La industria cerró 2025 con caída en diciembre y señales de presión por atraso cambiario
El IPI manufacturero retrocedió 3,9% interanual en diciembre, con un cierre de año que combinó recesión en rubros sensibles a la demanda, inflación todavía alta y un tipo de cambio real más apreciado, que empezó a trasladarse en mayor competencia importada.

El cierre industrial de 2025 dejó una fotografía incómoda: la producción manufacturera cayó 3,9% en diciembre frente al mismo mes de 2024, mientras la serie desestacionalizada marcó una variación de -0,1% respecto de noviembre. En el acumulado anual, sin embargo, el índice mostró un alza de 1,6%, un promedio que oculta una segunda mitad del año más frágil y heterogénea.
Diciembre: retroceso interanual y estancamiento en el margen
El informe del Indec ubica el nivel general del IPI en 112,2 puntos (base 2004=100) y señala un movimiento prácticamente nulo en la tendencia-ciclo mensual, un dato que suele leerse como estabilización estadística, pero no como recuperación.
El mapa sectorial también es elocuente: diez de dieciséis divisiones presentaron caídas interanuales, con impacto concentrado en automotores, textil-indumentaria y bienes durables. En términos de incidencia sobre el índice general, los mayores aportes negativos provinieron de “Vehículos automotores, carrocerías, remolques y autopartes” (-21,6%), “Prendas de vestir, cuero y calzado” (-16,7%) y “Maquinaria y equipo” (-14,8%).
Recesión: el costo visible en durables y cadenas largas
En diciembre, la división automotriz exhibió una contracción interanual de 21,6%, con caída de 28,8% en fabricación de vehículos. El Indec consigna, además, menores exportaciones y bajas en envíos a Brasil, el principal destino. En el mercado interno, también se observó retroceso en ventas a concesionarios de unidades nacionales.
El tramo de bienes durables profundizó la debilidad. “Aparatos de uso doméstico” dentro de maquinaria y equipo registró una baja interanual de 43,0%, asociada a menor producción de heladeras, freezers y lavarropas, junto con una mayor competencia de importados, según el relevamiento de fuentes sectoriales que incorpora el informe.
En textiles e indumentaria, el índice mostró caídas interanuales de 25,7% en “Productos textiles” y de 16,7% en “Prendas de vestir, cuero y calzado”. El propio informe señala menor demanda interna y un escenario de competencia importada más intensa, una combinación típica de recesión con precios relativos que dejan menos margen a la producción local.
Inflación y atraso cambiario: cuando los precios corren más rápido que el dólar
La lectura macro suma una capa adicional. La inflación de diciembre, aun con señales de desaceleración en algunos componentes, siguió operando como un impuesto sobre el ingreso real y como un factor de inercia sobre costos. En paralelo, el atraso cambiario —la apreciación del tipo de cambio real cuando el dólar oficial se mueve por debajo de la inflación— tiende a abaratar importaciones y a encarecer producción local medida en dólares, en especial en rubros transables y cadenas con alto contenido de insumos importados.
Ese canal aparece, de modo explícito, en varios párrafos del informe. Indumentaria y calzado describen “mayor competencia de productos importados”. En electrodomésticos se menciona una dinámica similar, con menor despacho de fabricación nacional y mayor competencia externa. En neumáticos, la caída de producción fue de 57,3% interanual y el reporte agrega un dato que funciona como síntoma: las importaciones de neumáticos nuevos medidas en toneladas aumentaron alrededor de 70% en el acumulado de 2025 respecto de 2024.
En un contexto recesivo, ese mecanismo suele tener un efecto doble: por un lado, presiona sobre volúmenes industriales; por el otro, opera como ancla parcial de precios en ciertos bienes, sin resolver el problema de fondo de la inflación, que se sostiene en la dinámica macro y en la recomposición de márgenes y tarifas.
Ganadores parciales: energía, metálicas y alimentos
No todo fue caída. “Industrias metálicas básicas” creció 7,4% interanual, con la siderurgia subiendo 20,9%. También mostraron mejoras “Madera, papel, edición e impresión” (4,6%), “Refinación del petróleo” (4,0%), “Sustancias y productos químicos” (1,0%) y “Alimentos y bebidas” (0,8%).
El patrón sugiere que la actividad vinculada a energía, algunos insumos difundidos y segmentos de alimentos logró sostenerse mejor que los rubros de consumo durable, más expuestos al ciclo del ingreso y a la competencia externa cuando el tipo de cambio real se aprecia.
La industria entró en 2026 con un punto de partida definido por tres fuerzas simultáneas: demanda deprimida, inflación que todavía condiciona decisiones y un frente cambiario que, si no recompone competitividad, tiende a reforzar la presión sobre los sectores más sensibles a importaciones y a la producción local de bienes transables.
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