraba desde mediados de 2024.
La construcción recobró aire en diciembre y enero, con un alza mensual de 1,1% y 4.225 puestos nuevos. Es el dato positivo del informe. Pero el nivel sigue 19% por debajo del pico de mayo de 2023: 88 mil obreros menos en términos absolutos. El propio EDIL apunta que el empleo del sector en enero de 2026 supera únicamente a los registros de la pandemia.
Minería: lo que el modelo produce
El caso minero merece atención. Es el sector que el Gobierno exhibe como insignia del nuevo régimen extractivo, beneficiado por el RIGI y por la política exterior. Acumula, sin embargo, diecinueve meses consecutivos de destrucción de empleo, con una caída interanual de 8,6% mientras la actividad sectorial crece 17%. La explicación es conocida: la minería moderna es intensiva en capital y baja en demanda de mano de obra. El dato resulta relevante en la medida en que ese modelo —alta inversión, baja generación de empleo formal— es el que el oficialismo presenta como matriz productiva del próximo ciclo.
“La minería crece 17% en actividad y pierde 8,6% del empleo. Diecinueve meses seguidos despidiendo.”
Salarios privados, públicos y mínimo
El índice de salarios privados del INDEC viene cayendo desde septiembre de 2025 y en enero quedó 2,3% por debajo del nivel de noviembre de 2023. La remuneración promedio del SIPA, que computa además componentes pactados por afuera de paritarias, todavía se mantiene 3,5% por encima de aquel mes, aunque acumula un retroceso de 14,4% contra el máximo de mayo de 2013.
Los salarios del sector público se ubican en otro plano. Cayeron 17,9% en términos reales desde noviembre de 2023 y, comparados con el máximo de hace una década, perdieron 41%. El empleo público se redujo en 77 mil puestos en el mismo período. Es una doble contracción —menos trabajadores y peor pagos— que el oficialismo presenta como saneamiento fiscal.
El salario mínimo, vital y móvil cerró marzo de 2026 en 352.400 pesos nominales, con una caída real del 1,7% mensual. Es la novena caída consecutiva desde julio. Desde noviembre de 2023, el SMVM real perdió 39%. En términos reales, marzo de 2026 lo dejó por debajo del valor de 2001 y representa apenas un tercio del máximo histórico de septiembre de 2011.
“El salario mínimo real está debajo del valor de 2001, antes del fin de la convertibilidad.”

Distribución sectorial y geográfica
Las tres categorías de tamaño de empresa —chicas, medianas y grandes— redujeron empleo en febrero. En términos interanuales, la pérdida fue de 2,0% en grandes, 1,6% en chicas y 0,6% en medianas, con aceleración respecto del mes anterior en los dos primeros segmentos.
Catorce provincias perdieron puestos en enero; ocho ganaron. Tierra del Fuego, afectada por el desarme parcial del régimen electrónico fueguino, retrocedió 3,2% en un solo mes. La Ciudad de Buenos Aires, donde los servicios financieros y corporativos tienen mayor peso relativo, explicó por sí sola la mayor parte de la caída nacional con 4 mil puestos menos. Las provincias con mejor desempeño fueron La Rioja (+1,3%), Neuquén (+1,2%), Río Negro y Santa Cruz (+0,9%), traccionadas por hidrocarburos y obra pública provincial.
El empleo en casas particulares retrocedió 11,4% desde su máximo de 2019, equivalente a 57 mil trabajadoras menos en blanco. La Encuesta de Indicadores Laborales muestra además un dato menor pero significativo: las renuncias siguen siendo la principal causa de desvinculación —52% en febrero— pero pierden participación frente a la finalización de contratos. El porcentaje de empresas que solamente incorporaron personal cayó al 9%, su nivel más bajo del último año.
Dos preguntas que el informe no formula
El informe del EDIL describe un cuadro consistente y se abstiene, como corresponde a un trabajo académico, de extraer conclusiones políticas. Quedan abiertas, sin embargo, dos preguntas. La primera es de sostenibilidad: cuánto puede mantenerse un programa económico que produce crecimiento del PBI sin generación de empleo formal, en un país donde la cobertura previsional y la legitimidad social del oficialismo descansan, en buena medida, sobre el mercado de trabajo registrado.
La segunda es de diagnóstico. Si la divergencia entre actividad y empleo es un costo transitorio del ajuste fiscal y monetario, cabría esperar una recomposición de los puestos formales en los próximos trimestres, una vez que la inversión privada comience a traccionar contratación. Si, en cambio, la asimetría refleja el tipo de capital que el modelo atrae —intensivo en tecnología, bajo en intensidad laboral—, entonces lo que muestra el informe no es un episodio sino una característica estructural del nuevo régimen.
Los datos disponibles, por ahora, son los datos. Diez millones de asalariados registrados, los mismos que en junio de 2022. Doscientos seis mil puestos privados menos que en noviembre de 2023. Un salario mínimo real en niveles previos al fin de la convertibilidad. La discusión sobre el carácter coyuntural o estructural de esta dinámica recién comienza.
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