CEOs toman la decisión sobre IA, pero la adopción sigue incipiente en Argentina
Con presupuestos que se proyectan al alza en 2026, la presión por incorporar inteligencia artificial atraviesa industrias y obliga a definir objetivos de negocio, en un escenario donde el 78% de las empresas locales no cuenta con talento con experiencia en la tecnología y más de dos tercios nunca la implementó o abandonó proyectos

La inteligencia artificial (IA) dejó de ser un tema circunscripto a sistemas y pasó a ocupar un lugar central en la agenda corporativa. Un relevamiento global de Boston Consulting Group ubicó a los máximos ejecutivos en el centro de la toma de decisiones: casi tres de cada cuatro CEOs se consideran el principal decisor en materia de IA dentro de sus compañías, el doble que hace un año. En paralelo, la mitad cree que su puesto podría estar en riesgo si las inversiones en esta tecnología no generan retorno.
En ese contexto, el debate se corre del “si” al “para qué”. Con empresas que proyectan duplicar el presupuesto destinado a IA en 2026, el riesgo identificado es invertir sin un objetivo claro, sumar herramientas sin rumbo y terminar pagando por experimentos que no impactan el negocio. La presión por “hacer algo con IA” se volvió transversal a todas las industrias, también en el Cono Sur, pero la adopción todavía aparece en una fase incipiente.
Juan Ignacio Fernandes, Technology Practices Director para Argentina, Paraguay y Uruguay en Logicalis, planteó que el principal peligro no es quedar afuera de la ola, sino avanzar sin dirección. “Una de las primeras conversaciones que tenemos con muchos de nuestros clientes es para controlar la ansiedad, ya que no se trata de implementar IA simplemente por hacerlo”, dijo Fernandes, Technology Practices Director para Argentina, Paraguay y Uruguay en Logicalis.
Desde su experiencia regional, el directivo describió un patrón que se repite más allá del sector: los problemas a resolver suelen concentrarse en cinco frentes —ingresos, eficiencia, riesgos, uso de activos y experiencia del cliente— y la tecnología solo aporta valor si se orienta a alguno de esos ejes. En esa línea, planteó una pregunta operativa para ordenar la conversación desde el inicio: “Cuando nos hablan de inteligencia artificial, lo primero que preguntamos es: ‘¿cuál es el objetivo o problema que esperan resolver?”, dijo Fernandes, Technology Practices Director para Argentina, Paraguay y Uruguay en Logicalis.
El desafío se amplifica en la Argentina por limitaciones de capacidades internas. De acuerdo con Bain & Company, el 78% de las empresas del país todavía no cuenta con personal con experiencia en inteligencia artificial o con los recursos internos necesarios para desarrollar este tipo de proyectos. El mismo relevamiento indicó que el 44% de las compañías destina menos de 1% de su presupuesto a analítica e inteligencia artificial, y que el 67% tiene hasta un 20% de sus iniciativas escaladas y adoptadas.
A la falta de talento se suma un problema de definición y de integración tecnológica. Fernandes señaló que muchas soluciones etiquetadas como IA son, en realidad, automatización avanzada o machine learning aplicado. El Monitor Nacional de Inteligencia Artificial 2025 cuantificó ese freno: más de dos tercios de los encuestados declaró que su organización nunca intentó implementar IA o que abandonó proyectos antes de consolidarlos, y la razón más mencionada en experiencias fallidas fue la mala integración con los sistemas existentes.
En ese marco, el foco se desplaza hacia la gestión del cambio y la capacitación. “Para mí, la primera inversión es en la gente”, dijo Fernandes, Technology Practices Director para Argentina, Paraguay y Uruguay en Logicalis. El dato dialoga con el clima laboral: el informe PwC Hopes & Fears 2025 mostró que el 62% de los empleados argentinos teme perder su trabajo en el corto plazo por el avance de la inteligencia artificial. Sin embargo, entre quienes la usan de manera cotidiana, el 71% reportó mejoras en productividad y el 54% aseguró sentirse más seguro laboralmente.

