El IPC bajó a 2,6%, pero 2026 acumula más inflación que 2025
El dato de abril coincidió con la proyección del REM y marcó una desaceleración frente al 3,4% de marzo. Sin embargo, el primer cuatrimestre cerró con 12,3%, por encima del 11,6% registrado en igual período del año anterior.

El Índice de precios al consumidor (IPC) subió 2,6% en abril de 2026, según informó el Indec. Con ese resultado, la inflación acumuló 12,3% en los primeros cuatro meses del año y 32,4% en la comparación interanual. El dato implica una baja frente al 3,4% de marzo, pero no modifica el rasgo central que Revista Mercado viene señalando en sus notas recientes: el proceso de desinflación ingresó en una fase más lenta, atravesada por precios regulados, recomposición de tarifas y una actividad económica que no logra consolidar una recuperación homogénea.
La comparación con 2025 refuerza esa lectura. En el primer trimestre de 2025, la inflación acumulada había sido 8,5%; en el mismo período de 2026 llegó a 9,5%. En el primer cuatrimestre, la diferencia se mantuvo: 11,6% entre enero y abril de 2025 contra 12,3% en igual tramo de 2026. La desaceleración mensual de abril, por lo tanto, convive con una nominalidad acumulada más alta que la del año anterior.
Un alivio estadístico, no un cambio de régimen
La inflación mensual de 2026 comenzó por encima de la de 2025. En enero, el IPC fue 2,9%, frente al 2,2% del mismo mes del año anterior. En febrero, volvió a ubicarse en 2,9%, contra 2,4% en 2025. Marzo mostró una mejora relativa: 3,4% en 2026, frente al 3,7% de marzo de 2025. Abril repitió esa diferencia a favor del año actual, con 2,6% contra 2,8%.
La serie muestra una dinámica mixta. En términos mensuales, marzo y abril de 2026 fueron inferiores a los mismos meses de 2025. Pero el arrastre de enero y febrero dejó al primer cuatrimestre de 2026 por encima del registro comparable del año pasado. Esa diferencia es relevante porque impide presentar el dato de abril como una normalización plena.
La desaceleración de abril responde, en parte, a una base de comparación elevada. Marzo había concentrado aumentos en educación, transporte e indumentaria. En abril, el nivel general bajó a 2,6%, pero los precios regulados crecieron 4,7%, casi el doble que el índice general. La categoría incluye bienes y servicios con regulación estatal o fuerte componente impositivo, como tarifas, transporte, combustibles, comunicaciones, salud y educación.
Transporte y tarifas vuelven al centro
La división de mayor aumento en abril fue Transporte, con 4,4%, impulsada por combustibles. Le siguieron Educación, con 4,2%; Comunicación, con 4,1%; Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con 3,5%; y Prendas de vestir y calzado, con 3,2%. En el otro extremo, Alimentos y bebidas no alcohólicas subió 1,5% y Recreación y cultura avanzó 1,0%.
La composición del dato es relevante. Cuando el aumento del nivel general se explica por regulados y tarifas, la inflación puede desacelerar un mes y mantener, al mismo tiempo, un piso elevado para los meses siguientes. No se trata sólo de una cuestión monetaria. Hay corrección de precios relativos, contratos indexados, ajustes administrados y expectativas que se reordenan con rezago.
El IPC núcleo, que excluye precios regulados y estacionales y suele utilizarse como indicador de la tendencia de fondo, avanzó 2,3%. Los estacionales no registraron variación mensual: las subas vinculadas al cambio de temporada en indumentaria fueron compensadas por bajas en turismo y frutas, de acuerdo con el informe oficial.
La comparación con 2025
La diferencia acumulada surge de la composición del período. El primer bimestre de 2026 fue más alto que el de 2025: 5,9% frente a 4,7%. Luego, marzo y abril mostraron variaciones más bajas que las del año anterior, pero no alcanzaron para compensar el arranque más elevado. El resultado es un primer cuatrimestre de 12,3%, contra 11,6% en 2025.
