¿Qué tienen en común la Selección Argentina y una empresa preparada para trascender?
El consultor Gustavo Schutt propone tomar al equipo nacional como espejo para evaluar continuidad, reemplazos y liderazgo en organizaciones que buscan sostenerse más allá del fundador, con una pregunta guía sobre el impacto de la ausencia de personas clave y su efecto en el valor y la transferibilidad del negocio

Por Gutavo Schutt (*)
Cada vez que veo jugar a la Selección Argentina, además de disfrutar del fútbol, no puedo evitar pensar en las empresas con las que trabajo todos los días. A primera vista parecería que no tienen nada en común. Sin embargo, cuando uno observa más allá del resultado del partido, aparecen algunas similitudes muy interesantes.
La primera es que ningún equipo puede depender de una sola persona. Durante muchos años, la Selección fue vista como “el equipo de Messi”. Y aunque Lionel Messi sigue siendo una pieza extraordinaria, hoy vemos algo diferente. Vemos un equipo.
Un equipo donde aparecen nombres como Emiliano Martínez, Cristian Romero, Rodrigo De Paul, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Julián Álvarez o Lautaro Martínez, entre muchos otros. Y donde, aun cuando alguno de ellos falte, sigue funcionando.
En las empresas ocurre exactamente lo mismo. Cuando realizamos una evaluación de preparación para una transición, una de las preguntas más importantes es: ¿qué pasaría si mañana faltara alguna de las personas más importantes de la organización? ¿Qué pasaría si el dueño no pudiera trabajar durante seis meses? ¿Qué pasaría si se fuera el gerente comercial? ¿O el responsable de producción? ¿O la persona que tiene la relación con los principales clientes?
En demasiadas compañías la respuesta es preocupante: el negocio sufriría seriamente. Eso significa que la empresa todavía depende demasiado de determinadas personas, y cuanto más así es, menos transferible y menos valiosa suele ser.
La segunda enseñanza tiene que ver con los reemplazos. Cuando se retiró Ángel Di María, muchos se preguntaron quién ocuparía su lugar. La pregunta no era solamente quién jugaría en su posición, sino quién podría aportar valor de una manera diferente para que el equipo siguiera siendo competitivo.
Las compañías enfrentan exactamente el mismo desafío. Muchas veces los dueños me dicen “no encuentro a alguien igual a mí”. Probablemente tengan razón porque el objetivo no es encontrar una copia, es construir una organización capaz de funcionar sin depender de una única persona.
Las empresas trascendentes no buscan clones. Desarrollan talento, procesos y liderazgo para que el conocimiento quede dentro de la organización y no solamente en la cabeza de su fundador.
Intento transmitir a los dueños que seleccionen a las personas y armen sus equipos con gente que tal vez sean superiores a ellos mismos y que los desafíen, que aporten miradas profesionales diferentes y que tengan sana ambición. En mi opinión, eso empuja hacia arriba, y nos hace mejores a nosotros y a nuestras empresas.
La tercera enseñanza es el rol del director técnico. Muchos empresarios se sienten identificados con el capitán del equipo. Yo suelo pensar que, a medida que una compañía crece, el rol más importante se parece cada vez más al del entrenador. Un gran director técnico no puede controlar cada jugada, no sabe exactamente qué va a ocurrir en el minuto 73 y no puede anticipar cada imprevisto. Pero sí puede construir una cultura, definir una estrategia, seleccionar a las personas adecuadas y lograr que el equipo responda cuando aparecen situaciones inesperadas. Eso es liderazgo, y también es lo que esperamos de un buen CEO.
Hoy los mercados cambian rápidamente. Aparecen nuevas tecnologías, competidores inesperados, cambios regulatorios y transformaciones en los hábitos de los consumidores. La capacidad de adaptación se volvió tan importante como la planificación.
Tal vez una de las mayores virtudes de la Selección actual sea justamente esa: puede jugar distintos partidos de distintas maneras. Puede dominar, sufrir, defender, atacar, adaptarse, “perder” o “ganar” y aprender. Las mejores empresas hacen exactamente lo mismo.
Finalmente, hay una última reflexión. Los campeonatos no se ganan solamente por el talento de los jugadores que están hoy en la cancha, también se ganan porque alguien pensó en el futuro, desarrolló juveniles, preparó reemplazos, construyó una estructura capaz de sostenerse en el tiempo.
Las empresas no son muy diferentes. La pregunta más importante no es qué tan bien funciona tu negocio hoy. La verdadera pregunta es: ¿Qué tan bien funcionaría si mañana vos no estuvieras?
Porque una empresa verdaderamente valiosa no es la que depende de su dueño. Es la que está preparada para trascenderlo.
(*) CEPA, consultor especializado en Exit Planning y en aumentar el valor de las empresas. Autor de “La reinvención del dueño”.
- Etiquetas
- Gustavo Schutt
Artículos relacionados

El hombre del billón y la pregunta más incómoda: ¿cuánto de la fortuna imposible de Elon Musk salió del bolsillo de los contribuyentes?
POr Norberto Luongo para Revista Mercado

La oftalmología argentina al límite: cuando el sistema ya no puede más
Aranceles congelados, inflación galopante y silencio oficial: los prestadores de salud visual enfrentan una tormenta perfecta que amenaza con dejar a millones de argentinos sin atención oftalmológica.

Empresas sin humanos: ¿revolución productiva o humo?
Por Matías Armani, fundador de devFactory

