La gestión de consorcios, barrios cerrados y urbanizaciones se apoyó durante años en dinámicas manuales que hoy muestran límites operativos y de convivencia. La persistencia de circuitos basados en papel, planillas y procesos extensos suele traducirse en menor claridad para los vecinos y en tensiones ante decisiones que involucran gastos comunes y espacios compartidos.
En ese marco, Martin Eliçagaray, especialista en Tecnología aplicada a la Propiedad Horizontal y founder de Simple Solutions, plantea que el modelo de administración de la vida comunitaria no evolucionó al ritmo de las necesidades de sus habitantes. En numerosos edificios todavía se distribuyen avisos “puerta a puerta”, se firman planillas a mano y se realiza una asamblea anual que “pocos entienden y menos aún disfrutan”. La consecuencia no se limita a la eficiencia: también impacta en el clima cotidiano entre vecinos.
La administración consorcial fue descripta como una actividad artesanal, con papeles, planillas de Excel y procedimientos largos y poco claros. Ese esquema, en la práctica, amplifica el malestar cuando la información no circula de manera ordenada. Una expensa mal explicada o una decisión inconsulta sobre un gasto común puede convertirse en un punto de conflicto dentro de la comunidad.
La incorporación de herramientas digitales aparece como una vía para reorganizar esos procesos. “La digitalización permite transparencia, trazabilidad, agilidad y control;”, dijo Eliçagaray. En términos de gestión, la trazabilidad permite reconstruir qué se hizo, cuándo y por quién, mientras que la transparencia busca reducir zonas grises en la administración de recursos que pertenecen al conjunto de propietarios.
El enfoque no propone recortar responsabilidades, sino redefinir cómo se ejecutan. “Simplificar no es “hacer menos”, sino “hacer mejor”.”, dijo Eliçagaray. Entre los ejemplos mencionados figuran la automatización de procesos, la habilitación de pagos online, el envío de notificaciones móviles, la agenda de reuniones virtuales y el control de accesos mediante un código QR.
La adopción de tecnología, sin embargo, no se presenta como un cambio exclusivamente instrumental. “Pero este cambio no depende solo de la tecnología. Requiere una transformación cultural.”, dijo Eliçagaray. En esa transición conviven administradores que sostienen prácticas tradicionales y asocian el cambio con pérdida de control, junto con vecinos que desconfían de lo nuevo por temor a no comprenderlo.
El desafío, entonces, combina el desarrollo de soluciones fáciles de usar con acompañamiento en la implementación, a través de capacitación, escucha y paciencia, con el objetivo de que los mecanismos de gestión sean más simples y transparentes y contribuyan a fortalecer la confianza en lo colectivo.











