La fantasía del cuento de hadas

Como en un cuento de hadas, esta boda lo tiene todo: amor, pompa, y palacios. Cuando Kate Middleton y el príncipe William pronunciaban sus votos la Abadía de Westminster, bajo la mirada de lores y ladies, aclamados por la muchedumbre en las calles, se tuvo la prueba de que los cuentos de hadas existen.

29 abril, 2011

<p>Medir la movilidad social es una operación delicada. Los economistas tienden a medirla por ingreso: ¿la generación que sigue está mejor en términos reales de lo que estuvieron sus padres? Los sociólogos tienden a usar medidas ocupacionales. Gran parte del público en el Reino Unido mira el tema a través del prisma de la clase social, con todas las diferentes interpretaciones que eso permite. <br />
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Si bien todos parecen estar a favor de la movilidad social, eso es con la condición de que vaya en una sola dirección: hacia arriba. Una verdadera sociedad móvil verá también caer a mucha gente por la ladera. Por cierto, según un académico escocés que trabaja en Estados Unidos, al menos Inglaterra, a lo largo de los años, es una verdadera sociedad móvil. <br />
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Usando datos registrados en el <em>Domesday Book </em>de 1086 hasta el presente, Gregory Clark de la universidad de California, encontró que la distribución de apellidos ligados a trabajos humildes – Smith (herrero) y Shepherd (pastor) – y los ligados a “caballeros” medievales convergen en el largo plazo. El problema es que el plazo es bastante largo, entre 150 y 250 años. </p>
<p>Más recientemente, creció la percepción de que la movilidad social en Gran Bretaña se estancó, o incluso empeoró. Alan Milburn, ex ministro de Tony Blair teme que puede ser más difícil para los niños de hoy lograr lo que él logró: crecer en un barrio comunal y terminar en el gabinete del Primer Ministro. ¿Será posible? Sólo posible, pero más difícil”. <br />
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Esta angustia está basada en las mejores mediciones que tiene Gran Bretaña: estudios sobre desarrollo de la infancia que siguen a un grupo de niños desde el nacimiento hasta bien entrada la adultez. Ellas muestran que para la generación de la posguerra, la movilidad social mejoró notablemente. Para los que nacieron en los 70 – personas que ahora están llegando a sus 40 años — parece que se estancó y hasta empeoró. <br />
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La diferencia entre las generaciones de los 50 y los 70 se pueden explicar parcialmente porque había “<em>Room at the Top</em>” (Lugar en la cima), como lo pintó John Brain en una novela de ese nombre que captaba las ambiciones sociales de una época. De los 50 a los 70, ayudados por el aumento de la edad en que los jóvenes terminaban de estudiar, vio una marcada expansión de trabajos de cuello blanco, como abogados, enfermeras y maestros, más el crecimiento de la gerencia media y la función pública, creando lugares para que la gente suba en la escala social.<br />
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<p>En la práctica, claro, Kate Middleton no es cenicienta. Los antecedentes de su padre son de sólida clase media (su padre fue piloto de la royal Air Force, de una familia de abogados y comerciantes de Leeds). <br />Party Pieces, el negocio de entretenimientos para niños fundado por él y su mujer, enriqueció a los Middleton, permitiéndoles comprar una imponente casa en el acomodado condado de Berkshire además de una propiedad en Chelsea, donde viven banqueros estadounidenses y base en Londres para la aristocracia terrateniente en decadencia.<br /><br />Ella y sus hermanos fue alumna de Marlborough, una de las mejores escuelas privadas donde fue la princesa Eugenie de York, prima de William. Luego fue a la Universidad de St Andrews en Escoci – famosa por ser la cuna del golf. </p><p>La reputación de la universidad es más fuerte en la selección social que en la académica; Su director se jactó durante la ceremonia de graduación de Kate y de William de ser “la más prestigiosa universidad casamentera de Gran Bretaña”. “Aceptémoslo”, dice el profesor Reay. “El príncipe no se estaría casando con una chica proveniente de una escuela estatal no selectiva”. <br /><br />Pero si bien esto no es un cuento tipo “de la casita de madera hasta la Casa Blanca”, ¿nos dice algo la llegada de Middleton sobre la movilidad social británica? ¿Y podría repetirse su historia en lo que ya se está convirtiendo en “la Gran Bretaña de la austeridad? <br /><br /> </p>

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No s&oacute;lo la novia real, cuyo apodo en la facultad era &ldquo;futura princesa&rdquo; por su relaci&oacute;n con el pr&iacute;ncipe. Sino para todos los que ven la uni&oacute;n entre un real y una plebeya, descendiente de un minero en el noreste de Inglaterra, como un s&iacute;mbolo glorioso de movilidad social, testimonio de que el ascenso de la mina al castillo no es ning&uacute;n mito. Hasta el apellido de la novia, Middleton &ndash; deriva de <em>Middle Town</em>, o ciudad del medio &ndash; parece reforzar su ascendencia no aristocr&aacute;tica. <br />
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&ldquo;La boda real es una poderosa y contagiosa fantas&iacute;a,&rdquo; dice Diane Reay, profesora de educaci&oacute;n en la Universidad de Cambridge, –ella misma hija de un minero– quien confiesa hojear las p&aacute;ginas de la revista Hello! para ver fotos de la pareja. Representa &ldquo;la idea de que cualquiera puede convertirse en princesa &ndash; que, como Cenicienta, todos podemos subir en la escala social y la escalera econ&oacute;mica&rdquo;. <br />
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Los padres de Kate se conocieron mientras trabajaban para <em>British Airways </em>&ndash; el padre Michael como despachante de aduana y su madre Carole como azafata. El bisabuelo de Carole era minero en Durham, y trabajaba en una mina perteneciente a Bowes-Lyons, la familia de la difunta Reina Madre. Su padre hab&iacute;a trabajado tambi&eacute;n en la mina, como as&iacute; tambi&eacute;n el padre de su padre. <br />
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Esta narrativa &quot;socav&oacute;n-a palacio&quot; &ndash; aun cuando haya tomado cuatro generaciones &ndash; ha renovado el inc&oacute;modo tema de las clases sociales, una eterna obsesi&oacute;n brit&aacute;nica. <br />
&ldquo;La distinci&oacute;n de clase&rdquo;, escribi&oacute; John Betjeman, quien asisti&oacute; a la misma universidad de Middleton y luego se convirti&oacute; en famoso poeta, es una parte de esta naci&oacute;n tanto como &ldquo;sus caminos rurales, la democracia y las cloacas&rdquo;. <br />
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La transformaci&oacute;n de plebeya en real tambi&eacute;n toca el actual debate pol&iacute;tico sobre movilidad social &ndash;&nbsp;o m&aacute;s bien, su ausencia. David Cameron, el primer ministro conservador, ha prometido &ldquo;hacer m&aacute;s para ayudar a la gente a transitar desde lo m&aacute;s abajo hasta lo m&aacute;s arriba&rdquo;. Nick Clegg, diputado por la coalici&oacute;n democr&aacute;tica liberal, acus&oacute; este mes a los &ldquo;padres de los clubes de tenis&rdquo; de impedir la movilidad social, para luego ser&nbsp;vilipendiado cuando se descubri&oacute; que su propia carrera en sus inicios hab&iacute;a sido ayudada por conexiones familiares. <br />
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