Esa brecha de 0,7 puntos porcentuales no es amplia, pero tiene valor analítico. Muestra que la economía aún no logró consolidar un sendero de inflación inferior al del año previo. También relativiza la lectura de abril como punto de inflexión: el índice bajó en el margen, pero el acumulado sigue por encima.
La inflación que pesa sobre ingresos y actividad
El dato de abril también debe leerse junto con la evolución de los ingresos. Mercado había señalado que, en meses previos, los salarios registrados volvieron a correr detrás de los precios, pese a algunas mejoras puntuales en segmentos no registrados. En ese contexto, una inflación mensual de 2,6% sigue siendo alta para los ingresos de los hogares, sobre todo cuando se combina con ajustes en servicios, transporte y tarifas.
El informe del Indec aporta un dato adicional: los bienes subieron 2,5% en abril y los servicios, 2,6%. En la comparación interanual, sin embargo, la diferencia es mayor: los bienes acumularon 27,4% y los servicios, 43,1%. Esa brecha refleja el rezago previo de tarifas, servicios privados y precios administrados, y ayuda a explicar por qué la baja mensual del índice no elimina la presión sobre los presupuestos familiares.
También condiciona la actividad. Un índice de precios que no perfora con claridad el umbral del 2% mensual limita la recuperación del consumo, encarece la planificación de las empresas y mantiene elevada la tasa de descuento de las decisiones de inversión. La inflación menor a la de marzo mejora el cuadro de corto plazo, pero todavía no cambia la lectura de fondo.
La región también importa
Por regiones, la mayor variación mensual se registró en GBA, con 2,8%. Le siguieron Noreste, con 2,7%; Patagonia, con 2,6%; Noroeste, con 2,5%; Pampeana, con 2,4%; y Cuyo, con 2,1%. En GBA, la incidencia principal provino de Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, por aumentos en alquileres y electricidad. En Cuyo y Patagonia, Transporte fue la división de mayor incidencia.
La diferencia regional confirma que la inflación no opera como un bloque uniforme. En el Noreste y el Noroeste, Alimentos y bebidas no alcohólicas tuvo mayor incidencia relativa. En la Patagonia, los alquileres y el funcionamiento de equipos de transporte personal mostraron subas relevantes. La canasta, por lo tanto, combina una tendencia nacional con impactos territoriales distintos.
El Indec informó además que el IPC nacional se construye a partir de relevamientos en 39 aglomerados urbanos de todas las provincias y que cada mes se observan aproximadamente 320.000 precios. Esa cobertura permite comparar regiones, aunque el propio organismo advierte que algunos precios promedio no son estrictamente comparables entre zonas porque no siempre corresponden a bienes con especificaciones armonizadas.
El dilema de los próximos meses
El 2,6% de abril ofrece al Gobierno un dato menos adverso que el de marzo. Sin embargo, no alcanza para cerrar la discusión sobre la trayectoria de la inflación. La variación acumulada de 12,3% en cuatro meses ya supera el registro del mismo período de 2025, cuando el IPC acumulaba 11,6%.
El problema no está sólo en el número mensual. Está en su composición. Los regulados avanzan más que el promedio, los servicios siguen por encima de los bienes en la medición interanual y la inflación núcleo se mantiene arriba del 2%. En ese contexto, la futuro de la inflación depende menos de un dato puntual y más de la capacidad de reducir la inercia sin profundizar el deterioro de ingresos, consumo y actividad.
La próxima medición permitirá verificar si abril fue el inicio de una desaceleración o apenas una pausa después del salto de marzo. Para la economía real, la diferencia no es menor: un IPC de 2,6% puede ser una mejora estadística, pero todavía representa una inflación anualizada incompatible con una normalización rápida de precios, salarios y decisiones de inversión.
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