Por Daniel Ottone (*)
La digitalización dejó de ser una opción y se convirtió en una condición para competir. Sin embargo, en Argentina el avance tecnológico no siempre está acompañado por estructuras de protección equivalentes.
Hoy, menos del 15% de las empresas cuenta con soluciones robustas de ciberseguridad, el resto navega si chaleco en medio de una tormenta digital.
El dato adquiere otra dimensión cuando se observa el tamaño del mercado: según cifras oficiales de ARCA (ex AFIP), existen más de 220.000 CUITs activos correspondientes a empresas en el país. Ese universo constituye el núcleo productivo argentino y, al mismo tiempo, un enorme mapa de oportunidad para quienes entiendan que la conectividad ya no es suficiente.
Una transformación más rápida que la protección
La tendencia tiene correlato regional, aunque en Argentina adquiere una urgencia particular. De acuerdo con un relevamiento de Kaspersky (2023), el 57% de las empresas en América Latina reportó un incremento en ciberataques durante el último año y el 43% sufrió intentos de phishing.
En paralelo, un informe de Telecom Review Americas señala que el 90% de las empresas latinoamericanas considera prioritaria la digitalización y más del 95% proyecta aumentar su inversión tecnológica.
El contraste es evidente: la incorporación de herramientas digitales avanza con rapidez, mientras la inversión en defensa informática no crece al mismo ritmo.
El resultado puede sintetizarse en una idea incómoda pero necesaria: ciberataques y desafíos estructurales -por qué las empresas están perdiendo la carrera contra el riesgo tecnológico-.
Empresas vs corporativo: una brecha silenciosa
En el segmento corporativo de gran escala, la gestión del riesgo digital forma parte estructural del presupuesto anual. En cambio, en el universo de empresas —que no se identifican con la etiqueta “pyme” pero tampoco cuentan con la estructura de los grandes conglomerados— la estrategia tecnológica suele concentrarse en infraestructura básica.
Ese enfoque fue suficiente en una etapa anterior, hoy puede convertirse en un punto ciego estratégico.
La información es el activo más crítico de cualquier organización: bases de clientes, transacciones, operaciones y procesos productivos dependen de sistemas interconectados. Cuando esos sistemas no están protegidos bajo una arquitectura integral, el crecimiento puede transformarse en vulnerabilidad.
Del proveedor técnico al socio estratégico
El escenario actual redefine el rol de quienes operan en el mercado TIC argentino. La conversación ya no gira exclusivamente en torno a ancho de banda o disponibilidad de red. El diferencial se desplaza hacia la capacidad de leer el negocio, anticipar riesgos y construir estrategias tecnológicas con visión de largo plazo.
En un contexto económico desafiante, cualquier interrupción digital impacta directamente en la competitividad. La resiliencia tecnológica deja de ser un atributo técnico para convertirse en un factor de supervivencia empresarial.
En un país con más de 220.000 empresas activas y con niveles de protección todavía bajos, la oportunidad es clara.
La pregunta no es si la transformación digital continuará —eso parece irreversible—, sino quienes están preparados para acompañar a las empresas en una transición que exige más que servicio: requiere criterio, visión y compromiso con el negocio.
(*) Lider Región Empresas B2B de Metrotel












