El inglés puede aportar hasta 30% más de salario en economía del conocimiento
En un mercado laboral más global y digital, el idioma pasó de diferencial a condición de acceso en tecnología, servicios profesionales y economía del conocimiento, con brechas salariales de hasta 30% según sector y rol y un impacto directo en la posibilidad de participar en equipos distribuidos y proyectos internacionales

El dominio del inglés puede asociarse a salarios hasta 30% más altos, con diferencias que varían según el sector y el tipo de rol. En un contexto de trabajo cada vez más global y digital, el idioma dejó de funcionar como un valor agregado para consolidarse como una condición de acceso a mejores oportunidades, en especial en tecnología, servicios profesionales y economía del conocimiento.
El cambio se vincula con transformaciones estructurales en la organización del empleo. La expansión del trabajo remoto y la globalización de equipos impulsaron dinámicas donde la comunicación cotidiana ocurre entre personas ubicadas en distintos países. En esa lógica, el inglés se vuelve una herramienta operativa para interactuar en entornos globales y participar en equipos distribuidos.
En industrias basadas en el conocimiento, el idioma aparece como puerta de entrada a mercados más competitivos. La falta de manejo de inglés no solo restringe el crecimiento profesional: en muchos casos, lo bloquea. La demanda se concentra en perfiles capaces de acceder a información en tiempo real y sostener intercambios fluidos con interlocutores de distintos mercados.
El avance de la inteligencia artificial también acelera esta tendencia. El trabajo se vuelve más colaborativo entre humanos y tecnología, y requiere habilidades que combinan conocimiento técnico, capacidad de análisis y comunicación. Parte de esa interacción ocurre en inglés, tanto por el idioma predominante en herramientas como por la disponibilidad de contenidos y plataformas.
Pearson, empresa global especializada en educación y aprendizaje, plantea que el desafío excede la adopción de nuevas herramientas y se enfoca en el desarrollo de capacidades para utilizarlas con criterio. “El riesgo no es solo el uso de nuevas tecnologías, sino que las personas no desarrollen las habilidades necesarias para trabajar con ellas de forma efectiva”, señalan desde la compañía.
En este marco, el inglés funciona como habilitador para acceder a capacitación, certificaciones y contenidos que muchas veces no están disponibles en otros idiomas, además de facilitar la participación en redes profesionales y proyectos internacionales. En paralelo, se integra a un conjunto más amplio de competencias consideradas centrales: pensamiento crítico, adaptabilidad, aprendizaje continuo y capacidad de resolver problemas en entornos cambiantes.
“Las herramientas de inteligencia artificial ya son una realidad, y la clave es aprender a utilizarlas de manera efectiva y responsable”, dijo Patricia Almendro, gerente de Consultoría Académica de Pearson.
El impacto ya se refleja en las trayectorias profesionales: quienes dominan el inglés acceden a mejores salarios y también a oportunidades de crecimiento, movilidad y especialización en mercados más dinámicos. En un mapa laboral con fronteras cada vez más difusas, el idioma se posiciona como una herramienta concreta de desarrollo, sin garantizar resultados, pero ampliando el acceso a oportunidades que no siempre son locales.
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